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LA MIRADA CIRCULAR![]()
Sebastián le da una calada a su cigarrillo y continua hablando. Ánthony le escucha sin demasiado entusiasmo, a la vez que pasa las hojas del Bild en busca de la sección de deportes. -Lo cojonudo sería tener cada uno su periódico particular, con cabida solo para las buenas noticias que uno quiere leer, con el horóscopo siempre a favor y el parte meteorológico anunciando un tiempo de puta madre. ¿No crees? Así, al menos, la felicidad nos duraría cinco minutos al día. -¡Basler se ha lesionado para todo un mes! -¡Que le den por el culo, al Bayer lo que le sobran son jugadores! Ambos quedan en silencio. Ánthony arroja el periódico a un lado del banco en el que se encuentran los dos sentados. Saca un cigarrillo y lo enciende. Ambos observan la fuente de piedra que hay delante de ellos. Allí dos hombres hacen fotos a una señora de melena rubia y nariz afilada. Ella sonríe y posa, masajeándose el pelo, parece divertirse mientras los dos hombres, van buscando distintos planos y posturas y le van indicando. Sebastián mira por un momento a Ánthony. -¿Alguna vez?... Y la frase se queda ahí, interrumpida en el aire. Esta vez es Anthony quien mira a Sebastián. -¿Qué?... ¿Alguna vez qué? -No sé, se me ha olvidado lo que te quería preguntar. El despacho se queda en silencio unos segundos. -Bueno, no está mal, pero no me jodas que acaba ahí. -Sí, acaba exactamente ahí. ¡Es genial!, ¿verdad? Jonás sonríe, excitado por la expectativa del momento, algo acalorado después de la lectura de su guión. -Es una jodida mierda Jonás, es una jodida mierda y no me digas que has estado siete meses perdiendo el tiempo con esta patraña. Federico había sido durante diecisiete años su editor y se puede decir que técnicamente su amigo, pero lo cierto es que su rendimiento como escritor había disminuido de forma alarmante desde lo de su divorcio y la reacción de su jefe no era de extrañar. -Mira Jonás, vamos a hacer una cosa, hoy tengo mucho que hacer. Márchate a casa, deja aquí el guión y vuelve pasado mañana. Jonas abandona el despacho sin hacer ruido, conoce bien a Federico. -Perdone señor, ¿puedo hacerle una pregunta? La señora continúa hablando sin que a Jonás le dé tiempo a reaccionar. -Le voy a poner un ejemplo, si yo fuese su tía y usted mi sobrino y quisiera hacerme un regalo, ¿qué me regalaría? Jonas vacila, algo aturdido, sonríe sin saber qué decir. -¿Sabe? Nunca me han gustado las plantas, pero todo el mundo me regala plantas. -Deutsche Bahn, inspección, ¿puede enseñarme su billete por favor? Tobías se quita los cascos y revuelve sus bolsillos de mala gana sin decir una sola palabra. Finalmente, encuentra un carnet de color verde y se lo entrega a una señora de gafas que lo examina con aburrimiento. -¿Monatskarte...? Ummm... Está bien, gracias. Tobías vuelve a ponerse los cascos y continua observando a la señora del asiento de al lado que aún habla sin parar, y al señor de barbas, que la escucha, visiblemente aturdido, y sin decir una sola palabra. Al quitarse los cascos para buscar su Monatskarte, ha escuchado un poco de la conversación. La señora, según parece, lleva un buen rato dándole el coñazo sobre no sé que asunto de regalos, plantas y botánica. Pero el hombre aprovecha la interrupción de los controladores, se levanta y se despide, la siguiente parece ser su parada. Quince minutos más tarde entra en un café. Al fondo, sentado en una mesa pequeña y redonda, encuentra a Ánthony que le hace una seña con la mano. -Eh, tío, ¿que tal? -Bien, bien, ¿llego muy tarde? -No que va, yo también he llegado tarde. Llevo aquí sólo cinco minutos. ¿Me traes las cintas? -Sí, las tengo aquí. Te las he grabado anoche que por fin tuve un rato. -Muchas gracias. El Café se encuentra en el centro de la ciudad y en pocos minutos se ha llenado de gente. Jörg y Ánthony han terminado sus cervezas y continúan hablando: -Bueno, pues resulta que cuando está eligiendo un cepillo de dientes, nota que el individuo ese que tiene a su lado se revuelve de forma extraña en el pantalón. Y cuando mira en esa dirección, se encuentra con que el pavo tiene la polla fuera. Sí, tío, en el supermercado. Ánthony rompe a reír a carcajadas. -No tío, no te rías, a mi no me parece gracioso. A mi novia un pervertido le ha enseñado la polla. Ánthony, se limpia las lágrimas, y tratando de calmar su risa, dice a continuación: - Bueno, un exhibicionista le ha enseñado el rabo a tu novia en la sección de droguería de un supermercado, ¿no?, bueno, bien, ¿y qué tiene eso de malo?, tampoco es un drama ¿no? -Jörg, creo sinceramente que estás exagerando. No creo que sea para tanto. Lo cuentas como si por ello tu novia te fuese a dejar o como si se te hubiese muerto alguien. -Ánthony, tío, esto es algo serio. Si no puedo evitar que mi novia sufra este tipo de percances, ¿qué especie de novio soy? Al igual que ayer le ha ocurrido esto, mañana la puede violar un mendigo, o vete a saber. -Vamos hombre, no me jodas, una cosa no tiene que ver con la otra. No es lo mismo un exhibicionista que un mendigo violador. -Sí, ya, ¿pero qué jodido mundo es éste en el que no puedes dejar tranquilamente a tu novia, a tu hermana pequeña o a tu madre ir solas de compras o a dar un paseo al parque sin que un puto pervertido las acose con su polla enferma de enfermo mental?. -Escucha Jörg, si en este país somos al rededor de ochenta millones de personas las que convivimos juntas, al menos la mitad somos tíos. Eso significa que no puedes obsesionarte con tratar de controlar que cuarenta millones de rabos permanezcan dentro de sus cuarenta millones de braguetas. Bueno, y a todo esto, ¿tu novia cómo lo lleva?. -No, si ella apenas le da importancia... -Oye Jörg, mira, no te preocupes más por esto ¿quieres? Gracias por lo de las cintas. Me tengo que ir, he quedado para ir al Imax y ya se me está haciendo algo tarde. -Bien, vale, yo también me tengo que ir, hoy ensayo con el grupo. Ambos salen del café y se despiden. Ánthony acelera el paso y consigue llegar al Deutsches Museum con el tiempo justo. Sebastian ha sacado ya las entradas y le esta esperando en la puerta. Ambos entran en la sala. Tras la película, Sebastián y Ánthony deciden sentarse en un banco. Ánthony hojea un periódico y Sebastián, después de comentar algo a cerca del documental, enciende un cigarrillo. -Menudo día más asqueroso he tenido hoy. ¿Sabes lo que pienso?, creo que existen tres tipos de días, al igual que existen tres tipos de casi todas las cosas. Existen refrescos grandes, medianos y pequeños. Semáforos en verde, naranja y rojo. Camisetas S, M, y L. Existen las buenas clasificaciones, los aprobados y los suspensos. Y por lo tanto, también existen tres tipos de días. Los días buenos, los días normales y los días de mierda. Ánthony, sin desviar la vista del periódico, contesta de forma automática: -Sí, los días de mierda son una mierda. Sebastián continúa hablando concentrado en sus divagaciones, sin tomar en cuenta la escasa atención que le presta en esos momentos su amigo: -Y pienso que los días buenos necesitan de los días de mierda y al contrario y que ambas clases de días se respetan así mismos aún a pesar de ser tan distintos. Y claro, dentro de estos tres tipos de días existen a su vez tres subclasificaciones. Porque los días buenos pueden ser días buenos, días muy buenos, o días de puta madre. ¿No crees? -Sí, sí, de puta madre. -¡Joder tío, no te estás enterando de nada! Sebastián le da una calada a su cigarrillo y continua hablando. Ánthony le escucha sin demasiado entusiasmo a la vez que pasa las hojas del Bild en busca de la sección de deportes. -Lo cojonudo sería tener cada uno su periódico particular, con cabida sólo para las buenas noticias que uno quiere leer, con el horóscopo siempre a favor y el parte meteorológico anunciando un tiempo de puta madre. ¿No crees? Así, al menos, la felicidad nos duraría cinco minutos al día. -¡Basler se ha lesionado para todo un mes! Exclama Ánthony sin prestar demasiada atención a las palabras de Sebastián. -¡Que le den por el culo, al Bayer lo que le sobran son jugadores! Ambos quedan en silencio. Ánthony arroja el periódico a un lado del banco en el que se encuentran los dos sentados. Saca un cigarrillo y lo enciende. Ambos observan la fuente de piedra que hay delante de ellos. Allí dos hombres hacen fotos a una señora de melena rubia y nariz afilada. Ella sonríe y posa, masajeandose el pelo, parece divertirse mientras los dos hombres van buscando distintos planos y posturas y le van indicando. Sebastián mira por un momento a Ánthony. -¿Alguna vez?... Y la frase se queda ahí, interrumpida en el aire. Esta vez es Ánthony quien mira a Sebastián. -¿Qué?... ¿Alguna vez qué? Sebastián, por un instante, siente como si el tiempo frenara su marcha. Sebastián gira su cabeza en dirección a la de Ánthony, y mirándole profundamente a los ojos, continúa preguntando: -¿Alguna vez, estando entre dos espejos, has probado a mirarte fijamente a los ojos? Iván Sáinz-Pardo 10/08/2007 18:16 Comentarios » Ir a formulario
Joder, qué bonito, me ha gustado.
Se nota tu estancia en Alemania. ¿Eh? Saludos. Fecha: 13/08/2007 00:08. |
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