Blogia
EL ESCONDITE DE IVÁN

ROCKY (La saga)

ROCKY (La saga)


Antes de nada, me disculpo por lo extenso de esta crítica y recomiendo a quien aún no haya visto alguna de las películas, incluidas la última, que no continue leyendo, porque desvelo la trama de gran parte de la saga.
Esta es una de las sagas más exitosas y más famosas de la historia del cine, con todos mis respetos a Bond, James Bond, quien si el destino no lo remedia pronto, algún día me regalará un record Guinnes por conseguir ser el único occidental que aún no ha visto ninguno de sus numerosos títulos. Todos mis respetos desde aquí a sus seguidores, también a Sean Connery y al resto, pero lo mío ya es algo así como una paradoja del azar, una avalancha extraña de circunstancias y, últimamente, reconozco que también existe algo de orgullo personal ante un indudable sabor a arroz quemado. He llegado muy tarde y las increíbles piruetas del afamado gentleman ingles no consiguen captar realmente mi interés.
La saga de Rocky abarca tres décadas desde la primera película hasta la última y más reciente entrega. Permítanme que comience por el principio:

En 1976, un desconocido actor, Sylvester Stallone, escribió un guión llamado Paradise Alley (La calle del paraíso), inspirado en un combate entre Muhammad Ali y Chuck Wepner. El guión cayó en las manos de los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff quienes, en un principio, se mostraron contrarios al empeño y la voluntad de Stallone de encarnar al boxeador protagonista. Pero este fue realmente el primer combate ganado por Stallone, quien consiguió el papel y la producción de su sueño cinematográfico. Y aunque en la película pierde a los puntos contra el poderoso Apollo Creed, este ganó, sin embargo, por K.O y en el primer asalto, contra Scorsese, quien vio como Rocky se llevaba ese año el Oscar a la mejor película por encima de su magnífica “Taxi Driver”. Stallone se guardó el título de su guión y lo reservó para otra película que el mismo rodó e interpretó dos años más tarde y que, en nuestro país, se dio a conocer como “La cocina del infierno”. El guión y la película sobre el boxeador de Philadelphia pasaron a llamarse “Rocky”.
La película de Stallone fue rodada en menos de un mes y con un presupuesto modesto de poco más de 1 millón de dólares y recaudó más de 115 millones tan solo en los Estados Unidos. Público y crítica, aturdidos por el júbilo, se aunaron a su favor y la cinta se hizo, además, con otros dos Oscars, el de mejor montaje y el de mejor director, de un total de 10 nominaciones y tras haber recibido otras 6 nominaciones y el Golden Globe también a la mejor película.
Si me preguntan a mí, les diría que “Rocky” es un estupendo drama, muy bien construido, lleno de corazón y de épica y que narra, a la perfección, una historia sobre la superación personal y la búsqueda de uno mismo. Es la historia de un boxeador italo-americano de talento, pero sin fe ni oportunidades, Rocky Balboa, quien vive y se gana la vida en un barrio bajo y deprimido de Philadelphia. Trabaja como pluriempleado, boxeando por cuatro perras y amenazando a morosos como ayudante de un matón de poca monta. Está enamorado de Adrian, hermana de su amigo Poli. Adrian es una mujer muy tímida que trabaja en una pequeña tienda de animales con quien, Rocky, intentará establecer una relación amorosa. Gracias al destino, a la suerte y en parte a su llamativo apodo, “El potro italiano” se le brinda, de la noche a la mañana, la oportunidad de su vida. Podrá enfrentarse al actual campeón de los pesos pesados y soñar con el título.
“Rocky” narra una historia honesta, universal, de esas que los americanos, en su nacional egocentrismo y adueñándose descaradamente del término, denominan como “El sueño americano”.
Lo cierto es que Rocky es una buena película, pero también es una película bastante sobrevalorada, y lo demuestra el mismo Stallone con la secuela Rocky II, donde consigue romper el mito de “La segundas partes nunca fueron buenas” calcando la estructura y la formula mágica de la primera parte con admirable respeto e inteligencia. Mimando el desarrollo de los personajes y su mundo y llegando, incluso, algo más allá en cada una de las virtudes de su predecesora. Esta segunda parte supera o, como mínimo, consigue alcanzar la calidad cinematográfica de la primera pero, sin embargo, esta vez no consiguió todo el favor de la crítica. El público, sin embargo, la recibió con bastante entusiasmo y recaudó 85 millones de dólares en los Estados Unidos. Yo opino que, ni la primera era tan buena, ni la segunda era tan mala. Pienso que ambas alcanzan un nivel muy notable y que, realmente, además de repetir en las labores de guionista, sorprende muy positivamente el trabajo del propio Stallone en la dirección, ya que lo cierto es que, durante los 119 minutos que dura esta secuela, nunca llegamos a echar de menos al director de la primera parte, John G. Avildsen.
Avildsen es un director irregular, para muchos mediocre, que en la actualidad está prácticamente retirado, pero que, sin embargo, ha conseguido reunir dos títulos que han cambiado la vida de millones de espectadores de distintas generaciones: “Rocky” y “Karate Kid”. Con ambas, no solo ha conseguido llenar las salas de cine, sino que ha conseguido motivar y volver a llenar de vida los gimnasios deportivos de medio mundo. Debo de reconocer que hasta yo mismo llegué a cinturón verde de karate (¿o era azul? Buff, ni lo recuerdo ya) gracias a ese hombre.
Volviendo a Rocky, no podemos obviar a uno de los pilares fuertes y a uno de los culpables del éxito de la cinta y de que esta, treinta años más tarde, sea considerada como un clásico o como película de culto, la magistral banda sonora de Bill Conti. El tema principal, la canción “Gonna Fly Now” es un icono cultural unido de por vida a la figura del mito “Rocky”. Conti realizó las bandas sonoras de toda la saga exceptuando la de la cuarta entrega, que por otro lado, y bajo mi opinión, era una de las mejores, influenciada sin duda por los gustos musicales y los ritmos de la década de los 80, y que exaltaban y complementaban la épica y toda la trepidante acción de aquella secuela.

En Rocky II, película que llegó tres años más tarde, ya en el 79 y con un Stallone, al igual que su personaje, encumbrado en el éxito y la fama, se justifica eficazmente los conflictos de la trama. La cinta comienza donde acaba la primera parte y podemos ver a un Apollo Creed insatisfecho con su revalidación del título mundial (por los puntos y por los pelos) ante, el hasta entonces, completo desconocido “Potro Italiano”. Interiormente, Apollo sabe que es muy posible que haya alguien mejor, un verdadero campeón, y la sombra y la creciente fama de Rocky lo torturan interiormente.
El personaje de Apollo es encarnado de nuevo por el actor Carl Weathers quien, merecidamente, se hace un destacado hueco en esta saga pugilística y siempre será recordado como tal.
En esta segunda entrega se desarrolla gran parte de la sincera y bonita relación de amor entre Adrian y Rocky, quien tras el combate le pide matrimonio y terminan casándose felizmente y por la iglesia, como un buen creyente italiano.
Uno de los aciertos de la saga, es la de otorgar un trasfondo dramático ferreo a los guiones y ofrecer conflictos personales a cada uno de los personajes. Stallone, como guionista, entiende que el antagonista de Rocky, en cada uno de sus retos, es prácticamente un personaje tan importante como el del boxeador mismo. Entendemos las motivaciones y los conflictos de Apollo, también las de Rocky y, además, se dibujan con esmero los personajes de Adrian, quien en esta segunda entrega se opone al combate tratando de salvaguardar la salud de su marido. El personaje de Poli, ese pobre diablo que además es su cuñado, o el de Mickey, el siempre entrañable y cascarrabias entrenador de Rocky.
La mujer de Rocky se queda embarazada y Rocky está dispuesto a dejar el boxeo y trabajar en lo que pueda para mantener a su familia. Pero Rocky, aunque es una persona muy noble, también es una persona muy básica e inculta, y esto se transforma en un problema a la hora de administrar el dinero ganado o de intentar trabajar de cualquier otra cosa. Desde el entorno de Apollo se le presiona para volver a combatir, pero ni su mujer, ni su entrenador parecen apoyar la idea.
Uno de los mejores momentos de la saga es la escena en el rellano de la casa de Mickey. Rocky le pide que por favor le vuelva a entrenar y su entrenador le demuestra, dándole una bofetada por sorpresa, que físicamente ya no esta apto para combatir

-¿Lo ves?, Ni siquiera lo has visto venir, ¿verdad? Y eso que te lo ha dado un viejo anciano, ¿Qué pasaría si Apollo te cazara varias veces?

-Supongo que me noquearía.

-No, te lesionaría, para siempre.

Uno de los ojos de Rocky ha perdido visión. La escena es simplemente antológica, junto a otras con algunas frases como:

“Adrian, yo… nunca te he pedido que dejes de ser una mujer, por favor… por favor te lo pido, no me pidas a mi que deje de ser un hombre”

Mientras Apollo lo ridiculiza sin piedad en los medios de comunicación, Rocky se humilla ante los ojos de su entrenador trabajando de cualquier cosa en el gimnasio de este. La situación es dolorosa y las provocaciones excesivas, lo que provoca que Mickey cambie de opinión y decida apoyarlo y volver a entrenarlo. Somos testigos entonces de cómo Rocky le dice “Lo siento” a su esposa y de como comienza el duro entrenamiento. Sin embargo, Adrian llegará a sufrir graves problemas de salud que harán peligrar su vida y la del hijo de ambos. La tensión y la emoción se incrementan, con una narración que transcurre equilibrada y firme y que llega y se transmite perfectamente al espectador. Apollo quiere venganza, saldrá para machacarlo, humillarlo y vencer así a sus propios demonios. Mientras Apollo se entrena muy duro, vemos a un Rocky desmotivado y sin ánimos para poder entrenar dignamente, muy afectado por la situación crítica de su mujer. Podemos sentir con angustia como pasan las horas, los días y como se acaba el tiempo. Sufrimos junto a Rocky, porque no esta preparado y sus oportunidades en el ring se van mermando en la silla del hospital. Pero esta entrega tiene además uno de los momentos más emocionantes, arrebatadores y potentes que yo he podido encontrar en una película. Adrian vuelve en sí, ha nacido el hijo y, ambos, parecen estar finalmente fuera de peligro. Rocky esta cansado, pero feliz, es padre por primera vez y esta dispuesto a no volver a contrariar a su mujer. Propone retirase, dar el combate por perdido, como parece ser el deseo de su mujer, pero ella, entendiendo que su marido tiene el corazón de un verdadero boxeador y que necesita cumplir su sueño, le pide que haga algo por ella:

-Quiero que hagas algo por mí. Acércate.

-Qué.

-Que ganes. ¡Véncele!

Entonces comienza la música y el entrenamiento contra reloj, y los pelos se le ponen a uno como escarpias. Llega el gran momento y Stallone ha mentalizado a sus espectadores con una precisión milimétrica.
El combate está fotografiado con una agilidad y una puesta en escena asombrosa y resulta vibrante y lleno de épica y emoción. Ëpica es una palabra que no puede dejarse de mencionar cuando uno hace referencia a esta saga. Rocky II gana por K.O, y para quien escribe esta crítica es, sin ninguna duda, la mejor película de toda ella.

Llegan los años ochenta y Stallone, en su plenitud física y profesional, está a punto de vivir su década de oro. En 1982 volverá a ponerse los guantes y de nuevo, escribe y dirige una tercera entrega de la saga. En el mismo año, nace otro icono del cine de acción, John Rambo en “Acorralado”, basada en el best seller de David Morrel “First Blood” y que dará pie a otra saga millonaria.
Rocky III es, de las seis partes, sin duda la más divertida y una de las más entretenidas. El mayor acierto, una vez más, es la elección de su contrincante, en este caso, un asombroso Mr. T (Aquí más conocido como M.A en la serie “El Equipo A”), quien se toma muy en serio su papel y consigue crear la figura de Clubber Lang, un despiadado, temible y brutal púgil lleno de odio.
Stallone parece ser consciente de que la crítica, tratandose de una tercera parte, no va a estar de ninguna de las formas a su favor, pero continúa moviendo las fichas con mucha destreza. No esta dispuesto a abandonar la formula secreta y decide volver a mezclar los géneros de acción y drama. Para compensarlos, sabe que necesita sacrificar alguna de sus fichas. Y si en la segunda parte la salud de Adrian y la de su hijo servían para manipular los corazones, en esta, utiliza la muerte del viejo entrenador como revulsivo.
La película comienza con una simpática y casi disparatada dosis de humor en la que se muestra como la vida del campeón se ha vuelto un circo mediático. Se incluye un combate de exhibición con el, entonces, aún no tan conocido luchador de lucha libre Hulk Hogan que por momentos resulta no menos que surrealista. Este principio, a veces, casi jocoso, esta calculado y medido, para contrastar con la parte dramática aún con mucho más impacto. En los momentos antes del combate y durante una discusión acalorada con Clubber Lang, Mickey sufre un ataque al corazón, y aunque Rocky quiere suspender el combate, su entrenador se niega y le pide que combata. En semejante situación, Rocky es brutalmente noqueado y terminado el combate, en los vestuarios Mickey muere en sus brazos creyendo que este ha vencido la contienda.
El boxeo es un deporte respetuoso, noble y de hombres y en Rocky III, será Apollo, gracias a la sana admiración por quien supo ganarlo con el corazón y de forma honesta y justa, quien, junto a Adrian y Poli, se aliará a Rocky en los momentos difíciles.
Las escenas de entrenamiento y los dos combates contra Clubber Lang, vuelven a estar a una gran altura, y esta tercera entrega vuelve a satisfacer al gran público. Rocky III se convierte en la película más taquillera de las tres, superando los 125 millones de dólares en los Estados Unidos.
Esta tercera entrega, y contrariamente a lo que muchos piensan, es para mí una admirable secuela, emocionante, vibrante, entretenida, con escenas realmente inolvidables y con nuevos temas musicales como “Eye of the tiger”, que quedarán para siempre en la historia del cine y que participan importantemente en la grandeza de la leyenda del púgil de Philadelphia.

Llegamos a 1985. Stallone acaba de estrenar la segunda película más taquillera del año en Estados Unidos (tras “Regreso al futuro” de Robert Zemeckis), “Rambo, Acorralado II” que, por otro lado y gracias a sus dosis de violencia gratuita, consigue arrasar en los premios Razzie a las peores películas en casi todos sus apartados, incluyendo peor película, peor actor y peor guión. Algo, bajo mi humilde opinión, ciertamente injusto si tenemos en cuenta que es una bastante más que correcta cinta de acción bélica.
Los tiempos cambian y el prototipo de héroes y villanos también. Son los años ochenta y la testosterona y la violencia fascistoide vende y funciona. Stallone no puede evitar cierta mutación entre sus dos personajes más famosos. Al igual que hace en Rambo II, en Rocky IV decide obviar en gran medida la parte social y dramática en el hilo argumental a favor de la acción pura y dura. Y de nuevo como guionista y en las labores de dirección, consigue superarse de nuevo batiendo el record de taquilla de la tercera parte. Rocky IV se alza con el título de “La película deportiva más taquillera de la historia”.
De nuevo consigue afinar las notas correctas y esto es gracias en gran parte a que encuentra un antagonista atractivo y a la altura de sus predecesores. Iván Drago, protagonizado por Dolph Lundgren, es un boxeador de la antigua Unión Soviética entrenado en instalaciones futuristas de última generación y con la ayuda de sustancias anabólicas prohibidas, que le otorgan cualidades casi sobrehumanas. Un deportista perfecto y programado con la única intención de humillar al campeón americano en mitad de la denominada Guerra Fría.
Esta vez, Stallone sacrifica una nueva pieza, Drago fulmina y provoca la muerte en el ring a un desprevenido Apollo quien, por nostalgia, decide volver al ring.
Con un estilo algo más videoclipero que las anteriores, siguiendo en parte la moda de los 80, (mítica la escena con Apollo Creed vestido de “Tio Sam” y bailando con el “Living in America” de James Brown) y prescindiendo de los acostumbrados diálogos y de los momentos moralizantes de las anteriores, Rocky IV es sin duda una de las películas deportivas de acción más efectivas y adrenalíticas de la historia del cine, y me consta que ha sido utilizada, más de una vez, para motivar a deportistas de muchas partes antes de sus enfrenamientos deportivos.
Rocky IV, aunque se aleje del estilo y de las pretensiones mucho más artísticas y sobrias de la original, es una joya del entretenimiento y de la acción y un autentico clásico de los años 80. Le pese a quien le pese.

A Stallone, sin embargo, le entraron las dudas con la década de los noventa. Parecía ser consciente, junto a otros actores como Arnold Schwarchenegger, de que los espectadores poco a poco comenzaban a reclamar un cambio y nuevas formulas. Heroes más sofisticados y algo menos planos. La saga de Rocky ya había dado todo de sí y Stallone sentía que lo mejor era dar un giro en su carrera. Poco antes de fracasar en una nueva faceta como actor cómico con dos despropósitos como “Oscar” y “ Alto o mi madre dispara”, Stallone decide culminar la saga de Rocky en el 90 con una última entrega en la que, incluso, estuvo seriamente tentado de dejar morir al héroe. Para ello, devuelve el mando en la dirección a Avildsen, el director de la original, e intenta rescatar los derroteros dramáticos de las primeras entregas. Pero esta vez, por una total falta de claridad en sus propósitos y por intentar modernizar la formula, esta falla completamente. Rocky V no solo es la peor película de la saga, a años luz de todas las anteriores, sino que no aporta absolutamente nada nuevo y únicamente consigue denigrar de un plumazo el fantástico personaje que le encumbró en la fama. Con una dirección inexistente, un guión lamentable, aburrido, absurdo y hasta en más de un momento grotesco y con unos diálogos ridículos, Stallone, sacrifica a Rocky apuntillándolo además con la peor y más desafortunada interpretación de toda su carrera. Esta vez, la figura de Rocky resulta insoportable. Deambula sin sentido como un memo tarado de verborrea incontenible, que consigue caer mal por primera vez y sacar de quicio a cualquiera.
Y de esta manera, una saga que había resistido con dignidad los gustos y preferencias de prácticamente dos décadas enteras, se estrellaba estrepitosamente en los 90, cosechando las peores criticas posibles, defraudando por completo a sus seguidores y dándose un más que sonoro batacazo en taquilla.
Este desproposito, por la falta de fe y de decisión, y sin pretenderlo, parecía ser el peor final que el mito de Rocky se merecía.

Pero en este 2007 se ha estrenado Rocky Balboa, esta vez sí el capitulo final de la saga. Han tenido que pasar 17 años, 30 años desde el primer Rocky, para que un Stallone con 60 años cumplidos, vuelva a intentar rescatar del pozo la saga y tratar de culminarla como esta se merece.
Stallone ha salido muy tocado de la década de los noventa, años que únicamente han evidenciado su creciente decadencia profesional, fracaso tras fracaso, con películas como “Driven”, “D-Tox”, “Avengin Angelo”, "Taxi 3", "Spy-Kids 3D" y un largo número de títulos mediocres que lo han apartado del éxito.
Rocky Balboa vuelve a beber directamente de la misma fuente que las primeras entregas, y si en aquellas teníamos a un solitario treintañero que soñaba con salir del anonimato y triunfar a contra reloj como boxeador, en esta tenemos a un Rocky ya retirado, un viejo veterano que se enfrenta al último cuarto de su vida como famoso ex boxeador y como viudo. Adrian ha muerto de un cáncer y Rocky dirige un restaurante con su nombre en donde entretiene a la clientela con sus viejas batallitas.
Es muy comentado el extraño y lamentable aspecto que ofrece Stallone en esta última entrega, debido a las numerosas operaciones de cirugía estética y al abuso de esteroides y anabolizantes en su afán de conservar la musculatura para poder continuar, a su edad, impresionando a sus seguidores.
Lo cierto es que no podemos dejar de comparar su vida personal con la del propio personaje y, en este caso, su aspecto físico y su situación profesional actual, juegan a favor y apoyan en parte la credibilidad de lo que se expone en esta última película. Digo en parte, porque también tenemos que creernos que un hombre de sesenta años recibe la oportunidad de volver a luchar contra el campeón de los pesos pesados. Aunque bien es cierto que esto ya era prácticamente igual de improbable en aquella primera película en los años 70.
Stallone es consciente de que, a pesar de todos sus esfuerzos, su poderío físico ha dejado de ser un arma eficaz y creíble como lo era antaño para conseguir ofrecer generosas dosis de espectáculo. Por ello, decide mejor concentrarse seriamente en la parte dramática y emocional a la que otorga la mayor parte del metraje. Esta vez, utiliza a la perfección una nueva y contundente arma, la nostalgia.
Stallone vuelve a escribir un guión con oficio, mimo y honestidad y nos muestra a un Rocky en su etapa decadente, solitario, envejecido y melancólico. Rocky sobrevive agarrado al recuerdo de su mujer y al recuerdo de los tiempos pasados, que como bien se sabe, siempre fueron mejores.
Stallone, muy consciente del caracter tan personal de este proyecto y de lo arriesgado que resultaba la idea de volver a encarnar a Rocky por última vez y tras 17 largos años de ausencia, decide controlar de nuevo el producto muy de cerca y, una vez más, es él mismo quien vuelve a realizar las labores de dirección. Esto resulta un verdadero acierto. Además, también decide volver a trabajar como antaño, con un presupuesto bastante modesto, esta vez de 24 millones de dólares.
Las subtramas y los conflictos de los personajes que rodean a Rocky en esta entrega son excesivamente esquemáticos y están sujetas un poco con alfileres, pero cumplen con su función y no llegan a entorpecer la historia.
Yo, ante todo, destacaría la escena de Rocky y Poli en la fábrica de carne, donde Rocky abre de forma “descarnada” su corazón, con lágrimas en los ojos, en un monólogo auténtico y realmente emocionante.
No tan afortunada es la parte final, con un entrenamiento rodado con el oficio de la experiencia, pero extremadamente fugaz. Se echa en falta el poder observar como un hombre de su edad, lucha por volver a coger la forma. Las agujetas, los mareos, esa mencionada calcificación de las articulaciones. Sentir la cuenta atrás, el miedo a hacer el ridículo, a no estar a la altura, el miedo al bochorno de ofrecer un show lamentable o de resultar gravemente lesionado. Hay una inexistente tensión dramática y, de un plumazo, nos encontramos a Rocky ya en el ring. Además, Mason Dixon es el antagonista peor dibujado y más flojo de toda la saga. Parece no fomentarse el poderío de este, en parte para ayudar a la credibilidad de todo el asunto o quizás, porque ya no es necesaria ninguna continuidad o profundidad excesiva del personaje al tratarse del último capítulo.
Por todas estas razones, no llegamos al combate tan motivados como nos tenían acostumbrados en los enfrentamientos anteriores, y esto resulta un lastre demasiado pesado.
El combate, por otro lado, tampoco consigue llegar a la espectacularidad deseada y es, con diferencia, y sin contar la grotesca escaramuza callejera con Tommi Gunn en la olvidable quinta entrega, el peor realizado de todos. Se intuyen algunas buenas intenciones, pero la puesta en escena es bastante mediocre y tanto el montaje, como la realización, son bastante desafortunadas. Los guiños modernos y el pretendido estilo más cool de los tiempos que corren, con una edición videoclipera y confusa, empobrecen considerablemente el espectáculo. Y si no, revisen cualquiera de los brutales enfrentamientos de cualquiera de las películas anteriores. Supongo que los planos abiertos y el montaje más clásico de las décadas anteriores, evidenciaban en demasía las carencias físicas de la puesta en escena del Sylvester Stallone de hoy en día. Una verdadera lástima y una gran oportunidad perdida, la última, para, tras una fantástica primera parte de película, haber podido ofrecernos la mejor entrega de toda la saga.
Sin embargo, y en líneas generales, Stallone recrea un honesto, justo y emocionante capitulo final, con un carácter inequívocamente circular, para reforzar la sensación de redondez de una saga que ha significado todo en su vida. Y si la fortuna y una rotura de mano (la del aspirante al título que iba a enfrentarse hace 30 años a Apollo) le otorgaron entonces la oportunidad de su vida y el principio de todo un sueño, el final esperado se lo brinda ahora otra rotura de mano. En Rocky Balboa, durante el combate, a las primera de cambio, Dixon se parte la mano con un desafortunado golpe a la cadera de Rocky, con lo que se ven de esta forma mermadas sus habituales habilidades en el ring, y lo que brinda, por otro lado, la oportunidad a un valiente veterano como Rocky, de igualar la desventaja y ofrecer el espectáculo de volver a aguantar estoicamente y con honor todos los asaltos al joven campeón. Rocky perderá a los puntos, como ya lo hiciera aquella primera vez contra Apollo, pero moralmente, volverá a ganar como ya lo hiciera entonces. Todo termina como empezó y generaciones enteras de espectadores hemos podido crecer y madurar siendo testigos directos de la vida de un hombre bueno, un verdadero héroe hecho así mismo. Rocky Balboa es una película de notable calidad que cierra con gran dignidad la saga y es también un acertado y merecido homenaje a la figura de Rocky y a su creador. Stallone ha conseguido, treinta años más tarde, volver a reencontrarse de nuevo con gran parte de la crítica. Mientras, el público está respondiendo como casi siempre, de forma fiel y apasionada y Rocky Balboa esta siendo un verdadero éxito de taquilla.
Gracias Stallone y gracias Rocky, gracias a ambos, por regalarnos, nada más y nada menos, que toda una vida plasmada en celuloide. Una vida llena de buenos valores, de penas y de alegrías, de momentos verdaderos y, sobretodo, de tantas, tantísimas emociones. Yo, a cambio, no puedo menos que escribir mí, hasta el momento, más extensa y detallada crítica, escrita desde el respeto, la admiración y desde el corazón de quien, como otros tantos millones de espectadores de todo el mundo, ha reído, llorado y gritado durante tantos años a vuestro lado.

Iván Sáinz-Pardo

25 comentarios

LORE -

Quien supera a Rocky I? Para mi solo el Padrino I y II la iguala

Italian Stallion -

Esta claro que las mejores son Rocky I y Rock II. Sin duda alguna son unas peliculas de notable, cargadas de accion, drama y un argumento bastante original.

Interesante critica, aunque demasiado extensa.

Un saludo

Ramiro -

no ivan esa es en la pelicula de rocky IV, la que te digo yo es en la primera cuando sale de George Washington regalando dinero y despues se viste de tio sam de hecho creo que es una marcha de banda de guerra de estados unido pero no se cual, si me puedes ayudar te lo agradeceria, saludos

IVAN -

Gracias por vuestros comentarios.
Ramiro, la cancion por la que preguntas es "Living in America" publicada en 1985, escrita por Dan Hartman and Charlie Midnight e interpretada por el mítico James Brown.

ramiro -

disculpen como se llama la cancion con la que aparece apolo en rocky 1 donde se viste de tio sam

Caty -

Qué decirte, Ivan...has bordado la crítica. Pienso básicamente lo mismo que tú. Te felicito por tus palabras.

Xabier Aurtenetxe -

No, no he cambiado de opinión y pienso seguir sin interesarme por la magna obra de Stallone. Pero una entrevista en la revista alemana "Stern" (n°- 25 de enero 2007) da indicios de que todo podía haber sido aún peor.

Tras reconocer que ha hecho muchas películas malas -no da más precisiones- y que se inspiró y estuvo fuertemente influenciado (sic) por el Scorsese de "Mean Street" (él periodista da los títulos de las versiones alemanas, pero creo no equivocarme), el Elia Kazan de "On the Waterfront" en el que Brando es un dócker en medio de la actividad mafiosa de quienes controlan el puerto, y "Marty" una película de Delbert Mann que tuvo mucho éxito en esa misma época, aunque esté hoy casi olvidada, el asilvestrado Stallone desvela que escribió un guión en el que un judío casídico (se trata de una secta mística hebrea, sobre todo presente entre los judíos de europa oriental, que a finales del siglo XVIII hizo suyo el lema "Orden y Justicia") se convierte en sheriff de un poblado del Far West fundado sobre las bases del "Manifiesto Comunista". "Sin Silver" (pecado de plata o plateado)era el nombre del pueblo que daba título a la película. "Era una locura" comenta Stallone. De acuerdo, campeón. Espero, por nuestro bien, que se te haya perdido. A mí al menos me suele pasar con algún que otro viejo proyecto.

Mikyma -

Buah...pues sí que te ha salido larga la crítica. Pero teniendo en cuenta que versa sobre una saga de 6 películas...diría que está hecha en su justa medida.

Contigo coincido en que la peor es la 5a parte. Mala, mala, mala con avaricia. La 6a aún no la he visto, a ver si un día de estos me da por ir al cine o la sacan pronto en dvd.

yaestastardando -

Pues "Casino Royale" es muy recomendable. Yo tampoco soy fan de Bond, para nada, pero esta última me ha sorprendido gratamente. Buena peli de espías.

Xabier Aurtenetxe -

Marina, sólo se trataba de un punto de detalle. No puedo aceptar tu alusión a Cyrano de Bergerac. Aunque tengamos algunos puntos en común(gascón él, es decir vasco romanizado; vascón yo, sin romanizar, asilvestrado, tuve que pasar parte de mi vida a corregir esta carencia hasta alcanzar que mi contestador telefónico lograra expresarse en latín pata negra: "Hic ist appellatio-responsor Xaberius Aurtenetxensis..." te ahorro el resto, pero te puedo asegurar que más de un Iván se ha quedado con un palmo de narices al oir el mensaje); aunque Cyrano y yo -como decía- tengamos algunos puntos en común, nos separa irremisiblemente una cuestión fundamental. La divergencia que eleva un muro entre mí y el ilustre antecesor de Jules Verne y Meliès (su "Viaje a la luna" es de 1657. Uy, si se enterara el amigo José, el desfacedor de plagios!), la ha resumido la sabiduría popular alemana en una fina sentencia: "So die Nase des Mannes, so seinen Johannes", es decir que el apéndice nasal del hombre es directamente proporcional a la longitud de su juanito, y reciprocamente. (en el caso del desdichado Jim-Box es demasiado tarde para comprobarlo).

A lo que iba. Mi nariz, Marina, a pesar de la nobleza de mis genes, poco tiene que ver con la de mi primo el cadete de Gascogne. En China, eso sí, sería tratado de nariz larga, pero es que allí te lo ponen fácil. La triste (?) realidad es otra cosa, aunque ya no sé que es realidad y que es autosugestión incentivada por el alud de spams alusivos.

Aunque tampoco mis otros primos, Athos, Porthos y Aramits, ni el intruso D'Artagnan, tenían narices excepcionales, pero cuando desenvainaban y gritaban "En guardia!" el mercurio de los termómetros sufría un escalofrío.

Esto, Marina, más que de ring de boxeo va tomando cariz de partida de ping-pong dialéctico.
Prefieres ser ping o pong? Las damas primero.

Aquí no llueve, al fin nieva (no lo hacía desde el pasado día de Todos los Santos). Las nubes no lloran, sino que tienen "remelas" como dirían los gallegos, pero eso no me impedirá de seguir rumiando las últimas líneas de tu escrito. La poesía es la viruta que deja el tiempo en la cuchilla del sacapuntas.

Marina Khalo -

A Xabier
¿Dirimir entuertos entre nosotros? No tengo constancia de ninguna ofensa, ni por mi parte ni por la tuya. Tal vez hables en sentido metafórico, lo desconozco. Lo que sí sé, es que será difícil encontrarme en un ring, en el espectáculo de la confrontación encarnizada… Aunque mi categoría por peso sea gallo, soy más gata doméstica. Me paseo mejor por tejados y jardines, que por cuadriláteros. (Sin que ofenda esto a los que les guste el boxeo, que entiendo perfectamente).

Pero, no soy tan importante…

Hoy llueve, y es como si las nubes lloraran… pesa el tiempo y la tarde. Me pesa esta tristeza de buzo…

“Ni la lluvia, ni el llanto, ni tus pasos
que resuenan en el camino del acantilado importan.
Ahora puedes llorar y dejar que tu imagen se diluya
en los parabrisas de los coches estacionados a lo largo
del Paseo Marítimo. Pero no puedes perderte”

IVAN -

Ay, Xabi, Xabi, ganarás tú, que probablemente hagas doblete con esta otra saga que protagoniza este post. Amigo, no se que eres ya más, si un Vasco bavarizado o un Bavaro Revasquizoide. Pero eres único. Un abrazo.

Pd-Lo de mi mala puntualización, creo que es ya es, en parte, por la falta de lectura tradicional, que no es tan descuidada como la digital.

Xabier Aurtenetxe -

Con las prisas y la inmediatez de la escritura "en línea" se me ha colado el nombre de la persona que me invitó al combate de boxeo. Se trata del poeta muniqués Wolf Wondratschek, cuyo personaje, a penas velado, aparece en la película de Helmut Dietl "Rossini- o la pregunta mortal, quién se acuesta con quién", compartiendo amante (la maziza Hannelore Hoger) con el alter ego de Patrick Suskind, autor de "El Perfume", como así fue en los alegres 70 de este mi querido barrio de Schwabing.

Xabier Aurtenetxe -

Despacio, chaval. Si un día te acercas al Guinness por ese concepto, tendrás que compartir el premio conmigo, aunque creo que te llevo algo de ventaja (cuestión de edad). Ni he visto película alguna de Bond, James Bond; ni a pesar de tu parrafada (aviso para profanos: hay que inspirar antes de cada párrafo y expirar al llegar a las últimas líneas, aunque depende del fuelle de cada uno, porque Iván tampoco marca bien los bloques de sentido- estamos en la era de Internet...) me tientas en conocer al Rocky de marras. Así que, en el mejor de los casos, compartiremos el premio... y una, dos, tres cervezas. Contaremos hasta diez antes de llegar al K.O.

El guaperas con licencia para matar, que en el 2007 celebra su santo, es un capullo que va por la vida de entendido sin saber que es un Martini Dry de ley, que, ante todo, debe ser de Noilly Prat y NO AGITADO SINO REVUELTO. El maestro Bunuel le hubiera castrado o cortado un ojo con una navaja trapera al mejor estilo del "Perro andaluz", pero hoy el paraíso de Baco ya no es lo que era y los cineastas en hierba ya no se aventuran por esos fértiles terrenos de la improvisación etílica y, entre los talluditos, sólo Gutiérrez Aragón merece un lugar entre los corifeos del culto a las plumas coloreadas del gallo.

En cuanto al de los pu~nitos de oro (no confundir con Pinito de Oro, aquella maravillosa trapecista canaria y rechonchita) tampoco me incita a la idolatría. En noviembre del 2000, invitado por el poeta y antiguo miembro de la banda de macarrillas de la Stiglmaierplatz allá por los sesenta, tuve la ocasión de presenciar un combate de Henri Maske, el gentleman del ring. Lo interesante estaba, empero, en las primeras filas de asientos. Allí brillaba el "Neger Kalle", gigante muniqués, negro y tuerto, que sigue controlando la prostitución del barrio caliente de Sankt Pauli, en Hamburgo. También sonreía Henni Jobst, conocido por haber extorsionado al tenista Boris Becker por los amoríos de su padre con una de las protegidas del chulo renano; controlaba la sala, con su mirada estroboscópica, el propietario del Schieller Café - enfrente de la Hauptbahnhoh de Munich- por entonces "juez de paz" de los proxenetas alemanes y un par de amiguetes que no me fueron presentados. Acababan de ser pillados con las manos en la masa la noche precedente en el restaurante mejicano "Juan y Pedro", en Sendling, con más de medio millón de marcos debajo de la mesa. Pero ese sábado estaban ahí, tranquilos, sobrevolando majestuosamente el evento.
Stallone podrá seguir disfrazándose de Rocky hasta que no pueda ya seguir contando con los dedos de la mano (la incipiente barriguilla cervecera le impide seguir contando con los de los pies), pero sé que nunca llegaría a inculcarme el entusiasmo (pasajero, debo decirlo) de ese par de horas de liturgia lumpen. Rara vez una mala ficción llega a los tobillos de la realidad.

Marina, no subiré al ring contigo, ni tan siquiera para hacerme cargo de la toalla (la edad pesa), pero ya encontraré otro post para dirimir ciertos entuertos que quedan aún pendientes entre nosotros.

Juan -

Yo, personalmente me quedo sólo con Rocky I y Rocky II. Las dos son obras maestras. La tercera es patética y la cuarta, pura propaganda.

Ni siquiera me molestaré en ver la nueva. Las dos primeras son insuperables.

Por otro lado, Rambo I (1982) es increíble. Las otras dos de esta saga no las he aguantado ni 10 min. Son impactantes los años de Stallone entre 1976 y 1982.

Capitán Pescanova -

Taxi Driver, que gran película. De Rocky, mejor no te comento.
Un saludo.

jdeacon -

Para aquellos que como yo hemos crecido con Rocky esta ultima pelicula es INMENSA. HAcia tiempo que una pelicula no me llegaba a emocionar como esta, llamame simple, pero Rocky Balboa es magnifica.

AnDrEa Q. -

Casualmente Si.. esa peli marco una generación. Estaba muy pequeña,pero todavia recuerdo al maravilloso rocky, el ke podria mostrarnos , ke aun si naciste sin estrella podrias cambiar tu destino >>>>> Realmente conmovedora. Y nunca podre olvidar la escena de Roky con su parpado cortado, parado de milagro en medio del rig , hecho un pedazo de carne, molido por los golpes, Lanzando miradas desesperadas buscando a su mariam (colombian version )... la busca pero su desesperacion no la encuentra .. Rocky tiene un final feliz , pero existimos otros ke despues de una golpisa,cuando volteamos a buscar los ojos de otro,recibimos un golpe mas...

La_Ruina -

Rocky es un membrillo. Max Rockatansky, ése sí es un tío con los cojones bien puestos.

Cerezo -

Si te quieres poner al día, Pardo...mírate todos los bonds de Connery y la última que está en los cines. Asimismo, mírate la de Lazenby. Ahí tienes todo...si eso no funciona contigo huye de la saga...

Yo, en cualquier caso, salvo de esos títulos, huyo del resto..., y gustándome esos con sus limitaciones...

RicPlan -

Vaya post, me has dejado K.O.
Sinceramente lo de Rocky me deja bastante frío pero no lo que escribes al principio sobre James Bond, alucino.
BTW, post excelente.

Cerezo -

Yo soy una persona a la que Rocky no llevó a los gimnasios, pero sí me llevó a set tras set de rodajes, tratando de conseguir el título del largometraje.

Con este texto, hermano Iván, consigues, con tu permiso, hacer que me sienta muy unido a tí.

Gracias, hermano. Gracias.

IVAN -

Enrique, compañero, a Tommy Gunn, con quien no se llega a subir al ring, no lo contaba, pero si, sin duda es el peor.

Pero, ¿la quinta valiente? No supo ni se atrevió a rematar la saga y no se si la has vuelto a ver ultimamente. Es totalmente prescindible y como película, horrenda. Ahí si que no puedo darte la razón.

Henrique -

De acuerdo en todo menos en dos cosas: "Rocky V" puede ser fallida, pero es la más valiente y arriesgada de la saga. La otra es que Dixon no es el peor contrincante, el peor es Tommy Gunn, de la quinta, un Judas muy forzado, mientras que Dixon es un personaje real y creíble.

Marina Khalo -

Cerezo, ya tienes tu Rocky.

Iván…Yo, prometo leérmelo por asaltos. De momento subo al ring. Deja la toalla junto a la banqueta, por si necesito que me vayan secando el sudor mientras tanto.

TIN…¡Segundos fuera!.