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EL ESCONDITE DE IVÁN

PROYECTOS

AINHOA

AINHOA


Ya estoy de vuelta.
Alemania me recibió, como era de esperar, con tres controles a parte de los comunes del aeropuerto (uno policial extra a la salida aún en el aeropuerto y con perro incluido, otro en el metro y otro después en el tranvía), con nieve y con un frío de cojones. Nada, por otro lado, para un muchachote criado entre la estepa vallisoletana y Cantabria. Y ya tan acostumbrado a los controles de los aeropuertos y a los inviernos muniqueses.
Bueno, quisiera retomar el pulso de esta bitácora e ir encarrilando el final de este año, volviendo un poco con el tema de AINHOA, uno de mis proyectos futuros que esta tomando más importancia en la actualidad. Después de año y medio de trabajar en media docena de tratamientos y versiones, llegué a escribir, en colaboración con un autor alemán, un guión de 120 páginas que terminó por perder el rumbo fijado y por no convencerme del todo, ni a mí, ni a él, ni a mis productores.
Escribir posteriormente LA FRONTERA SILENCIOSA me ayudó, entre otras cosas, a lograr distanciarme lo suficiente como para retomar de nuevo con renovadas fuerzas e ilusión el proyecto de AINHOA.
LA FRONTERA SILENCIOSA, con su exigente y ambiciosa producción, su carácter anárquico, extraño y personal y con su final abierto, a las antípodas de lo convencionalmente vendible, demuestra un interesante potencial, pero no parece ser, de momento, la mejor baza para un debut. Y queda relegado por ello a un puesto más atrás en espera de ver mejores tiempos y conseguir un lugar en la agenda de alguna productora interesante y efectiva.
Retomar AINHOA ha significado tirar aquel último guión y comenzar desde cero. Proceso exigente y muy pero que muy doloroso. Pero, renaciendo con una nueva Sinopsis, un Plot y un nuevo Treatment, AINHOA, tras mi reciente visita a Munich, acaba de dar un nuevo e importante paso hacia delante, ha recibido al fin la luz verde y ya tiene fecha provisional de rodaje para la primera mitad del 2007. Aún es muy pronto y estos proyectos siempre tropiezan y amenazan con caerse una y otra vez, siempre funcionan al borde del desastre, pero no deja de ser por ello una noticia estupenda.
Esta vez, todos si que estamos convencidos y muy ilusionados. La única forma esta, quizás y siempre desde mi punto de vista, de realizar coherentemente un proyecto especial.
Mis productores planean de nuevo una coproducción con España y mi amigo Dirk, bajo mi petición, continuará cooperando conmigo y a mi lado en las futuras versiones del guión.
No quisiera hablar aquí ahora de sinopsis, pero los productores dicen que el mejor trailer para ayudar a buscar financiación para esta película son mis dos anteriores cortometrajes en cine, EL SUEÑO DEL CARACOL y EL LABERINTO DE SIMONE, que juntos, retratan a la perfección la verdadera esencia de AINHOA:

Un fascinante Thriller, una historia de amor verdadero que se desarrolla, por supervivencia, en terrenos peligrosos y misteriosos aún por descubrir.

Lo que daría amigos por poder regalaros esta historia algún día. Que ya, irreversiblemente, forma una parte de mí. Conseguir que, al fin, uno de mis sueños se haga realidad, y lograr que todos los que lo así lo deseéis, podáis disfrutar y conocer en vuestro cine favorito a "Ainhoa".

LA FRONTERA SILENCIOSA

LA FRONTERA SILENCIOSA Agosto. Llueve en Nürnberg. Escribimos sin parar.
Sevenrain se desarrolla ágilmente. Crece, grita, exige su espacio.
Los proyectos son así, manuales de instrucciones para decenas de trabajadores, trabajos en equipo moldeados por factores multi direccionales y a veces inesperados. Historias arrancadas de lo individual para alcanzar a un público general y desconocido. Historias a merced de las casualidades, circunstancias, mareas de inspiración o decisiones que se toman voluntariamente, involuntariamente o que incluso otros deben de tomar por ti.
En mi caso, veo como Sevenrain se transforma en algo voluptuoso e ilusionante, y como el traje de cortometraje ya le queda muy pequeño. Abandonada la idea del formato corto nos hemos puesto a escribir en formato largo. Como suele ocurrir, hemos cambiado incluso de titulo de trabajo. Hemos querido recuperar y homenajear uno de mis antiguos cortometrajes en video, donde trabajé por primera vez acompañado de mi amigo Dirk.
Esta nueva historia recoge en parte el espíritu de aquel cortometraje y, de esta forma, Sevenrain ha pasado a llamarse, en esta su recientísima primera versión de guión para largometraje, “La frontera silenciosa”

Por otro lado, he decidido aparcar de momento mi antiguo proyecto “Ainhoa” en algún lugar cercano y a la vista. Mientras, tomo notas para mi documental “Mi querida tristeza” y leo algunos guiones, planeo y escribo algunas otras cosas.

Me siento como un jugador en la feria de su pueblo. Retozando, victima de mi innata ludopatía. Invirtiendo mi tiempo, mi energía, todas mis fuerzas. Me siento como un jugador delante de la máquina de carreras de dromedarios. Allí perpetuado en un único fin. En donde todos los dromedarios que allí corren y que van adelantándose los unos a los otros, son míos y en donde ya ni siquiera consigo saber con certeza quien deseo que haga sonar la campana primero.
Desde detrás de mi portátil, veo llover y pienso en que seguiré trabajando duro, seguiré armándome de paciencia, me dedicaré a disfrutar de la carrera y que gane el mejor.

LA FRONTERA SILENCIOSA

LA FRONTERA SILENCIOSA Agosto. Llueve en Nürnberg. Escribimos sin parar.
Sevenrain se desarrolla ágilmente. Crece, grita, exige su espacio.
Los proyectos son así, manuales de instrucciones para decenas de trabajadores, trabajos en equipo moldeados por factores multi direccionales y a veces inesperados. Historias arrancadas de lo individual para alcanzar a un público general y desconocido. Historias a merced de las casualidades, circunstancias, mareas de inspiración o decisiones que se toman voluntariamente, involuntariamente o que incluso otros deben de tomar por ti.
En mi caso, veo como Sevenrain se transforma en algo voluptuoso e ilusionante, y como el traje de cortometraje ya le queda muy pequeño. Abandonada la idea del formato corto nos hemos puesto a escribir en formato largo. Como suele ocurrir, hemos cambiado incluso de titulo de trabajo. Hemos querido recuperar y homenajear uno de mis antiguos cortometrajes en video, donde trabajé por primera vez acompañado de mi amigo Dirk.
Esta nueva historia recoge en parte el espíritu de aquel cortometraje y, de esta forma, Sevenrain ha pasado a llamarse, en esta su recientísima primera versión de guión para largometraje, “La frontera silenciosa”

Por otro lado, he decidido aparcar de momento mi antiguo proyecto “Ainhoa” en algún lugar cercano y a la vista. Mientras, tomo notas para mi documental “Mi querida tristeza” y leo algunos guiones, planeo y escribo algunas otras cosas.

Me siento como un jugador en la feria de su pueblo. Retozando, victima de mi innata ludopatía. Invirtiendo mi tiempo, mi energía, todas mis fuerzas. Me siento como un jugador delante de la máquina de carreras de dromedarios. Allí perpetuado en un único fin. En donde todos los dromedarios que allí corren y que van adelantándose los unos a los otros, son míos y en donde ya ni siquiera consigo saber con certeza quien deseo que haga sonar la campana primero.
Desde detrás de mi portátil, veo llover y pienso en que seguiré trabajando duro, seguiré armándome de paciencia, me dedicaré a disfrutar de la carrera y que gane el mejor.

NO MIRAR HACIA ABAJO

NO MIRAR HACIA ABAJO

Llegué a Munich con un curso de operador de cámara recién terminado y un puñado de cortos en video realizados con mucha más maña que capital. Y recuerdo que me gastaba por entonces casi todo lo poco que me pagaban en el Pizza Hut en alquilarme tres películas al día.
Cuando no entiendes el idioma te concentras mucho más en los gestos, en el lenguaje corporal. Uno trata de recibir información por otros caminos menos convencionales. Carreteras comárcales, atajos, senderos, todo vale. La forma de mover la cámara, el ritmo de la edición también nos revela una trama. Aprender alemán y lenguaje cinematográfico al mismo tiempo.
Para ser un buen director hay que ser un buen espectador. Para conocer la salud de tus posibles espectadores has de conocerlos, saber que comen. Así que simplemente le dije sí al cine alemán, a las teleseries, a los anuncios, a los talk shows, a las noticias, a sus famosos. Le dije si al Mc Donalds por 11 marcos a la hora, al Wienerwald por 13 marcos a la hora y hasta aquella tiendita de productos españoles de aquella peruana tan desastrosa que prácticamente no conseguía vender nada (Y a la que no le salía rentable pagarme ni por horas).
Supongo que el tribunal de selección en aquella entrevista en la escuela de Cine y Televisión de Munich valoraron, entre otras cosas, el que les hablara de Doris Dörrie y de su “Bin ich schön”, de Roland Emmerich, de "Godzilla" y de su proyecto final de escuela “Das Arche Noah Prinzip”. Había puesto a parir a una de mis futuras profesoras y a su alumno estrella, pero les parecía increíble que llevando en el país tan solo un año, ya me permitiera bromear tranquilamente sobre Verona Feldbusch, la Bully Parade o Stefan Raab.

Mi primer trabajo de escuela “El Sueño del Caracol”,(VER "EL SUEÑO DEL CARACOL") una historia de amor con tintes dramáticos de quince minutos, me sorprendió con una preselección a los oscar, una nominación al equivalente a los Goya en Alemania y tres docenas de premios internacionales, que hicieron de este corto, uno de los trabajos de primer curso más exitosos en toda la historia de la escuela.
Para la realización de este proyecto, la escuela nos obligaba a respetar previamente unas normas que nos exigían el blanco y negro, la duración y la supremacía de lo visual ante el dialogo.
Las intenciones personales son siempre más poderosas que todo lo demás, y en esta ocasión en concreto, se trataba de realizar algo formalmente clásico. Tirar de la experiencia en video, poner a prueba los conocimientos aprendidos, el dominio de las normas y las reglas cinematográficas. Demostrar y exaltar el formato cine y la presunta profesionalidad con la que, al fin y por primera vez, conseguía trabajar.

“El Laberinto de Simone” es mi segundo trabajo de escuela y se trata de un proyecto muy distinto al anterior. Quizás por que las intenciones también son distintas.
En este caso, lo que sobretodo me importaba era catapultar al espectador a un estado de confusión, temor y angustia similar al de los protagonistas de la forma más radical y pura posible. Todas las decisiones las tome valorando por encima de todo esta intención fundamental.
El cambio del género romántico al de suspense es, indudablemente, el responsable directo de prácticamente el resto de las diferencias entre ambos proyectos, puesto que las exigencias y las características de uno y otro, cambian casi por completo.
Los fundidos en negro y los momentos de oscuridad tienen un papel muy importante en esta historia y ya figuraban de forma rigurosa en el guión. Y es que los sueños siempre surgen y se mueven en un mar de oscuridad. Todo empieza por cerrar los ojos y comenzar a dormir. Así de esta forma, desde la oscuridad, se presenta la figura del padre que como el resto de los adultos, a excepción de la madre, circulan por esta historia sin que se les vea el rostro. Esta fue sin duda otra de esas decisiones que marcan, como anteriormente explico, este estilo algo anárquico y violento en la narrativa. En esta ocasión en concreto se trata de exaltar esa relación casi simbiótica entre Simone y su madre.
La provocación, la predisposición a la experimentación, la insinuación, los distintos looks y la estudiada ambientación son también otros valores fundamentales en “El Laberinto de Simone”.
Cuanto más grande es el proyecto más fe e ilusión hay que tener para poderla invertir y repartirla entre equipos técnicos de hasta setenta personas, que se embarcan a tu barco sin sueldo alguno y cada uno con muy distintas expectativas.
Al delegar de forma irremediable el trabajo en todas estas personas, únicamente en la figura del director esta la responsabilidad de no permitir que la historia se corrompa en un híbrido de intenciones dispares y resultados inesperados.
Después del inesperado éxito de “El Sueño del Caracol”, opté por cambiar de genero, cambiar a la gente de producción, cambiar de asistente de dirección, e incluso de operador de cámara, para descubrir de esta forma, únicamente conmigo como denominador en común, donde esta mi propio estilo, mi sitio en la historia. Donde esta mi trabajo como director.
El Laberinto de Simone ha cosechado hasta el momento más de dos docenas de premios internacionales y es considerado por algunos medios, como el mejor cortometraje del año. Sin embargo, detrás de este cortometraje, para muchos, de aspecto caro y técnicamente apabullante, se esconde el esfuerzo honesto y encomiable de un equipo por trabajar desde la ilusión y la profesionalidad, en lo que no deja de ser un trabajo de segundo año de escuela.
Y es que, aunque la llegada de un nuevo reto, con el listón ya muy alto, nos obligue siempre a no mirar hacia abajo, esto no significa que se nos este impidiendo mirar hacia los lados.

Iván Sáinz-Pardo

Revista de cine PLANO CORTO nº 16 Otoño 2003