El cine es tan solo un estado de animo y el cortometrajísta un despistado peón alicatando los baños del Limbo. La cruz de un cortometrajísta es convivir con semejante posibilidad, la de quizás nunca llegar a hacer un largometraje. Y sobretodo convivir con la realidad de tener que responder, una y otra vez y como si aún fuéramos cineastas solo a medias, a la eterna pregunta: ¿Y para cuando el largo?
Al igual que el tamaño del lienzo no hace mejor o peor al pintor, sino que tan solo permite más o menos espacio para la narración pictórica de su obra, el cortometrajísta ya es, independientemente del formato, también un cineasta.
El corto es un ejercicio de aprendizaje, una carta de presentación, un anuncio, un paso previo antes de rodar un largometraje, pero también es mucho más. Es en si mismo una pequeña película, una obra real, completa, una historia que únicamente se denomina como tal por precisar de menos metraje y menos tiempo para ser narrada.
Yo me siento como un corredor más acostumbrado a la velocidad y menos al fondo. Reconozco sentirme más cómodo ante los retos a corta distancia, ante las metas próximas, con el formato de los post, de la prosa corta, del relato corto, el de los cuentos o el de los cortometrajes. Es un formato que sencillamente me otorga confianza y que se me da bien para expresarme con precisión.
Otro asunto es que el corto, huérfano de distribución y reconocimiento, únicamente permite ampliar nuestra experiencia personal con una salida comercial y una llegada al gran público muy limitada.
En mi caso, la posibilidad de no llegar a firmar nunca un largo no es algo que consiga aterrarme más que la idea de tener que defender el resto de mi vida un largometraje con la industria cinematográfica nacional en semejantes condiciones actuales. Y que posiblemente la mayoría de espectadores ignoren y desconozcan mi obra tan solo porque únicamente se consiga proyectar en las salas durante algo más de una semana y con suerte. O perder el control durante el largo y duro proceso y encontrarme con un resultado tan evidentemente fallido y lamentable, que resulte absolutamente patético de defender. Me refiero a que tan solo busco y siento la necesidad de encontrar una historia en la que realmente crea, que me ilusione de verdad y que además cumpla el requisito de respetar el formato de los 90 minutos y, a su vez, el gusto y el favor de posibles productoras y de una distribuidora eficaz. Casi nada, por otro lado.
Mis proyectos de largometraje han sido ya varios, algunos de ellos se encuentran en estos momentos en el feo cajón de los proyectos definitivamente fustrados, otros aún permanecen en el tan solo un poco menos feo cajón de la espera incierta. En mi escueto historial como aspirante a largometrajista existen, desde algunos guiones recibidos que no consiguieron engancharme, hasta dos adaptaciones de novela que, por muy poco y por muy distintos motivos, no terminaron de caer finalmente en mis manos.
Luego esta el doloroso desarrollo de mis propios guiones, el de "Ainhoa" y el de "La Frontera Silenciosa":
Ainhoa esta de nuevo en coma. El largometraje aplazó las fechas establecidas de forma indefinida y vegeta en una primera versión de guión congelada y aún en propiedad de mis productores alemanes, Max y Quirin, quienes han hecho un reciente alto en su camino tras su inesperado éxito con su primer largo "La vida de los otros", de mi compañero en la Escuela de Cine de Munich, Florian Henckel von Donnersmark, quien con su primera peli, además de ya haber arrasado en Alemania y en el festival de Cine Europeo de Sevilla, ahora van lanzados a Hollywood con los Globos de Oro y los Oscar. Su representación a Alemania en los premios Oscars 2007 y el enorme éxito que esto conlleva, han obligado a la joven productora a replantearse un poco su carrera donde, lamentablemente, Ainhoa continúa ahí pero ha dejado de ser un proyecto prioritario.
Por mi parte, continúo dedicándole alguna que otra tarde. Hablo con Ainhoa al oído, la susurro nuevas ideas por si me escuchara. Sigo puliendo una historia que llega acompañándome en la cabeza, para bien o para mal, ya demasiados años.
La Frontera Silenciosa se encuentra en fase de tratamiento de guión. Ya con algunos diálogos escritos pero con demasiadas lagunas, aún le falta trabajo y una espina dorsal más sólida y concreta. De cualquier forma es una historia demasiado ambiciosa y compleja para una primera película y de aún quizás demasiado pocas garantías comerciales. La frontera sigue abierta y cuajará cuando le toque.
Hay otras ideas, otros tratamientos, pero son tan solo eso y nada más que eso y no merece la pena ni hablar de ellos aún. Este trabajo maltrata nuestro animo como una montaña rusa el estomago y hay que acostumbrarse a ver caer muchos castillos de naipes.
Hasta el momento todo lo que he rodado ha sido siempre desde la ilusión, de una forma muy natural y sin forzar nada. Solo deseo que cuando me embarque definitivamente en un proyecto de largometraje pueda ser de igual forma y, mientras, prefiero a cambio realizar algunos proyectos menores para pagar la hipoteca.
Y así, terminó aquí un 2006 que fue bastante productivo. Participé con un proyecto audiovisual en la exposición "El Madrid de Alatriste y el Siglo de Oro", que fue recibida con mucho éxito y miles de visitantes en la Casa de Panadería de la Plaza Mayor de Madrid.
También por encargo y en conmemoración con el 500 aniversario de la muerte de Cristobal Colon en Valladolid, he rodado el cortometraje histórico "El Último viaje del Almirante".
Ya por amor al arte y sin presupuesto alguno, pero con muchas ganas y mucho buen rollo, realicé el cortometraje "La Marea", junto a mis amigos Dirk Soldner y Jim-Box.
También termino este 2006 con la presentación de un documental para la Escuela de Cine "Sorin Dragoi, Porträt eines Kameramannes" sobre la obra del Director de Fotografía Sorin Dragoi, con quien tuve la oportunidad de rodar "El Sueño del Caracol" y El último viaje del Almirante. Aquí comparto la autoría y la dirección con mi compañero Philip Escobar Jung.
Sí, sí, majete, ya veo, todo esto esta muy bien: Cortometrajes, exposiciones, un documental
¿Y para cuando el largo?
Pues esto es así, no depende tan solo de uno. Quizás en la puta vida, pero tranquilos, el día que yo sepa algo, este escondite y ustedes lo sabrán también. Mi felicidad, mientras, se proyectará guiando mis pasos, como siempre, por direcciones tan inesperadas y sorprendentes como hasta el momento.