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SOLAMENTE

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Por solamente un metro perdió el metro a centímetros de vivir esa vida en la que podía levitar sin esfuerzo. Los días se batían en retirada, se atropellaban unos a otros pisoteando los estandartes de sueños moribundos. Las semanas se balanceaban rozando las nubes de lo inalcanzable, los meses se alejaban separados entre si por puentes de ajada y frágil madera.

Le gustaba hacer unos largos para dar largas a las largas mañanas. Bucear era como volar atravesándo el silencio donde su cuerpo desaparece y puede escuchar mejor a los animales que habitan su mente.

Comer cualquier cosa camino a casa, coger la bicicleta para observar con el estribillo la fragilidad que se esconde detrás de las casualidades en movimiento.

Una ambulancia se abre paso atravesándo la mantequilla en la tostada con miel de cada tarde. De un trago las pastillas para dormitar con el murmullo insípido de la televisión de fondo.

Su partida le haría perder la partida, con la cena fría en el plato y rodeada de plantas mustias. Quería saltar en marcha, a ciegas, si eso significaba dejar de estar inerte. Porque estar inerte es como no estar, pensaba sostenida por una respiración que ya sentía extrañamente ajena.

A duras penas sorteando el insomnio llega la próxima mañana. Cierra la puerta de casa. No hace falta reloj, sabe que volverá a perder el metro por un metro, a centímetros de vivir esa vida en la que los mapas esconden tesoros y los cuentos finales felices. 
Hoy no se ha peinado, ni siquiera se ha mirado en el espejo. Tampoco importa, en el metro, agarrados a sus teléfonos móviles, ya nadie mira a nadie.

Sentada en uno de los vagones y con sus pelos de loca, sonríe como boba, pensando en bucear el silencio, saludar a sus mascotas invisibles, sentir el viento sobre la bicicleta y volver a encontrarse en casa con su tostada con mantequilla y miel. 
Su sonrisa se pasa de parada y le toca regresar a pie varías manzanas. Una ambulancia rasga con su sirena el murmullo urbano. Ella la observa pasar y desaparecer calle abajo. Sabe que se dirigen a su casa.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" Pronto en Amazón

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