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QUIERO VOLAR (Parte 1º)![]() Entro al piso de Philip, el aún no ha llegado. Tengo la moral alta y voy bastante acelerado. La última visita a la oficina de Quirin y Max, hace ya unos meses, fue algo extraña y desesperanzadora. Salí de allí con cierta sensación de desgarro interior y un desasosiego pegajoso y pesado. Esta vez fue todo lo contrario. Además, me alegraba con la idea de verme pronto sacando a Lola a pasear y disfrutando de unos días de tranquilidad en casa. Lucy, lamentablemente, no me espera allí porque esta en Baltimore visitando a su hermana y no volverá hasta dentro de varios días. Cojo el metro dos estaciones hasta la Hauptbahnhof. Allí me dirijo hasta el tren de cercanías. Voy con el tiempo un poco justo. En el andén se apelotona demasiada gente. Enseguida noto que algo no va bien. “Bueno, es sábado, quizás sea normal” Pienso. El próximo tren al aeropuerto sale en doce minutos. Tengo un billete que me permite viajar por el centro hasta el lunes, es un Wochenkarte. No se como hacer para ahorrarme las estaciones que este billete me cubren. Tendría que salir del tren en Ostbahnhof y picar allí con un nuevo billete. Perdería el tren y me tocaría esperar al siguiente. No me queda tiempo para eso. No tiene sentido. Compro un nuevo billete. Me gasto 9,60 €. -Dije que costaría unos 55 €. Air Berlin, Terminal 1, estoy bien. Son las 18:55. Tiro de mis maletas por toda la Terminal 1. No hay nadie a la cola. Un señor bastante enjuto y con cara de haber recibido hordas enteras de collejas en los recreos de su etapa escolar, me mira como si yo estuviera mal de la cabeza. -Eso es imposible. Hoy no tenemos más vuelos con Air Berlin. Acompáñeme. Le acompaño ante otro mostrador donde dos jovencitas me atienden. Me piden la confirmación. Ya no tengo la nota donde lo tenía apuntado. Pero se que salía a las 19:15 Munich- Mallorca- Barcelona. “Mierda, eso es, me he equivocado y vuelo directo a Barcelona” Son las 19:05. Les pido que llamen a Lufthansa para avisar. Pero las taquillas están en la Terminal 2. Salgo corriendo con las maletas. Bajo unas escaleras mecánicas, corro por los pasillos. Me paro respiro. Continúo a la carrera. La Terminal 1 no termina nunca. A la derecha, recto, a la izquierda, más escaleras. Salgo del edificio. Me paro, respiro. Continuo, entro en otro edificio, subo unas escaleras. Pregunto, corro por un pasillo. Sin aire llego a una taquilla. Una mujer me atiende. Le doy el carné de identidad y trato de explicarme a duras penas bajo la respiración entrecortada. Ella sonríe y me pregunta si llevo líquidos en la maleta. Saco el neceser y extraigo un bote casi vacío de Massimo dutty, un bote de pasta dentrífica ya prácticamente en las últimas y un bote de desodorante. Lo coloco todo encima del mostrador. -Todo lo llevo como equipaje de mano. No hay tiempo. Aquí se quedan. Solo quiero coger ese avión. Ella me busca en el ordenador. No estoy. Lo intenta con mi apellido. Solo con el nombre. Segundo apellido. Miro el reloj. Son las 19:18. Me manda a checking. Subo unas escaleras. Vuelvo a correr. Se me cae el tubo de pasta dentrífica. No importa. Me pongo a una cola. No hay tiempo. Me cuelo. Un oriental gesticula y se queja en silencio. La mujer me busca en su ordenador. Mi nombre no esta. No puede ser. La mujer mira el bote de desodorante. Después me mira allí, todo sudado. Supongo que piensa en descargármelo entero y sin piedad. Yo busco el papelito dichoso donde anote mi número de reserva y el número del avión. Ha desaparecido. No lo llevo encima. Llamo a Philip por teléfono. Le doy mi clave de email. Philip chequea mi cuenta. Me repasa toda la lista de emails. “Mierda tengo bastantes mensajes por contestar. Vaya, no me tengo que olvidar de…” Philip encuentra la confirmación de mi compra por Internet. Mi vuelo era con Air Berlin a las 11:50 de la mañana. Me equivoqué al apuntarme la hora en aquel papelito que ya ni siquiera encuentro. Descubrir que uno ha hecho el imbécil de forma gratuita y soberana es una sensación contradictoria, una mezcla de resignación, de rabia y de una turbadora paz interior que le aturde a uno importantemente. No hay asientos libres para hoy ni mañana con Lufthansa. Cojo mi desodorante, la colonia, la maleta y mi bolsa y vuelvo a bajar las escaleras. Con cara de poker regreso a la Terminal 1. Recojo del suelo la pasta dentrífica. El camino se me hace más largo. Llego de nuevo a las ventanillas de Air Berlin. Una de las chicas ha cambiado, la otra me mira expectante. Efectivamente encuentran mi nombre entre los pasajeros del vuelo de por la mañana. Se me ofrecen entonces dos maravillosas posibilidades de continuar con esta putada: “Podía haber sido aún peor” “Sí, sí, muchas veces ya no hay plazas en varios días” Apuntan ellas con una sonrisa. Yo no puedo pensar. Necesito sentarme un segundo. Ellas además me informan de que cerrarán en varios minutos y me tengo que decidir ya. Yo les ofrezco a cambio un descalabro con aspiraciones a sonrisa y me derrumbo en un banco a pocos metros de donde están ellas. Son las 19:48. Si quiero coger el avión de las 6:00, tengo que quedarme en el aeropuerto diez horas esperando. No hay trenes hacia el aeropuerto a las cuatro de la mañana. Después viajar durante horas, volver a esperar y embarcar en Mallorca… buff. Vuelvo a situarme en taquilla. Una de las dos chicas me pregunta si hablo español. Resulta que ella es mallorquina y se llama Dolores. Dolores me cuenta que unos amigos suyos que están de visita también cogerán el mismo avión de las 11:50 a Mallorca. Ella termina en diez minutos y se ofrece a llevarme con su coche hasta Munich y mañana recogerme en Leonrodplatz y llevarme al aeropuerto con sus amigos. Compro el vuelo inmediatamente y ellas terminan su jornada de trabajo. Entro al piso de Philip. Dejo el abrigo, las maletas, me quito las playeras. Philip se ríe y chocamos los cinco. Han pasado cuatro horas, me he gastado más de 200 €, es sábado por la noche y aún sigo en Munich. -Philip, necesito una cerveza. Iván Sáinz-Pardo 15/11/2006 13:41 Comentarios » Ir a formulario
Bueno, has perdido 200€, pero has ganado un relato interesante que escribir, me encanta tu manera de expresarte.
Por cierto! Estuviste en el festival de cortos de Berlin del finde pasado? Un saludo desde Pucela! Fecha: 15/11/2006 16:28.
Iván: Eres un pequeño desastre, pero al final, lo resolviste bien.
Volver en coche desde el aeropuerto y que al día siguiente te fueran a buscar, solo lo consigues tú. Menudos nervios me han entrado leyendo tu historia. Tengo muchas ganas de verte, cariño! Te quiero mucho, L. Fecha: 15/11/2006 16:48.
Chico, ¡qué odisea! creo que todos los que vivimos en Múnich conocemos el horror de ir al aeropuerto. Yo siempre voy con el tiempo justo y rezando para que no pase nada, pero a veces sí que pasa algo y entonces estás jodido de verdad. Conozco también la sensación de las pobres chicas. Yo trabajé una temporada para Air Berlin y, aunque parezca que no, te sientes fatal cuando tienes que comunicarle a alguien que su vuelo ya ha salido, sobre todo si es un padre con 5 churumbeles (se me caía el alma a los pies).
En fin, nuestra querida Munich... Estamos demasiado acostumbrados a que funcione... Un beso. Fecha: 15/11/2006 18:03.
Que desespero XD! Supongo que contarlo te ha servido de desahogo, pero lo que hubiera sido genial es que un cámara te hubiera seguido y lo hubiera grabado aysss una pena!! je je
Fecha: 16/11/2006 13:31.
ivan....
se sincero.... cuantos aviones has perdido ya en tu vida???? te faltan desdos en las manos cabron,.,.... Fecha: 16/11/2006 14:29.
Aunque no somos la puntualidad, nos pareció que siendo real eres, y lamentamos decírtelo, poco previsivo, Iván. Siendo ficción nos pareció que logra un buen clima dramático. El final es, como le ocurre al protagonista, refrescante.
Fecha: 16/11/2006 17:26.
Por Dios! ¿para que estudio una carrera cuando me pude hacer taxista en Munich. La mitad de la beca del Erasmus se me fue en pagar viajes de vuelta desde la Oly y Ostbahnhof.
En la misma situación que cuentas me he visto un par de veces, la diferencia es que aún no me ha tocado perder. Seguramente el futuro me tenga algún regalito de estos reservado. Es curioso que el último día que pasé en Munich, otro Phillip me rescató de una situación muy parecida. Había estado haciendo las maletas toda la noche y estaba destrozado. Por la mañana una amiga me acercó al aeropuerto, estaba eufórico, la primera vez que no tenía que llegar al check-in deprisa, corriendo y descamisado. Sentía haber hecho los deberes. Pero se me olvidaba un pequeño detalle, concretamente el billete en la mesa de mi cuarto. Afortunádamente, Phillip (del SPK), todo un crack, me echó un cable y se fue hasta el aeropuerto para llevármelo. Amigo: Persona que se pega un viaje de una hora de viaje hasta el aerouerto para llevarte el billete (qque como iba sobao no me di cuenta de pedir con el pasaporte) Fecha: 17/11/2006 00:11.
No me engañas. Ésto es el guión del próximo corto de Jimbo.
Tú lo que necesitas es UNA SECRETARIA. Philip no vale. Un abrazo belloto! Fecha: 18/11/2006 12:28. |
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