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EL ESCONDITE DE IVÁN

ORDEN MUNDIAL (Rescatado)

ORDEN MUNDIAL (Rescatado)

Para paliar nuestra vergüenza, para esconder nuestro sentimiento de culpa y nuestras arcadas, existe a nuestra disposición una preciosa bolsa de papel perfumado delante de nuestra butaca.
Cuando estamos poco, se distancian nuestras palabras, se merma nuestra presencia. Cuando dejamos de estar, sucede por si solo, ocurre sin más, sin previo aviso.
Mirar detrás de las cortinas descubre el truco, arruina la función. Hay instrucciones precisas de cómo evitar el riesgo. Miro hacia otro lado, presto atención al parque temático de la vida que me ofrecen, porque no requiere ningún esfuerzo, porque así me entretengo con cualquier otra cosa y puedo sentirme más tranquilo conmigo mismo. Yo también me perfumo para no oler la peste, participo en un juego del que ni si quiera se como salir. Me ordenan, me castigan y me premian emborrachándome de espejismos. Mientras, el tercer mundo, la naturaleza y los animales son esclavizados brutalmente y en silencio, para mantener las reglas y abastecer el casting de nuestra programación. Nos venden que los campos de concentración son tan solo una ilusión, nos hablan de victimas del conflicto, daños colaterales, unidades, bajas, pero nadie se pregunta porque al final del acto únicamente salen a saludar al público los dueños de la función. ¿Qué vida llevan las vacas que dan la leche para mi café?, ¿Cómo mueren los terneros?, ¿Cómo es la vida de los pollos?, ¿Quién ha cosido mi bolso?, ¿de donde viene este atún?, ¿Qué significa la experimentación con animales?, ¿A dónde va toda nuestra basura?, ¿En que condiciones viven y mueren los hombres que se quedan tras la puerta?
El ruido de no estar y el silencio de ser se miran a los ojos esta calurosa tarde de verano. Nuestro planeta se ha convertido en una obra teatral de guerra, tortura y horror en la que los actores, para recaudar nuestro dinero y nuestros absurdos aplausos, sufren y mueren de verdad sobre el escenario. Nuestra conciencia resulta un estorbo y espera fuera, al fin y al cabo, nosotros mismos votamos a los políticos que crearon las leyes de derecho de admisión.

Iván Sáinz-Pardo (04/08/2008)

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