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NO ES UN REGALO

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El amor no es un regalo, es un hallazgo a compartir. Desconociéndolo yo te regalé a ti mis pocas verdades, a riesgo de dormitar a solas con mis muchas mentiras.

Yo creí para ti, a ciegas, haciendo equilibrios con la esperanza mermada, agarrado a los brillos escasos y te regalé mis silencios en pequeñas eternidades, con la aurora deshaciendo la nieve sobre las hojas caídas.

Te regalé mi hombro de cristal para acoger tus lágrimas de plomo, pero ahora nuestros delirios bailan en el pasillo sobre los cristales rotos. Ahora la certeza deja paso al azar en la que los animales solo se dan caza, viviendo la incertidumbre amarga del miedo a la renuncia.

Te regalé mis palabras que se desgastan esculpiendo mi forma de entender los días que se escapan. Pero nosotros controlamos el tiempo. Solo basta con entender que en nuestras manos está comenzarlo todo de cero. Basta con entender que el destino lo vamos forjando poco a poco, recogiendo juntos en la lucha los pedacitos de lo perdido. En la esperanza de que, cuando llegue el ruido ensordecedor de la vida, nos basten las miradas.

El amor no es un regalo, es un hallazgo a compartir y yo a veces no se quien soy, confundido como un niño bajo el aguacero y el llanto. A veces no se quien soy, pero siempre he sabido donde quiero estar. Contigo.

Ivan Sainz-Pardo
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19/02/2017 17:43. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

LA RUTA

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Amigos, gracias por vuestra paciencia. Intentaré como uno de los propósitos del 2017, esta vez sí, estrenar mi nuevo libro de relatos cortos "EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO". 
Pero los retrasos no son siempre malos, gracias a él, podré incluir este mi último texto que espero os guste. !Feliz año a todos!:

LA RUTA

La vibración le despertó. Enseguida supo que algo iba muy mal. 
Los paneles se desangraban en pulsaciones de alerta. Nuevos pitidos iban sumándose al resto en una sinfonía aterradora.
Dormían en literas separadas, en habitáculos separados, así que los espacios comunes también los transitaban separados por sus trajes espaciales. 
Él abrió la puerta de su cuarto, ella dormía. El líquido de neo-hibernación ya enturbiaba sus venas.

Observándola respirar profundamente, pensó en que todo lo bueno que le había sucedido en la vida había sido por accidente. 
Siempre había estado dispuesto a desgarrar el universo de una dentellada, a provocar el fin del mundo sin saber que detrás de las ruinas y el polvo de estrellas no había nada más que la nada más absoluta, sin saber que no necesitaba tener suerte, únicamente deseaba sobrevolar un abrazo sincero. 
Con ella cerca se sentía poderoso y vulnerable a la vez, como un dragón de papel escupiendo fuego por la boca.

La vibración comenzaba a mover todas las cosas. El cuerpo de ella temblaba. A través del hueco de la puerta entreabierta comenzaba a filtrarse una luz azulada y cegadora y sintió la punzada en el pecho de una revelación. Ambos compartían destino pero su ruta siempre había sido errónea.

Una lágrima le sorprendió gravitando caprichosamente dentro de su casco mientras, desde la consola central, programaba una sobredosis de neo-hibernación en ambas literas.

Tumbado con la mirada fija en el techo, comenzó a sentir un mareo y el líquido congelando la sangre a su paso. Los pitidos se apagaron, la vibración se detuvo, la luz azulada fue debilitándose, todo volvió a la normalidad. Silencio.
Quizás, en realidad la ruta era la correcta y nada iba mal. Quizás tampoco había programado la sobredosis de la que nunca más despertarían. Ya en realidad no importaba. Haber descubierto que ella era el antídoto para todos sus finales, significaba a su vez aceptar que él era el veneno para cualquiera de sus comienzos.

Iván Sáinz-Pardo© (En la avioneta sobró un sitio)
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07/01/2017 13:27. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

EL REINO INVISIBLE

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Su reino era invisible. Había dejado de estar, aún mucho antes de seguir en pie sobre un mundo cabeza arriba. Como gallina sin cabeza, era un volcán de lava desangrándose sin isla. Y no le importaba vivir atrapado en su castillo de alquiler mientras todas las miradas se desviasen hacía la ropa de marca tras la que acostumbraba a esconderse. 

Dejó de dormir y su famélica mirada huía como un tren de medianoche de literas vacías. En su cabeza el rey decapitado ya bailaba desnudo con todas las canciones que hablaban de sus hazañas. El viento silbaba, las hojas dibujaban círculos y el rastro de sangre delataban los silencios sostenidos. 

No había dejado de ser, simplemente no había estado nunca. Entre los arboles, dejó de respirar, inútil, como una zapatilla rota y alejada del camino, pudriéndose boca abajo en la acequia, bajo los graznidos de las aves asustadas por los incendios provocados de cada verano aún por llegar.

Iván Sáinz-Pardo (En la avioneta sobró un sitio)
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24/08/2016 03:57. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

SOLAMENTE

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Por solamente un metro perdió el metro a centímetros de vivir esa vida en la que podía levitar sin esfuerzo. Los días se batían en retirada, se atropellaban unos a otros pisoteando los estandartes de sueños moribundos. Las semanas se balanceaban rozando las nubes de lo inalcanzable, los meses se alejaban separados entre si por puentes de ajada y frágil madera.

Le gustaba hacer unos largos para dar largas a las largas mañanas. Bucear era como volar atravesándo el silencio donde su cuerpo desaparece y puede escuchar mejor a los animales que habitan su mente.

Comer cualquier cosa camino a casa, coger la bicicleta para observar con el estribillo la fragilidad que se esconde detrás de las casualidades en movimiento.

Una ambulancia se abre paso atravesándo la mantequilla en la tostada con miel de cada tarde. De un trago las pastillas para dormitar con el murmullo insípido de la televisión de fondo.

Su partida le haría perder la partida, con la cena fría en el plato y rodeada de plantas mustias. Quería saltar en marcha, a ciegas, si eso significaba dejar de estar inerte. Porque estar inerte es como no estar, pensaba sostenida por una respiración que ya sentía extrañamente ajena.

A duras penas sorteando el insomnio llega la próxima mañana. Cierra la puerta de casa. No hace falta reloj, sabe que volverá a perder el metro por un metro, a centímetros de vivir esa vida en la que los mapas esconden tesoros y los cuentos finales felices. 
Hoy no se ha peinado, ni siquiera se ha mirado en el espejo. Tampoco importa, en el metro, agarrados a sus teléfonos móviles, ya nadie mira a nadie.

Sentada en uno de los vagones y con sus pelos de loca, sonríe como boba, pensando en bucear el silencio, saludar a sus mascotas invisibles, sentir el viento sobre la bicicleta y volver a encontrarse en casa con su tostada con mantequilla y miel. 
Su sonrisa se pasa de parada y le toca regresar a pie varías manzanas. Una ambulancia rasga con su sirena el murmullo urbano. Ella la observa pasar y desaparecer calle abajo. Sabe que se dirigen a su casa.

Iván Sáinz-Pardo
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17/05/2016 13:53. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

LA SED

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La sed de su alma rasgó de acantilados y grietas el camino.

El viento arrastraba sus piernas sobre las mejillas coloradas por el sol de la mañana. Los músculos tensos, el ardor de cada cartílago, la mirada sostenida haciendo tiritar la respiración en una taquicarda esplendorosa. Murmullos sordos y todo el tiempo de un mundo hecho pedazos.

Una vez dejadas atrás las ruinas, la velocidad le besó los labios. Cerró sus ojos y pudo saborear el sabor de la mentira de un nuevo comienzo.

Al volver a abrir los ojos, su cuerpo había desaparecido, a vista de pájaro, ya no era ella quien protagonizaba su propia huida.

Iván Sáinz-Pardo

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12/04/2016 14:58. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

EL ARMARIO

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Los que están acostumbrados a que les indiquen qué comprar, qué comer, qué beber, qué vestir, qué ver en la tele, qué leer, como peinarse, a qué sitios ir de vacaciones, qué ídolos del deporte adorar y a qué dioses idolatrar. Los que están acostumbrados a que les indiquen lo que está de moda y lo que no, a qué tener miedo, de qué reir, de qué llorar, qué rechazar, qué votar, qué desear, qué tolerar, qué decir o qué callar. Los que acostumbran a regocijarse en la charca de lo banal, lo superficial, lo masticado, lo precocinado. Los que, a cambio de estas facilidades, ceden a otros su voluntad, su espíritu crítico, su libertad de opinión y pensamiento. Esos mismos serán los primeros en ofenderse cuando tú dejes de mirar a su mismo lado. Cuando apuntes a las contradicciones, cuando hagas las preguntas realmente importantes o cuando menciones las respuestas incómodas, cuando al fin consigas pensar por ti mismo y dejar a un lado la sonrisa de plástico para interrumpir su grotesca fiesta.

Desconfía de la ceguera voluntaria y de quienes pueden dormir a pierna suelta en un sistema tan infame, cruel e injusto. Porque, aunque cueste creérlo o entenderlo así de primeras, cuando todo el mundo a nuestro alrededor parece estar en absoluta paz con nosotros, cuando en la lucha por lo que realmente es importante en la vida no provocamos tensión ni conflictos, significará que ya hemos perdido y que esos mismos que ahora nos sonríen, ya nos tienen reservado un cómodo sitio en el armario de los muertos en vida.

Iván Sáinz-Pardo

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23/03/2016 18:01. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

LA MAÑANA ROTA

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Solías pasear tus mascotas invisibles por delante de mi puerta. 

Aunque desapareciesen los colores, sabías como hacerme sonreír y el dolor dejaba de importar cada vez que nos perdíamos como dos furtivos en aquel bosque inventado.

Un día la paloma mágica apareció muerta, el sombrero de copa estaba vacío, nuestro conejo blanco se había escapado y las rosas se descubrieron de plástico. Recuerdo a partir de ahí nuestras verdades caducadas pudriéndose en la alacena y el café hirviendo derramándose en la espalda de nuestras mañanas rotas. Tú decías sí, con los músculos tensos y como chillando por dentro. Decías que sí, pero tus ojos parecían estar dispuestos a tirarse de un tren en marcha. 
Cada pez con hambre busca un pez más pequeño mientras huye de un pez más grande, pero antes de que se acabara todo, nosotros creíamos sin miedo en la magia de bucear juntos todas nuestras putas inundaciones.

Iván Sáinz-Pardo (En la avioneta sobró un sitio)

30/01/2016 22:39. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

COMO TELA SIN ARAÑA

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Caída la noche infinita de lo que no sucede, tan solo queda alumbrar el camino hasta un nuevo amanecer.

Los minutos se devoran los unos a los otros, como caníbales atrapados en el rabillo del ojo de un Dios ciego. Los minutos desfilán ante nosotros, invisibles como estrellas fugaces huérfanas de luz y sabes que, cada vez que miras en tu interior, resbalas en caída libre. 

Las enfermeras se desgarran en sonrisas mientras aplauden la procesión de ataúdes vacíos. Las horas saltan por la ventana y las semanas abarrotan los hospitales de mi alma confundida.

El cielo se vistió de piel de nube y rompió aguas. Ahora la soledad va dando saltitos sobre los charcos. 
No es perspectiva, no es estrategia, no es la situación, se trata de aceptar las reglas con las que poder respetarnos a nosotros mismos. Apretar los dientes y entender, de una vez por todas, que la vida no necesita un dueño, lo que necesita es a alguien dispuesto a liderarla con pasión y honestidad.

Los años se retuercen atrapados en una tela sin araña y no es que tú y yo nos hayamos perdido es que, esperando a ser devorados por la vida, soñamos con rincones de cielo distintos. 
No importa quienes fuimos, no importa quienes seremos, ¿Para que sirven las alas si hemos perdido la ilusión de volar? Cabalga conmigo los momentos verdaderos, burlemos juntos las leyes que nos anestesian, porque las disculpas solo sirven para los demás y las leyes no están hechas para los muertos.

Iván Sáinz-Pardo (En la avioneta sobró un sitio)

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02/11/2015 20:15. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

EL TREN VACÍO

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Mis sueños nacieron de espaldas, torcidos, esclavos de mis errores y mis defectos. Tú seguías a mi lado pero, en realidad, ya me habías abandonado y mis abrazos desfallecían en un eterno salto al vacío. 
En la siguiente parada, bajé a comprobar si eras tú y el tren no me esperó.

Siempre creí que el camino recto, que la velocidad, que la cantidad son lo mas importante para poder bailar la música que me acercase a ellos. 
Ahora deambulo en silencio bajo la lluvia por el andén inerte de los días.

Pasado el séptimo aguacero, abro los brazos y toco el eco de mis causas perdidas con la punta de los dedos. Los cuervos revolotean, me miran, ansían el sabor de mis heridas. Yo cierro los ojos y el viento, complice, acaricia mi cuello y me mece volando hasta el alba.

Los grillos se esfuerzan en su monótono canto a la vez que la luna guía mis pasos inauditos. El estómago ha dejado de pedir comida, las piernas han cesado de arder. Pronto comenzaré a hablar conmigo mismo en voz alta, de momento solo me susurro tímidamente. 
Cada paso que soy capaz de emprender es como empezar de cero. Han pasado demasiadas noches desde que abandoné las vías del tren y ya puedo oler el salitre y escuchar el bramido del mar. 
Cuando el horizonte se tiñe de azul infinito, una sonrisa quebrada y las primeras palabras en voz alta dan muerte a mi cordura:

-“Escucha, solo se aleja quien tiene un destino y solo se aproxima quien no claudica.”

Abro los ojos de nuevo, miro alrededor, no hay nadie, el tren circula vacío.

Iván Sáinz-Pardo (En la avioneta sobró un sitio)

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08/09/2015 00:43. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

TU REDENCIÓN

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Escribe, como si fueses el último en hacerlo, como si fueses el primero en leerlo y entre tanto, que suceda la vida, como lo que es, una espectacular subida.

Escribe, con las palabras que se presenten desertoras, con los pensamientos clandestinos y acurrucados en trincheras de primera linea.
Un dedo extermina el pasmo de vivir. No es el tuyo. El sonido regresa a los oídos, mientras, un carrusel de sueños incandescentes mecen los días del año que, inertes, van cayendo al barro de bruces.

Escribe, para construir castillos de arena, cobijo para las alimañas que habitan tu alma.
Huele a redención, a vergüenza, a miedo vomitado, a sangre seca. El enemigo baila hacia nosotros con sigilo, asesina con una sonrisa en la cara, vistiendo trajes impolutos. Ellos beben odio destilado, ellos llevan el corazón al otro lado del pecho, escriben estrictamente solo con la izquierda y sus ejércitos acechan desde la cara oculta de la luna, preparados para cabalgar las olas, para alcanzar la comisura de todos nuestros secretos.

Escribe, porque lo nefasto no es ir perdiendo la guerra, lo nefasto es ser un monstruo soñando con monstruos. Lo nefasto es ser un pelele entre los necios para emborracharse con el vino de la paz falsa e infame y mirar tambaleante hacia otro lado donde aún no salpica la herida de muerte.

Escribe, como si fueses el primero en hacerlo, como si fueses el último en leerlo y entre tanto, que suceda la vida, como lo que es, una espectacular caída.

Iván Sáinz-Pardo (En la avioneta sobró un sitio)

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29/07/2015 12:48. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

EL BUCEADOR

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Las perlas las encontraban otros, yo me limitaba a bucear el alma silenciosa de mis días varados.

Al salir de nuevo a la superficie acostumbraba a ser de noche. Lo primero era respirar como si aquella fuese siempre la primera vez, con los labios agrietados por el salitre, sintiéndome embutido en la piel arrugada de un abuelo centenario y escuchar el conversar de las olas con el cielo agujereado en metralla. A continuación, repetir el ritual de los saltitos para extraer el agua de los oídos mientras la luz de la luna regala vida y forma a los arrecifes.

No solía regresar a casa, ignoraba el hambre para pasear por el desierto contando los cactus. Cien y empezar de cero, cien y empezar de cero, hasta que las piernas se despedían y me obligaban a morder el polvo. Al cerrar los ojos pensaba en tus manos, suaves, generosas, ofreciendo, acariciando. La tiritona convertían el recuerdo sutil de tus manos en puños prietos, en barreras bajadas, en pañuelos improvisados para lágrimas predecibles. Y cuando el primer sol del amanecer me devolvía las piernas, me arrastraba con ellas hasta el mercado de las perlas. Invisible, atravesaba la ciudadela atestada de comerciantes y pescadores, cerdos asados, peleas de gallos, puestos de frutas y motocicletas.

En ocasiones, recobraba mi forma humana y alguno de los otros buceadores me paraban para preguntar que demonios me pasaba. Yo volvía al mar en silencio.

Las perlas las encontraban otros porque yo me limitaba a bucear el alma silenciosa de mis días varados, ni para buscar ni para ser encontrado, como hacen los sonámbulos y los locos, explorando esa parte de la vida que los demás tan solo se atreven a dormitar.

Iván Sáinz-Pardo
(Extraido del libro "En la avioneta sobró un sitio" Próximamente de venta en Amazon)

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15/04/2015 21:15. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

EN LA GUERRA SIN NOMBRE

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En la guerra sin nombre, cuando el viento solo le era favorable a los cobardes, él mostraba valentía y sorteaba el fuego enemigo con agilidad. Acompañado del rocío y la brisa de cada mañana moribunda, fue dando un entierro injusto, uno a uno, a los suyos y una muerte justa, uno a uno, al resto. 

Él prestó su chaleco antibalas, su botecito de antídoto, cedió su paracaídas, su mascara de gas y a los más temerosos regaló su pata de conejo, su trébol de cuatro hojas, su cruz, su virgen, su abalorio de la suerte.

Una vez muertos también los días festivos, los fines de semana y las celebraciones de cumpleaños con tartas y globos de colores, compartió trinchera, litera, zafarrancho, polvo, silencios agónicos y las raciones siempre escasas. 
Intercambió los turnos, las imaginarias, prestó sus días libres, cubrió todas las noches. Respetó todas las treguas, menguó las tensiones, soportó el hedor, el calor, el polvo, la humedad. Ignoró las ampollas, las picaduras, los dolores, el escozor de las heridas, el miedo, el hambre, el aburrimiento, el deseo, la tristeza y enmudeció cualquier voz posible dentro de su cabeza. 

Mientras se desangraba el alba del recuerdo de los días felices, él simplemente sonreía a los camaradas y a quien lo requería le ofrecía generoso las llaves de su ciudad intacta y floreciente. Y precisamente cuando estaba a punto de ser declarada la guerra con nombre, sin esperarlo y sin merecerlo, conoció el fuego amigo. Conoció el fuego amigo para morir como mueren siempre los mejores, sepultados en vida en la gracia del silencio.

Iván Sáinz-Pardo (En la avioneta sobró un sitio)
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11/03/2015 02:31. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

TU CARTA

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La teta de mamá sabía a café con leche, sus besos a pipas saladas de girasol. El sol viajaba en su sonrisa y sus palabras de colores transformaban nuestros sueños en trampolines de chocolate negro.


Detrás de aquella mirada golpeada, las sombras le jugaban caprichosas al escondite, se paseaba con ellas humeando un Ducados, agarrada siempre a aquella botella de agua mineral y a un bolso repleto de mecheros prestados.

Detrás del balbuceo errático nunca dejó de reclamar una única cosa, un único regalo, solo había algo verdaderamente reconfortante en la huida. Mamá solo quería una carta, una carta escrita a mano y con mucho amor dentro. Pero hay cartas que nunca llegan porque se siguen escribiendo con la tinta eterna de los besos verdaderos.

La teta de mamá sabía a hogar y a cobijo, a silencio en el bullicio y sus besos eran monedas al aire sobre pozos infinitos.

Iván Sáinz-Pardo (En la avioneta sobró un sitio)
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02/03/2015 20:25. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

NADIE

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Dices que tu angustia es una catarata por la que te arrojas cada madrugada. El pulso se detiene y desapareces entre la espuma. En la caída solo conjugas tu vida en tercera persona y cuando la luz desaparece, aporreas la puerta de tu embajada en el mundo. Nadie responde.

Nunca fue lo mismo estar en casa que sentirse en ella. Nunca fueron furtivos aquellos besos que en libertad no cometieron delito.
A veces nos desgarra el silencio como el llanto sordo de una despedida interminable. De golpe dejamos de sentirnos dentro de nuestros zapatos y nuestro corazón se olvida de cómo sentirse a la medida de nuestro pecho encogido. Sales a buscar, gritas por dentro, nadie responde.

Sales a la calle. Acudes a la cita a ciegas contigo misma en una habitación de hotel en ruinas. Te sientes nube pasajera, maleta de viaje extraviada, mascota huerfana de nombre o dueño. Bailas sola el hilo musical de un ascensor sin números. Desandas las calles, evitas los espejos. Las sonrisas ensayadas se te atragantan, las medias noches parecen solo noches a medias y tus respuestas se vuelven crucigramas resueltos por gente ajena a tus preguntas. Nadie responde.

Era más divertido cuando la vida nos buscaba por todas partes, cuando la vida aún se jugaba y los amigos compartían su tiempo a cambio de nada.
Cuando llegó el abrazo este ya fue incapaz de reconfortar la derrota. Ahora tú mirada solitaria ya no acepta regalos ni atenciones. Ahora tú mirada perdida es la que juega al escondite entre las sombras. ¿Donde estás? Nadie responde. Las almas gemelas son mudas porque no necesitan palabras para encontrarse.

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14/02/2015 20:19. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

MAREA ROJA

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Cada vez que hablabas el mundo se detenía, cada vez que callabas el mundo seguía dando vueltas. Pero ahora caminas solo, trastabillante, sobre los restos de una civilización condenada a la extinción.

Pensamos, durante siglos, que la muerte era lo fatal, sin tan siquiera imaginar que la vida era la verdadera catástrofe. Era más fácil para todos evadirnos cuando teníamos un billete de vuelta. Pero hemos quemado las naves, hemos destruido los puentes, hemos dejado perder las cosechas, hemos ignorado las señales, las advertencias, hemos violado uno tras otro, todos los pactos con lo verdaderamente importante.
Ya no somos imprescindibles más allá de los mundos imaginarios, nuestro oro no vale nada ni los números en el banco, ni las estadísticas, las victorias o las derrotas, todo se difumina en la arena del olvido cuando regresa la marea.

Comenzó a diluviar agua de colores, como si el arco iris se derritiese con el sol abrasador. El arco iris dejó de ser y de existir, escondido en desagües y tuberías y la lluvia terminó por desaparecer desatendiendo la vida sobre la tierra.

Primero se secaron las plantas, los árboles, luego se precipitó la muerte, como si esta tuviese mucha prisa, como si aún tuviese algo más importante que hacer después de arrasar con todo. Las calles se llenaron de trampas con luces de neón para ratones hambrientos, para hombres desesperados y almas grises y despiadadas. Y con ello la vida dejó de ser un regalo, ahora costaba un precio inaudito, cada vez más difícil de asumir por nadie.

Al final solo nos quedó la resignación, hacer obedientemente la cola para saltar al abismo, impotentes, con nuestros números de turno arrugados dentro de nuestros puños cerrados. Nuestras almas fueron evaporándose como lágrimas al sol, los cuerpos fueron hacinándose en bellas dunas de polvo hasta que el silencio se apoderó de todo.

Ahora, moribundo, con el cielo convertido en una lengua de fuego, paseas sobre las ruinas de nuestra civilización, atravesando un aire prácticamente irrespirable, creyéndote el último ser vivo sobre la tierra. Cuando tus piernas ceden, en tu interior sabes que nunca más volverás a ponerte en pie.

Los minutos, las horas se retuercen, la sed es insoportable y cuando estas a punto de claudicar, se te acerca una mujer mayor con el pelo chamuscado y la ropa hecha jirones. Se acuclilla y te observa en completo silencio.

-"Pensaba que era el final, que ya no quedaba nadie. Creía que estaba solo.“ Exclamas en un quejido.
La mujer continúa observando tú agonía durante varios segundos, entonces se acerca a ti para susurrarte algo al oído. Prestas atención sin imaginarte que, aquellas, iban a ser las últimas palabras que se pronunciarían sobre la faz de nuestro denostado planeta:

-"Este es el final. El final fue lo primero que se escribió cuando empezó todo lo que hoy conocemos. La vida nunca termina, solo terminan las historias, por eso no hay que desesperarse tratando de entender nuestro mundo, tan solo hay que luchar por encontrar un papel digno en nuestra propia historia. La tuya y la mía, la nuestra, termina aquí."

La mujer sintió una leve brisa acariciar su rostro medio abrasado. No se trataba del viento, tan solo era la penúltima alma volando hacia el infinito de los días.

Iván Sainz-Pardo "En la avioneta sobró un sitio"
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19/01/2015 20:11. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

ALAS DE FUEGO

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Bajo la luz de la luna, el ave fénix, moribunda, vomita sangre. Se lame las plumas en el lodazal junto al rio de la vida mientras las ranas, a su lado, croan debatiendo sobre su destino.

El ave fénix maldice su suerte, lamenta el ala rota, la fatal caída. Ya no se siente parte del mensaje, ya no parece respetar el guión en el que creía.

El ave fénix sabe que nunca más volverá a volar, pero gasta sus fuerzas de flaqueza abatiendo nerviosa su ala buena. Las ratas de agua ignoran el aleteo, en sus túneles conspiran y planean su dominio mundial, se pelean entre ellas sin ponerse de acuerdo en nada.

El ave fénix se niega a reconocer la nueva perspectiva de no renacer. La estepa arde en el horizonte, centellas de fuego lamen la noche mientras los buitres sobrevuelan inquietos, oteando el insomnio y la desesperación, acechando la carroña ajena y los suenos moribundos.

El ave fénix apenas siente su cuerpo. El ave fénix ya no cree desde la cordura y tampoco le hace falta. Sabe que su destino no es cuestión de fe. Observa la luz anaranjada en el cielo que se le revela como señal.

Una ráfaga de viento anima su aleteo sorteando los buitres, alejándose del croar de las ranas, de los chillidos histéricos de las ratas y remonta con orgullo el vuelo rasgando la luna en dos partes.

Desde los cielos, con la primera luz del día, sobrevuela con coraje la superficie humeante y las cenizas, otea el rio y observa a los buitres despedazar y devorar su cadáver despojado y vacío.

La distancia entre el último suspiro y el primero siempre es un camino a casa por recorrer. La voluntad alimenta el alma y esta, cuando se forja poderosa, no precisa alas para volar.

Iván Sáinz-Pardo ("En la avioneta sobró un sitio")
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14/11/2014 14:09. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

TUS DAÑOS COLATERALES

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Mis sueños son latidos de una estrella muerta irradiando en las noches que ya no compartimos. Tienes razón, no soy muchas cosas agarrado a las pocas cosas que me dibujan.

Mis sueños se tropiezan contra tus muebles de diseño, se pierden por los pasillos de tu fragilidad. Tienes razón, soy culpable de más de lo que admito y de romper una y otra vez nuestro reloj.

Mis sueños son tus daños colaterales y a veces veo monstruos donde hay esperanza. Tienes razón, pero estoy cansado de pisar la frontera que nos convierte en enemigos.

Mis sueños son tus dioptrías en la única mirada capaz de ahuyentar las alimañas. Tienes razón, es la vida la que nos convierte en duelistas cegados por la luz del sol.

Mis sueños vagan solos, sin rumbo, boicoteando finales felices, improvisando los días que no volverán. Tienes razón, dejo pasar muchas cosas, pero es que son muchas las cosas que pasan por dentro y que no quiero dejar marchar.

Mis sueños son un hogar tan chiquitito que dentro no quepo ni yo solo. Tienes razón, nunca abro las cartas, nunca termino las cosas que empiezo, pero te fuiste sin saber que yo por ti siempre estuve dispuesto a empezar eternamente.

Iván Sáinz-Pardo (En la avioneta sobró un sitio)

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23/09/2014 15:54. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

NAUFRAGIO

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Odiabas cuando cortaba los trozos de tomate demasiado grandes. Podría ser un agujerito insignificante en la proa o un agujero negro dispuesto a engullirlo todo en un bulímico Apocalipsis. Vomitar después contra las nubes, llorarle al agujero de ozono, chapotear las olas, escuchar la sinfonía de las gaviotas esperando nuestro final.

Yo siempre estuve dispuesto a asesinar mis mejores planes, a menospreciar las referencias, a flirtear con la improvisación, a no seguir pautas ni reglas. Siempre estuve dispuesto a destruir mis ciudades deshabitadas, a construir sueños de neón en el desierto y a veranear los largos inviernos sin pasar a recoger de facturación mis maletas. 

Tú amabas los detalles que a mi se me escapaban, porque pocas veces motivaban mi inteligencia emocional, eran colores para la cubierta, cubertería para el restaurante en el que la comida se nos pudría sin servir. Y a mi me estallaba la cabeza entre sueños rotos e ilusiones desangrándose en nuestras bodegas. 
Achicábamos agua salada apenas ya sin mirarnos el uno al otro. 
Algunos aún tenían Paris, nosotros aún teníamos Berlín. Solo habíamos compartido un par de frías noches y una de aquellas palmaditas al ego que a mi siempre me importaron una mierda, pero Berlín era nuestro faro, nuestra isla donde empezar de cero. 

Odiabas verme fumar tanta hierba, confundido y solo, porque sabías que colocado pensaba demasiado, viajando sin ti como polizón de todas mis profecías. Los colores iban desapareciendo, nuestras voces iban perdiendo su eco y nuestro reinado seguía degradándose sin remedio.

El sol abrasaba la piel, la sed nos estrujaba el estómago, nuestras piernas pesaban toneladas de contrabando en controles fronterizos que siempre aparecían de la nada. Dejamos de creer, dejamos de buscar las estrellas, tú agarrada a la vida, yo preocupado por quemar todos los puentes.

El barco se hundía desgarrado por un iceberg que nunca quisimos ver hasta que estuvo demasiado cerca. No podía más, pero seguía insensatamente enamorado de tu risa, me agarraba a ella como a una tabla en un naufragio.

Justo antes del colapso, juntos en el vacío, nos miramos con lágrimas en los ojos. ¿Qué estamos haciendo? Es hora de salir corriendo, de decirnos adiós y salvarnos cada uno por su lado o seguir esperando para hundirnos los dos juntos. 

Me dejarías marchar, con ello salvaríamos nuestras vidas. Yo mientras cortaba para nosotros los pedazos de tomate demasiado grandes, como icebergs gigantes para cada una de nuestras tormentas, sin saber aún que, el tiempo perfecto para nosotros, nunca llegaría.

Iván Sáinz-Pardo "En la avioneta sobró un sitio" ©2014

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25/06/2014 04:35. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

PROTAGONISTAS

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A la verdad no se la encuentra, se le invita a pasar dentro. El cielo está en la tierra, el infierno está en la tierra. El cielo es donde van a morir los sueños que no se pueden alcanzar; el infierno es el sótano para almacenar las plegarias que dan vida a nuestros dioses de cartón piedra.

Estoy cansado de frecuentar los lugares equivocados y de regalarle mi tiempo a las personas menos indicadas. Escogiendo los instantes menos oportunos, dejando escapar los trenes de vuelta a casa.

A la verdad no se la busca, se le invita a regresar. Nunca todo te es suficiente, agarrada a la nada en un mar de lágrimas como quien se agarra a una boya. ¿Quién soy yo para darte consejos? Si veo tu patalear desde el fondo del jodido océano.

Estoy cansado de balbucear los trocitos de mi alma desgarrada. Con el miedo a abrir las puertas y las ventanas de mi escondite por si el recuerdo de quien siempre quise ser se escapase para siempre.

A la verdad no se la espera, se le invita a compartir el camino. Nadie nos contó que la felicidad produce miedo. El vértigo del silencio cuando estamos solos. Conformarse con la oscuridad del patio de butacas es lo más sencillo, pero hace falta más valentía y coraje para luchar por nuestra verdad, por la luz que nos expone ante el reto de vivir plenamente, esa misma luz que nos convierte en protagonistas de nuestras propias vidas. 

Iván Sáinz-Pardo "En la avioneta sobró un sitio" ©2014

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08/06/2014 19:18. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

LAS LLAVES

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Por temor a las respuestas comenzó a no hacerse preguntas y la mentira le enmudeció el alma, acurrucada en un pecho atravesado de medallas. Y era por culpa de los agujeros en el pecho que bebía tanto, todo el alcohol parecía siempre poco y los días se le escurrían por los suelos de tascas y bodeguillas. 

El caminar incierto, el olor a derrota y su nariz de aspecto tuberculoso y azulado ya delataban la falla a distancia. Todo su dinero terminaba por ser dinero suelto para alimentar tragaperras de bares de viejos y financiarle el chiringuito a los chuloputas de la calle Montera. 

La luz del día solo para desmayarse en el sofá de su pocilga, la luz de las farolas solo para mear trincheras y bailar en campos de minas. Cada subida cautiva y cada caída libre para, cada una de las veces, terminar malherido y en tierra de nadie.

Cuando aquella vecina le vio en el portal tambalearse agarrado a aquella carta certificada, le preguntó enseguida que qué ponía. Él levantó la mirada lentamente y observó a aquella maruja despreciable, siempre alerta en el rellano, con un trapo del polvo y disimulando sin ningún talento.

Un perro patada apareció de dentro de la casa, desgañitándose a ladridos histéricos que siempre se multiplicaban insoportablemente debido al eco del portal, tal y como sucedía cada una de las veces que se abría aquella maldita puerta. Él, ignorando por completo al chucho, la miró tan solo a ella, con una mirada perdida, estrellada en algún otro rincón del universo. La miró como si en realidad ella no estuviese ahí delante. 

-!La carta! repitió la mujer. Y él reaccionó entonces, como si ella se le hubiera aparecido de repente y por sorpresa, para regalarle una sonrisa espléndida, verdadera, la última. Y cuando la sonrisa se derrumbó al suelo para partirse en mil pedazos, él estrujó la carta y se la metió en el bolsillo. Se dió la vuelta, caminó unos pasos y abrió con sus llaves la puerta de su piso.

Una vez dentro, observó el desorden, el caos absoluto, los restos de comida, la ropa tirada, la silla de ruedas de su mujer muerta, toda aquella suciedad inundando cada una de las estancias.

Cerró la puerta desde dentro con llave y las dejó puestas. Miró su reloj. Aún le quedaban un par de botellas medio llenas en algún lugar de la cocina y un puñado de horas medio vacías para emborracharse por última vez antes de recibir a la policía.

Iván Sáinz-Pardo

"En la avioneta sobró un sitio" Iván Sáinz-Pardo©
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COMO SI TODO

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No se paró a esperar a que se abriera la tarde. Ni siquiera se molestó en buscar el paraguas, sin embargo, abandonó aquel oscuro apartamento cargando con una pala de la mano. Salió disparado por la puerta, sin cerrarla a su paso, como un dardo en busca de su diana. No se sentía certero, pero en esa ocasión bien se conformaba con agujerear cualquier cosa que se pusiera a tiro.

Sin inmutarse observó fugazmente una cigüeña atravesar boca abajo aquel cielo nublado. Siguió andando como si nada y como si todo, que era una forma de levitar sobre los acontecimientos y observar su vida desde lejos.

En el parque se fijó en unos caballos bebiendo tranquilamente de una fuente. Hacían cola pacientemente y desfilaban dando saltitos como en una exhibición equina sin público. Ignoró tan singular espectáculo y comenzó a cavar junto a un árbol. Lanzaba la tierra a un lado, incansable, formando un montículo cada vez más alto.

Sintió el sudor calando su camisa. El corazón trotando al galope. Pensó en su madre muerta y se la imaginó con vida, después de todos estos años se la encontraba como si nada por la calle. Era una vagabunda demente que ni le reconocía. Se imaginó paseando con ella, en silencio, hasta que una explosión lo devolvió de un manotazo al parque. Tras aquel estruendo inaudito llegó un temblor que agitó todos los arboles de un golpe y que, por muy poco, no le hizo caer dentro del agujero que estaba cavando. En el horizonte, en completo silencio, un gigantesco hongo nuclear comenzó a alzarse, majestuoso y aterrador. Una brisa leve hizo murmurar las hojas. A varias manzanas despertaron distintas sirenas de alarmas de coches pero Andres, como si nada y como si todo, ajeno al resplandor y al bailoteo de las nubes en el cielo desangrándose a sus espaldas, volvió a agarrarse a la pala para continuar cavando.

Su madre continuaba muerta, el paseo con ella en su imaginación no regresó y pasaron los minutos al ritmo del sonido de la pala clavándose en la tierra.

Un niño vestido con pantalones cortos y camisa blanca de mangas cortas se le acercó por detrás, como aparecido de la nada. Le observó allí sin decir palabra alguna durante unos segundos mientras Andrés jadeaba con cada palada. El niño exclamó entonces:

 -Esto no es un sueño.

Pero Andrés no se giró, no respondió, no dejó de cavar, como si nada, como si todo y para cuando terminó de hacer aquel agujero enorme, el niño ya no estaba allí, tan solo había un poderoso rugido, grave y creciente acompañando aquella lengua de fuego que se aproximaba en el horizonte arrasándolo todo a su paso.

Andrés se quitó los zapatos despacio y los dejó con cuidado al lado de la tumba. Se introdujo dentro y se estiro boca arriba. Cerró los ojos, respiró hondo y sonrió, como si nada, como si todo, sintiéndose, por primera vez en toda su vida, en el centro mismo de la diana.

Iván Sáinz-Pardo

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31/03/2014 19:15. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

LA ISLA

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Con el ojo derecho solo sabía mirar de reojo y había perdido el izquierdo en una guerra no declarada contra sus propios fantasmas. 
A veces aún soñaba con aquella isla salvaje, con aquella jungla hostil donde siempre creyó que acabarían sus días. Y es que aquellos días resultaban interminables, orbitando peligrosamente a su alrededor, disimulando el agotamiento y protagonizando la pose de una vigilancia a ratos inexistente, pues las noches allí nunca servían para dormir. 

En aquella isla su destino era una bandera al viento con una calavera y dos huesos, impredecible, siempre dispuesto para el abordaje de cada una de sus esperanzas por despertar de aquella pesadilla. 
Ahora, de nuevo en su casa, cada vez que despertaba, se levantaba bañado en sudor frío, le gritaba a la oscuridad del cuarto, lloraba impotente, agarrado a las sabanas empapadas.
En el pasillo creía escuchar los rugidos de alguna bestia, el miedo de ojos brillantes sobrevolando el techo de su apartamento. Y entonces las paredes desaparecían, la cama, los muebles y regresaban los sonidos que nunca le abandonarían y la luz plateada de la luna. 

Le daba miedo hablar solo, se había prometido no volver nunca más a hacerlo, temía escucharse dentro de su mente. Se rehuía, evitaba los espejos, luchaba por acatar la convivencia sin la bipolaridad acostumbrada tras tantos años de soledad absoluta. Intentaba sobrellevar un día a día sin compromisos, sin comentarios personales, solo mirando hacia delante con el rabillo del ojo derecho para abrir puertas sin preguntar y cruzar las autopistas de su regreso a la sociedad a ciegas, sin atreverse a mirar a los lados.

Un grito desgarrador le devuelve a su cama. Como un autómata se viste la primera ropa de abrigo que encuentra, aún con el pelo mojado por el sudor y ese gusto salado en los labios recordándole al mar embravecido. Cierra la puerta del apartamento de un portazo.

Llueve en la calle, el viento arroja las gotas sobre su cara, le saluda una tormenta de fin de verano que se le ofrece salvadora como un bautismo, que le espabila lo necesario como para verse capaz de encarrilar la avenida desierta. Los coches aparcados, los comercios cerrados, un par de taxis en busca de clientes y un gato que corre para refugiarse debajo de una camioneta de helados aparcada junto a un supermercado sin luces. 
Camina pisando charcos hasta desembocar en el parque central. Allí llega a su banco de madera y respira hondo. Bajo una lluvia que poco a poco amaina, ignorando el frío y casi a oscuras, decide como cada una de las veces, esperar allí sentado, pacientemente, a la primera luz del nuevo día. 

Una paz le inunda sedando su respiración. Una neblina gravita sin atreverse a tocar las aguas del lago. Al otro lado, bajo la luz anaranjada de una farola bailotean los murciélagos. 

Pasan los minutos. Sus párpados pesan como lápidas de mármol, sus ojos palpitan sin poder evitar el agotamiento. Se sacude en un no, da un resoplido. Es entonces cuando se percata del sonido de los grillos. ¿Estaban allí antes? Presta atención y ahora escucha el aleteo de un pájaro de gran tamaño sobre su cabeza. Una sombra se posa delante del banco. Se frota los ojos. Un pelícano se aproxima un par de pasos y lo observa curioso. 
Al incorporarse sorprendido, advierte como otro ave se posa junto al pelícano, es un pájaro tropical de pico rojo y una larga cola blanca. Se escucha a continuación un ruido sordo, una nube de aleteos y chasquidos sobrevolando su cabeza. Su respiración se acelera, su pecho parece menguar, le flaquean las rodillas a la vez que puede ver con estupor como docenas de piqueros, gaviotas de lava y petreles comienzan a posarse rodeándolo. El sol asoma en el horizonte, los reflejos sobre el agua se le clavan como flechas atravesándole el cerebro y las aves comienzan todas a cantar al unísono. El pequeño lago en frente suyo se transforma en un inmenso mar enfurecido y el sol termina de salir tras el horizonte para cegarle. Retrocede dos pasos. El banco ha desaparecido también. El aire a su alrededor se vuelve espeso y le resulta irrespirable, todo se oscurece de un golpe y desfallece. El suelo, al contacto con su cuerpo, cruje para terminar cediendo en una caída infinita. Silencio.

Al volver a abrir el ojo derecho descubre una iguana mirándole fijamente. Escucha el sonido del mar de fondo, observa la vegetación espesa, siente el calor húmedo insoportable. La iguana marcha, pero él permanece inmóvil sobre el suelo junto a un árbol centenario, llorando en silencio, acurrucado como un niño, exactamente como lo hace cada mañana, como ocurrirá todas y cada una de las mañanas que lo verán despertar en esa condenada isla.

Iván Sáinz-Pardo

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24/03/2014 01:03. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

INVASIÓN

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La conjura siempre sonríe, seduce, invita. Se bambolea en destellos atractivos, flirtea con labios abiertos y ojos cerrados, con manos abiertas y botas de cuero.
No son ciudadanos, no son personas, son manada, una camada de malnacidos, de almas deformes, con rostros de conejo, extremidades reptiles y sonrisas petrificadas.

Llegaron guiados por el sol, nos visitaron por azar, ni siquiera existió nunca un plan para la invasión. Entraron por la puerta dimensional, se asomaron en un despiste en el espacio-tiempo, miraron con hastío por la mirilla a través del agujero de gusano. Allí estábamos nosotros, sujetos a un susurro cósmico, a universos mentales inexistentes, aletargados en la ignorancia de creer en la gran mentira de la humanidad, en la estupidez de creer que, la bombilla contra la que chocamos como polillas tristes, era una estrella dueña de todo un sistema solar. Allí estábamos inventando palabras, sueños, contenidos, jugando con cartas amañadas, creyendo saberlo todo sobre la nada.

Inventamos coronas, mitos, dioses y credos. Construíamos civilización a base de escupirnos en la cara una y otra vez adorando al viento, hipotecándonos al sonido de las trompetas del apocalípsis y para todo ello construíamos escaleras al cielo, enormes cristaleras de colores, escribíamos fábulas alrededor del fuego en el que quemábamos y destruíamos todos lo que nos acercaba a la verdad. 

Y ellos llegaron sin avisar, aunque no hubiera importado lo contrario pues ya eramos presa de la confusión mucho antes de aquel día. Y no hubiera importado si hubiese sido una noche, un minuto, un segundo o una fracción casi invisible. La conjura nos observó haciendo equilibrios confiados en una red inexistente, esperando ver que pasaba, no nos preguntaron, al fin y al cabo solo eramos una fugaz plaga, un experimento fallido, mala hierba, un manchón, una neblina espontánea en la claridad eterna.

Iván Sáinz-Pardo© 2014

"En la avioneta sobró un sitio" Iván Sáinz-Pardo
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12/03/2014 01:27. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

EVA Y LA LUNA

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La falta de gravedad nunca fue un problema, pero mis ofrendas no siempre llegaron a tiempo a mis alumbramientos. Mi voluntad es una estrella fugaz que me rehúye y me invita a mirar el cielo con esperanza.

En una carambola terminé cumpliendo un sueño y ahora es el cielo infinito quien me mira a mi, embutido en un traje espacial.

El único tango que recuerdo haber bailado nunca fue sobre la parte oscura de la luna. No había testigos, solo un planeta azul externalizando los costes de nuestro viaje interplanetario.

Siempre detesté el mate, pero aquel, en tu compañía, me sabía a gloria y a salvación. Bebíamos mate con pajita por el bebedor automático de nuestros cascos mientras observábamos los destellos dorados punteando la ionosfera. Yo me imaginaba sentado delante de un lago al atardecer, con decenas de peces lanzando áureos guiños con cada beso a la superficie. Tú llorabas imaginando los hongos nucleares desgarrando millones de vidas, arrasando las ciudades y secando los mares. En cualquier caso, no habría vuelta a casa.

Ahora tú te derrumbas, puedo escuchar tus sollozos a través del intercomunicador. Me acurruco a tu lado, pego mis casco junto al tuyo.

-Es el final, ¿no vas a decir nada? Me preguntas.

-Eva, estar sin ti es como morir cada día bajo fuego amigo en una guerra no declarada.

-¿Como?

-Que te quiero, siempre lo he hecho. Ser astronauta, ser el mejor de todos y el elegido para acompañarte en este viaje es lo único que he ejecutado con éxito en toda mi vida. Estoy en la luna solo por ti.

-Pero... Pero vamos a morir. Todos han muerto ya... ¿Acaso no tenés miedo, boludo?

Y fue entonces, cuando yo te miré con una sonrisa tontorrona, con esa sonrisa suicida que delata a los enamorados. Y el miedo desapareció de tu rostro.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2013

17/12/2013 11:29. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

TUS GALERAS

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Eres importante, eres una mierda, tu opinión cuenta, nadie te escucha, compra, vende tu alma, estas gorda, el interior es lo que cuenta, se feliz. ¿Estás triste? Compra. Prueba el sabor, adelgaza, vota, miedo, gasta, crisis, eres insignificante, felicidades, eres feo, prohibido, no puedes, todo a tu alcance, moda, no hay dinero, no, no, tampoco... no mires. Ahí sí, mira. No. Haz realidad todos tus... compra, entretente, no hay tiempo... prohibido. Cierra los ojos. Respira. Piensa en algo bonito. Eres tú, creándolo todo, desde el principio. Controla lo que sientes y pintarás los días del color que tú quieras. Abre los ojos. Comienza a escoger sin miedo. Es mejor ser el capitán de un navío sin bandera que esclavo en las galeras de una bandera ajena.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2013

09/12/2013 17:25. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

LA MITAD DEL MIEDO

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He salvado el mundo interior de mi mejor enemigo. Sin embargo, antes de descorchar el champán, descubrimos que algo había cambiado. Ya era lunes.

El mundo se acaba. Pasé la vida soñando con finales catastróficos. Ahora simplemente los días de la semana van desapareciendo. El tiempo se encoge. El tiempo merma y nos engulle. Ya no existen ni los viernes, ni los Sábados, ni tampoco los Domingos. Las semanas ahora solo tiene cuatro días y la mitad del miedo se cuenta en segundos. La mitad del miedo engorda con Clembuterol de vacas flacas y de rabillos de ojos diseccionados. La otra mitad es una sombra famélica, un infante huérfano, una estrella que ya no guía. Y la gente se junta silenciosa en los parques para llorarle al cielo.

Una mitad de nosotros quiere creer, la otra asegura que únicamente somos el experimento abandonado de un Dios solitario y con Alzheimer.

Es jueves. Ya no se escuchan los disturbios, han cesado los disparos y los gritos. Ahora tan solo somos dos almas condenadas a compartir un mismo cuerpo.

Estoy paralizado. El pánico me sujeta con dedos de bronce. Los minutos conspiran. Las horas murmullan sobre mi y yo les grito:

-¡Muy pronto ya no existirán los jueves!

La otra mitad del miedo rompe el espejo de un puñetazo. Me mira implacable y exclama:

-¡Espabila imbécil! No pienso quedarme aquí contigo de brazos cruzados. Yo los jueves suelo vomitar kriptonita y defecar happy ends. Naci de culo, pero moriré de cara.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2013 

19/09/2013 12:10. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

MICROCUENTO X

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"Sus cuerpos vacíos se amaban en aquel barco a la vez que sus almas naufragaban en islas distintas." 

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2013

HIBERNACIÓN

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Caminar la nieve siempre le resultó excitante, como el reto de enfrentarse a una página en blanco en la que moldear sus pensamientos, en la que ir dejando sus huellas.
Llamaron a la puerta y no fue a abrir. Nunca solía abrir la puerta de casas imaginarias. Prefería bailar y dar gritos en el bosque, dormir junto a los riachuelos o morar las guaridas de los animales salvajes que dibujaba sobre las servilletas de la cafetería de aquel feo edificio con olor a una mezcla entre anestesia, lejía y orina.

Me contó como especialmente elegía las guaridas más amplias, las de los osos pardos. Gustaba de acompañar sus periodos hibernales y mientras estos dormían, él solía acurrucarse al calor del pelaje. Cerraba sus ojos y escuchaba las respiraciones profundas, los latidos lentos y pesados de sus corazones que lo mecían hasta regalarle el sueño. Pero ya ni en sueños recordaba el calor de los abrazos de verdad, más allá de las guaridas de las bestias que solía visitar con cautela.

Las fotos que se llevó consigo de aquel apartamento las extravió una tarde de lluvia. Ahora juraba odiar todos los jueves a partir de aquel que le arrebató el primer color de su arcoíris. 
No terminaba de acostumbrarse a no recordar las cosas, ni las más importantes ni las más insignificantes. Su cabeza, con o sin la medicación, fusilaba los recuerdos noche y día en una especie de irremediable genocidio mental. Las ideas corrían en pánico por la nieve hasta caer de bruces con un agujero en la espalda.

Me miró a los ojos y me preguntó si yo sabía si a él le gustaban los espaguetis con tomate. Llevaba tiempo sin probarlos, puede que mucho, puede que varias vidas enteras. Lo suficiente al menos como para no recordarlo tampoco. Eso sí, aún recordaba la habitación vacía de Elisa. Extrañamente solo la recordaba vivaz, hermosa, de arrebatadora juventud. Aunque puede ser que nunca la hubiese conocido de otra forma. En cualquier caso, joven o vieja, cuando lo abandonó se llevó hasta el colchón de la cama de matrimonio. Aquello fue un gesto extraño, a pesar de que él llevaba meses ignorando el colchón, pasando las noches solo, acurrucado sobre el frio suelo debajo de la mesa de la cocina. Aquel era el único lugar de la casa que le devolvía la paz. Y el creía volver a escuchar la respiración animal, el pálpito vital. El dolor de espalda le ayudaba a sentirse vivo. El desgarro en los hombros entumecidos le mantenían alerta en la butaca del cine en el que se proyectaba la que parecía ser su vida. Ella lloraba por las noches y después, por las mañanas, lo miraba preocupada mientras se preparaba el desayuno.

Él ahora la recordaba desnuda, sentada sobre aquel colchón que compraron con la primera paga de aquel trabajo del que le despidieron pocos meses más tarde. Solo retenía vagos trazos, siluetas, sombras y fotos rasgadas. Solo recordaba toda aquella sangre en las manos de ella. O quizás fuese tomate pues olía a pasta cociéndose a fuego lento.

Una mañana ella no apareció para hacerse el desayuno. Solo se escuchó la puerta de casa cerrarse y un silencio mortecino. Ella se fue para siempre. Se llevó el color rojo y con ello su arcoíris siguió quedándose huérfano. Y ahora las lagunas en su cabeza estaban heladas como el suelo de la cocina en donde ya tampoco podía dormir. Ahora tan solo se limitaba a morderse las uñas acurrucado en cualquier esquina, dibujando en el aire los besos ahora descoloridos, desaboridos. Besos dislocados, besos huérfanos, besos moribundos. Besos sin labios. 

Y me dijo que fue llegado a ese punto cuando pensó en que tenía que irse de allí inmediatamente, alejarse de aquel lugar lo más lejos que pudiese recordar. Que seguiría caminando, seguiría trepando las raíces muertas para no esperar sentado en una silla la jodida inyección de cada jueves, esa que le lamía el alma y convertía sus huesos en tuberías de plomo. Seguiría huyendo para no saludar las horas desiertas con la lengua de trapo, el cuerpo de marioneta y esperar el vómito que le produce quedarse en el medio de todas las cosas que ya no existen.

Entonces encendió otro cigarro de la cajetilla que le traje. Miró a los lados y preguntó por una guitarra.

-Creo que se tocarla, susurró sonriendo hacia la ventana desde la que se podía ver caer la nieve sobre el patio. Él fumó durante unos minutos en completo silencio y yo desaparecí a sus ojos. Cuando regresó a mi, continuó diciendo que la nieve blanca le parecía hermosa ahora que se veía renunciando a la mayoría de los colores. Y volvió a hacer una larga pausa, como cayendo en un estado de hibernación. La sala estaba en silencio. Volví a ser invisible a sus ojos y pude escuchar su lenta y profunda respiración.

A mi también terminaría por olvidarme a partir de aquel día. Y recuerdo como, vaticinando que aquella visita era en realidad una despedida, volvió a dirigirse a mi por última vez:  

- Siempre suelen faltar sillas cuando las canciones acaban y siempre suelen sobrar escaleras cuando en la vida ya solo se trata de bajar. Los animales salvajes despertarán con la primavera, hambrientos, pero para ese entonces yo ya estaré habitando otro cuento mejor que este.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2013

MICROCUENTO IX

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"Tengo un superpoder. Puedo escoger tan solo uno de los sueños que duermo y despertar para siempre dentro de él. ¿Y por qué lloras? Porque ya lo usé."

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2013

MEDUSA

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La mujer más hermosa que conocí nunca. Los tatuajes te lamían el alma, como mascotas hambrientas y perdidas en el bosque. Tú amamantabas nubes y desterrabas en tus paseos las mareas que no te traían mensajes en botellas. Ahora cada nuevo día termina sembrando la fosa común donde yacen los recuerdos.

Por teléfono me explicas que el arcoíris que se ve desde tu ventana es de plástico y que la vida puede ser triste como el vuelo en caída libre de un pájaro muerto. Que estás harta de los días transgénicos, de las semanas radiactivas, de los meses tóxicos y de los años deformes. Pero que tiene que existir a la fuerza otro lugar en el que tus días lucen en bonito papel de regalo. Qué tiene que haber otra realidad, otro mundo en algún sitio en el que alguien está protagonizando la vida feliz con la que ahora solo puedes soñar.

Oigo a alguien llorar de fondo, ruido de pasos, algo de jaleo. Tú continúas tu discurso. Cada nuevo día es una oportunidad, replicas ahora, aunque las oportunidades desnudas son detenidas a golpe de porra por el toque de queda de tu dictadura interna. Y mientras, los delfines sortean las redes para celebrar tus eclipses y las iglesias de tu reinado arden con todos sus paganos dentro.

Me aseguras que la luna es en realidad una celda esférica en la que vive un prisionero y que quisieras conocerlo y observarlo mientras duerme. Porque cuando el prisionero sueña, lo hace contigo y es él quien en sus sueños te visita a ti para observarte dormir. Y sabes que él mecería tu cabello de serpientes y tú incubarías sus huevos para formar una familia de reptiles.

Me dices que te gustaría observar la estrella que guiará vuestro camino con una lupa y contar con un telescopio para examinar las escamas de su piel aceitunada. Te gustaría hibernar a su lado los inviernos. Te gustaría beber de los charcos y poder emigrar como las aves para abandonar el laberinto juntos.

Te escucho hablar sin parar y me froto la frente con amargura. La última vez que nos vimos la piscina estaba vacía, las serpientes se escondían bajo los escombros de tu mirada y como ahora, seseaban y mudaban su piel enferma al ritmo de tus palabras sin sentido. La última vez que te ví, fue en la sala de visitas de aquella clínica gris, tú peinada de forma distinta y sin rastro de maquillaje, yo aterrado, aferrándome con desesperación a la silla se plástico y al recuerdo imborrable de la tiritona de aquel primer beso que me cambió la vida para siempre.

El saldo se acaba antes que las palabras pero yo me quedo un rato de pie, paralizado, con la mirada perdida, en silencio, pegado al teléfono, como quien observa el resultado en la ecografía de una relación muerta.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2013

MICROCUENTO VIII

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Erase una vez un hombre que en la vida solo apostaba por lo que se podía salvar en un solo click. Fue feliz hasta que su vida hizo clack.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2013

19/01/2013 16:13. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

EL ARBOL

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El árbol dejó de dar sombra y fue injustamente talado.
La noche había secuestrado al día para provocar que los ignorantes terminasen por sabotear su propio sustento.
La noche liberó al día y el arbol volvió a crecer. Cuando el arbol volvió a regalar su sombra y sus frutos, la hambruna ya solo había dejado con vida a los hombres más justos.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2013

14/01/2013 16:51. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

MICROCUENTO VII

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"Erase una vez una pasión que se marchitó cuando el corazón comenzó a especular con sus latidos."

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

13/01/2013 01:54. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

MICROCUENTO VI

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Erase una vez un tipo con tanta, tanta suerte, que eran los sueños los que le perseguían a él.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

MICROCUENTO V

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"Erase una vez un fotógrafo con muchos objetivos y ninguno en la vida"

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

LA TAZA VACÍA

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Vuelvo a casa. Compartimos pasta con verduras y espacios interiores, para después huir al exterior arrastrados siempre por impulsos ajenos. El universo conspira, nosotros coleccionamos tonterías con las que crear imperios mortecinos.

Terminamos el café y rompes el silencio:

-¿Por qué sabes que me quieres?

-Lo sé.

Me miras con preocupación. Luego miras la taza vacía.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?

Me levanto de la mesa y antes de encerrarme de nuevo en mi cuarto, paso a tu lado y te susurro:

-Porque somos dos supervivientes en dos botes distintos, pero del mismo naufragio.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

20/11/2012 14:07. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

MICROCUENTO IV

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Erase una vez un político vendido a intereses privados y con cuentas en Suiza que se atrevía a llamar antisistema a quienes lo criticaban.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

31/10/2012 12:04. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

EL GRITO QUE PERDIÓ SU ECO

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Estoy a mil gritos sin eco de ti. Aquí no hay norte ni sur, me has abandonado y ahora tiemblo asustado, acurrucado en una esquina devorada por las sombras. Tú te habías aprendido los atajos, las leyes de nuestro mundo, tu tenías el único traje espacial para poder pasear más allá de los pasillos húmedos de nuestra pequeña nave. Te has ido y no fue sin avisar. Preferí no variar el rumbo ideal, no dejar de obedecer las absurdas normas, seguir lamiendo la espina dorsal de una misión herida y olvidada.
Nos quedamos sin radio hace mucho tiempo, decidimos seguir adelante y yo me negué a mirar hacia otro lado. No necesitábamos conversar, economizábamos como con el oxígeno.
En un arrebato rompí todos los espejos, te negué la entrada a mi celda, separamos las tormentas para acercar la calma al confín de una malsana armonía. Nunca dejaste de insistir, pero a veces, inútilmente, nos obsesionamos con la basura espacial flotando en el transito de la monotonía compartida, alejados de la ruta original.
La bendición, el milagro puede ser un horizonte perdido, una estrella agonizando, un gusano de luz convertido en super nova, en el Big Bang que arrasa con conductas descompasadas, ajenas, costumbres deformes y enfermizas.

Tú te has ido, la estación está desolada, la nave sin rumbo y al capricho de un piloto automático. El miedo a que no regreses, el miedo a vivir sin todo lo que te has llevado contigo, el sabor de esta traición que planeé yo mismo me agotan, me aplastan con una gravedad plomiza y monstruosa.
Un piloto tintinea, un panel emite pitidos de alerta, pero inerte, tan solo espero un nuevo despertar, un golpe de suerte. Pienso en formatear todo el sistema y no cesar hasta encontrarle un sentido a esta noche eterna. Hiberno un desmayo involuntario, dormito un credo obsceno. Los astros circulan a mayor velocidad, me has abandonado y ahora cruzo el universo en solitario sobre una patera sideral. No hay tiempo, no hay espacio, no hay fronteras ni etapas, no hay ciclos ni texturas sensoriales, pero no puedo seguir sepultando al único pasajero que protagoniza este viaje.

Escucho un grito desgarrador retumbando por toda la nave, es el mío. Observo a alguien ponerse en pie, coger los mandos de la nave, mirar en el mapa holográfico, soy yo, dispuesto a volver a coger las riendas de mi vida. Mis dedos, fugaces, interpretan una melodía frenética sobre el teclado de instrucciones. Cada objeto va recuperando su sitio, cada nueva consigna, cada nuevo código y cada orden van siendo aceptadas por los ordenadores de abordo. Voy enderezado un rumbo incierto pero tenaz. Y aunque aún pueda divisarse en los planos, se que probablemente ya no exista, quizás nunca lo haya hecho. Aunque quizás se haya extinguido hace millones de años, retomo la misión de encontrar mi estrella.

Por un ventanuco una lluvia de meteoritos incandescentes celebran el desafío. Chispas y gases transforman el instante en una catarata multicolor de esperanza. A mis espaldas una compuerta se abre. ¿Te apetece un paseo espacial? Me doy la vuelta, eres tú. Soy yo. El extranjero que llevo dentro vuelve a sonreír. Un solo traje espacial siempre fue suficiente.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

MICROCUENTO III

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Decidió saciar el desamor hacia si mismo comprando el coche más caro. El asiento era muy cómodo, pero su culo seguía aplastando su sonrisa.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

01/10/2012 14:47. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

MICROCUENTO II

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El viaje en el tiempo le transportó durante tres horas desde su cuarto en 1992 a un cibercafé en 2012. Regresó sin haber pisado la calle.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

DESNUDO

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Ayer me acosté atenazado y pensé en que no era lo suficientemente hermoso, pero solo era el miedo a no ser aceptado. Pensé en que no era lo suficientemente bueno, pero solo era el miedo al fracaso. Pensé en que no era lo suficientemente listo, pero solo era el miedo a no sentirme comprendido. Pensé en que nunca lograría ser lo suficiente atento con los demás, pero solo era el miedo a la soledad. Pensé en que necesitaba conseguir más dinero, pero solo era el miedo a no llegar a poder cumplir mis sueños. Pensé en el hecho de tener que morir algún día, pero solo era el miedo a enfrentarme a lo desconocido. Y me dormí pensando en ello.

Hoy me levanté sereno y decidí no vestirme los miedos habituales. Me descubrí hermoso, importante, lúcido, cordial, generoso y vital. Y aunque enseguida supe que la sensación no duraría demasiado, que la sonrisa verdadera es de naturaleza caduca y la vida en sociedad un peligroso campo de minas, también entendí que, mi pequeño paseo desnudo, que aquel breve instante de intimidad, ya me había cambiado para siempre.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

SIEMPRE HAY UN TÚ

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Cierro los ojos. Anochece. Puede ser que me olvidara de pedir un deseo con cada momento verdadero. Puede ser que dejara escapar mis oportunidades sin ni tan siquiera atreverme a soplar las velas, pero siempre hay un tú para hinchar los globos de colores en cada fiesta de cumpleaños. Siempre hay un tú para volver a abrir las ventanas de nuestra alma y permitir dejar entrar la luz y el aire fresco. Y ahora, me siento como una ambulancia sin frenos, aullando la cuesta abajo de tu espalda tatuada. Mis muertos van sentados al volante, mis vivos aprenden a rezar en la parte trasera.

Puede ser que cada una de mis esperas acertadas tan solo respondiesen a expectativas equivocadas. Puede ser que morir sea romper la superficie y bucear la vida después de haberla caminado, pero siempre hay un tú para hacerle sombra a nuestros silencios. Y comienza a llover y me siento solo en la cuneta, sin gasolina, sin mis vivos y sin mis muertos.

Abro los ojos. Amanece. Despacio me incorporo y decido continuar a pie. El sol tibia mi cuello, me va secando y a mí, agradecido, me da por sonreirle y silbarle de vuelta. Silbo y pienso que siempre hay un tú, aunque a veces solo exista en nuestra cabeza. Siempre hay un tú que nos recuerda que vivir es romper la superficie y lograr respirar hondo la equivocación universal de este paseo fortuito.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

12/08/2012 19:37. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

EL PUZZLE DE LA MEDIA VIDA ENTERA

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Mientras los demás pestañean, yo te robaría todos los besos que fueras capaz de darme para compartir contigo y en secreto media vida entera. Jugaríamos a completar nuestro propio puzzle con fichas robadas y beberíamos sake y vino para poder ronronearle a la luna. Embriagados, nos proyectaríamos sin temor como sombras chinescas por los tejados hasta dejar morir la mitad del día que nos hemos prometido.

Mientras los demás duermen, compartiríamos el desahucio infinito de tener que volar sin poder abrir nuestros ojos y escribiríamos juntos canciones en el aire. Aprenderíamos a reconocer nuestro olor para nunca perdernos el rastro y cuidaríamos el uno del otro toda una media vida entera.

Mientras los demás no miran, tú y yo nos amaríamos en silencio y aprenderíamos a mimar en especial nuestras alas porque, al final, los dos sabemos que tan solo es allá arriba, ya por encima de las nubes, cuando dejamos de ser invisibles al mundo.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

MICROCUENTO

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Erase un humano que, por un breve espacio de tiempo, pudo escuchar hablar a los animales. No ha dejado de llorar desde entonces.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

A LA SOMBRA DE MIS MEJORES PLANES

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Siempre estuve dispuesto a asesinar mis mejores planes, a menospreciar las referencias, a flirtear con la improvisación, a no seguir pautas ni reglas. Siempre estuve dispuesto a destruir mis ciudades deshabitadas, a construir sueños en el desierto y dar a luz a rostros nuevos. Y siempre lo hice sabedor de que, lo que me depare el destino no nacerá siempre como fruto de lo mejor de mí, pero al menos será original de un árbol absolutamente auténtico.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

NO ESPERES

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No esperes, habla tú, porque el don de la palabra son las alas para volar donde tú quieras y el arma para toda revolución justa. No esperes, ve tú, porque cielo y el infierno son dos plantas dentro del mismo edificio con tu nombre en la fachada. No esperes, ama tú, porque el amor no es ni un negocio ni una apuesta y empieza y termina por dar sentido a todas las cosas. No esperes, sonríe tú, porque no hay mejor llave que una sonrisa sincera para abrir todas las puertas, porque la mejor sonrisa es la que nace de nuestra paz interior. No esperes, respeta tú, porque el ejemplo y la luz de las buenas personas se unen para iluminar al resto y permiten no olvidar que el ser humano tiene un talento inaudito para la crueldad y la destrucción y, sin embargo, aún es mucho mejor y más eficaz respetando, sonriendo, comunicándose y amando. No esperes, se tú, porque el baile siempre suele terminar antes que la canción y el rezo antes que el milagro.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

LA ALQUIMISTA ACCIDENTAL

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Como alquimista accidental hago perfumes estrujando la savia de mis temores más maduros, invento mejunjes y se los doy a probar a mi enemigo imaginario. Mi sombra, mientras, junto a unos libros de química y un esqueleto de plástico, juega con los nombres de las cosas que yo rompo. Me regaña, me araña y yo, como ya la he cogido cariño, le doy a beber una sopa de letras, para que reponga las fuerzas y me acompañe en el esperpento.

A la mañana me acurruco, me mezo junto a las muestras biológicas y me dejo mezclar con el cuentagotas. Anoto los resultados, medito y experimento. Ensayo con los tubos de ensayo, monto el lio padre, buceo junto a las célula madre y ellas solo se preocupan por mi digestión y se empeñan en enbadurnarme con crema para el sol.  

Falla el día y las estrellas se vuelven todas fugaces anunciando la noche de San Juan. Esta es la última oportunidad. No quedan más noches, ya he experimentado con todas las demás. Fuera muchos prenden y saltan hogueras, yo prefiero correr para apagar mis incendios. Hago señales de humo, hago el indio en el laboratorio, rastreo los silencios y me dejo asesinar por el insomnio, caigo a balazos, cabalgando la noche sobre un caballito de cartón piedra.

Amanece y despierto preñada, desnuda, sudorosa, manoseada, agarrada a una barra americana, observada por miles de ojos ajenos bajo la luz implacable de un microscopio averiado.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

NIÑA HAIKU

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Tengo un rinconcito en mi corazón sin amueblar por si el destino se despista y termina llevándote como inquilina. Es diminuto como un bonsái, escueto como un Haiku, pero muy acogedor. Da la luz del sol casi todas las horas de la vida.

Tú sigues paseándote descalza y haciendo equilibrios por la barandilla de mis sueños. No duermes, sueñas. No muerdes, mordisqueas, no mueres, sobrevives los días y las noches que me guardas en secreto para narrar tus cuentos de niña duende, feliz de día, sonámbula y melancólica de noche. Y te trago buceando en un vino solitario pasada la medianoche. Muy pasada, pasadísima, acariciando todos los finales que tú te inventas.

Mis sueños son las acuarelas que pintan esos días soleados de ausencia. La lluvia es la realidad borrando las noches compartidas. Y hoy me siento viejo, cansado. Hoy me atacan los miedos. No estoy triste, pero me siento raro, como un espectador durmiendo en la butaca durante la película de su vida.

Hoy quiero soñarte de nuevo, continuar viviendo mi aventura a tu lado, besarte desde el lado del corazón que te tengo reservado y correr por los tejados agarrado a tu mano. No hables, no contestes, no es necesario. Solo correremos juntos, en silencio, para huir de todos los días torpes que se interpongan entre todas nuestras hábiles noches.

Y dime, si me gusta que me eches de menos, si se que me pelearía contigo en la hora del recreo, si quisiera ajuntarte todo el rato, si se que mis secretos se mustian si no te los susurro a ti, ¿es por que me gustas?

De momento nuestras vidas se escriben con bolígrafos de distintos colores, pero ambos sabemos que nuestro mensaje continuará siendo el mismo ya para siempre.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

MUJER

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Se que te quiero mujer porque por ti haría lo que por mi nunca hice, porque siendome tan facil quererte, lo dificil sería vivir sin hacerlo.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

INVÍTAME A TU CASA DE MUÑECAS ROTAS

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Invítame a tu casa de muñecas rotas y no pagarás nunca peaje en mi autopista. Jugaremos a las cocinitas y con tus lapiceros de colores pintaremos la luna de rojo y el sol de negro. Déjame entrar en tu exclusivo club del té y el veneno correrá de mi cuenta. Solo utilizaremos las escaleras que bajen. Solo veremos los noticieros que sean de dibujos animados y desnudos, comeremos golosinas sobre camas de hosteles de carretera.

Invítame a tu casa de muñecas y romperé, uno a uno, todos los espejos que no te llamen princesa. Le robaremos juntos el vodka a las muñecas rusas. Invítame a bofetear tus noches y le pondremos antifaz a todo lo que apeste a cotidiano.

Invítame con tus labios y huiremos juntos coleccionando noches muertas en el maletero. Aprendí a hacerle el puente a todo lo que no se deje aparcar en parkings de juguete. Prometo cuidar bien de tu corazón de látex y no seguir las indicaciones de ningún mapa que no hable nuestro idioma. Invítame a entrar en tu vida y prometo quererte sin usar atajos y sin condiciónes. Invitame con una de esas sonrisas y a cambio, prometo recogerte cada vez que tus miedos se empeñen en derribarte por esas solitarias cunetas del alma.  

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

TRINCHERA PARA UNO

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Me cansé de esperar en mi puesto. Después me cansé de cansarme. Por eso decidí descansar y volver a plantarle cara. Replanteé la estrategia. Cavé nuevas trincheras. Acumule provisiones. Me puse de nuevo en forma, camuflé lo mejor que pude mis miedos y, una vez más, esperé el momento adecuado. Esperé, esperé y racioné estrictamente mis fuerzas de flaqueza. Deseé seguir agarrado al coraje lo suficiente como para no claudicar en el intento. Deseé seguir creyendo en mi mismo. Apreté los dientes y cerré los ojos para desear con todo el alma.

A veces mis deseos son ordenes en un cuartel militar vacio, pero no por ello voy a declararle la guerra a la vida.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2012

A UN MILLON DE PASOS DE TI

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Prometiste ser la llave que abriera todas las puertas, para después convertirte en el candado que selló todas nuestras esperanzas. No te culpo por ello. La culpa es como un bote agujereado. Bajo el mar termina por perder su sentido de ser.

Las irresistibles luces de la urbe cegaron nuestro camino. Los recuerdos bronceados, las promesas y las lluvias de verano no perduran para siempre.

A un millón de pasos de ti los besos entregados ahora yacen sepultados. Ya no estas y creo me olvidé de contarte algo importante: No te canses nunca de andar, no dudes en correr con todas tus fuerzas, pero siempre hacia delante. Huyendo de uno mismo se pueden ganar los cien metros lisos sin a penas llegar a sospechar que, las grandes hazañas del corazón, solo se alcanzan entendiendo la vida como una marathon multitudinaria, pero con meta en cada uno de nosotros mismos.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011

VIVIENDO EL K.O

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En la pelea diaria, a veces, me siento abatido, cosechando golpes, deambulando con la guardia mamarracha, esperando el K.O que me sepulte de una vez por todas bajo la lona... Pero me vuelvo a levantar, muriendo cada una de las veces, agotando con las vidas soñadas, pero nunca los segundos de la cuenta atrás. Con mis huesos rotos, con el dolor ya como aliado, repto por las cuerdas y me tambaleo de nuevo en busca de más realidad. Espero el momento del impacto oportuno, el impacto que despierte la ira dormida y me devuelva con furia al combate perfecto, al combate de mi vida.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011

DEMENTE

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Asomada al balcón de tus propias mentiras, insistes en regar cada día tus plantas de plástico. Sabes que no otorgar en silencio y arrodillarse ante esos estúpidos dioses inventados por las multinacionales es tan estúpido como comerse al horno la paloma mensajera justo antes de mandar el único mensaje que puede salvar tu alma.

Sabes que tu gilipollez es la gilipollez de este mundo, como mal global, parasitando y colonizando la vida en asientos de primera clase. Y tú me llamas loco a mí por sentirme como un visitante en este planeta en guerra civil infinita, por sentirme como un turista sin pasaje de vuelta, por no agarrarme mas fuerte a las cosas, al qué dirán, pero, ¿sabes? solo pretendo no seguir viviendo como tú lo haces, siempre tan agarrada al miedo de perder tantas cosas innecesarias.

Me llamas loco, como pretendiendo dañar, ajena a la realidad de que, en una sociedad tan enferma como esta, comenzar a sentirse como un demente es la mejor demostración de cordura.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011

BARCO FANTASMA

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Soy un buque sin bandera. No hay señal, no utilizo casi energía, me deslizo en modo de ahorro. Me acostumbro a vivir solo con una pequeña parte del corazón, con el resto apagado. La sal y las olas desgastan el acero, oxidan la armadura. Insignificante, floto sobre instantes clonados, vivo encerrado en las pausas, escondido en un entretiempo infinito.

La radio suena en ocasiones. No contesto, ni llamo de vuelta. Continúo imparable surcando el oceano. Únicamente atiendo a las corrientes marinas y las estrellas en la noche. No tengo una ruta, un puerto, un destino claro, tan solo la certeza de saber que es mejor morir a la deriva que vivir por siempre estancado.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011

LA MANZANA Y LA CULEBRA

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La vida es resbaladiza como una culebra bajo la lluvia, no intento atraparla, me vigila reptando mis sueños. Tu también estabas y te pregunté si querías morder la manzana roja. Tu le diste una patada y los dos jugamos como niños a la pelota con ella. Con los trocitos y con agua del rio hicimos juntos una sidra y bajo el árbol de la sabiduría nos emborrachamos arropados por un manto de estrellas.

Al amanecer, Dios nos pilló borrachos dándonos el lote. Se le quitaron las ganas de mandar escribir ninguna biblia, se aburrió del paraíso y nosotros nos lo quedamos.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011

EL VILLANO EN EL ESPEJO

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Soy un villano dentro de una pecera. Mi buena suerte es un aburrido traje gris en un circo de promesas multicolores y salvajes. Convierto los atajos en laberintos, hago aviones de papel con las instrucciones para vivir. Colecciono amigos en la recamara de mi pistola. Desayuno promesas, ayuno los miedos y ceno tan solo acompañado de un chaleco salvavidas.

Sin ti estoy cansado de hacer pactos, de inventar remiendos, de tapar agujeros y pintar bajo la lluvia con tiza las soluciones diarias a tu ausencia.

Si tú no estás, mi mundo no merece ser destruido. ¿Porqué no claudicar? Me pregunté delante del espejo. El villano en mi respondió: “El villano es aquel que resiste”.

Soy un héroe dentro de una pecera. Los dioses corretean por el jardín persiguiendo mi alma asustada. Me vuelvo invisible siempre que tú apareces. Mi super fuerza se esfuma cuando tus palabras me alejan de ti. Siempre que intento mirarte te quemo sin quererlo con mis rayos X. Si tu no estás mi piel se vuelve de Kriptonita y la inmortalidad una condena. Cada mañana miro con recelo el traje de colores y la capa asomar en el cubo de la ropa sucia. Hoy quise volar hacia ti y me descubrí pájaro de pajarería.

Si tu no estás, mi mundo no merece ser salvado. ¿Porqué no claudicar? Me pregunté delante del espejo. El héroe en mi respondió: “El héroe es aquel que resiste”.

Llovió sobre los desiertos. Las luces y las sombras tatuaron en mi destino una nueva misión y la pecera quedó vacía.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011

PLASTIC ZOO

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Vivo encerrado en un zoo de plástico. Quisiera creer todas las buenas palabras, pero todos sabemos que si los caracoles son siempre amables es solo porque no son eficaces huyendo. Roto el cerdito de la suerte, me escapo y salgo a la calle a comprarme una escalera para poder ver mi vida desde más arriba. Sigo el rastro de tu recuerdo, revuelvo los cubos de basura, olisqueo entre las hojas caídas. Llego puntual para empezar de cero. Llego demasiado tarde como para continuar con esta infinita despedida. Y la gente me regala sonrisas de bazar chino mientras yo doy saltos sin aliento como un pez sobre el asfalto abrasador.

Para alejarme de los días que duelen, me resbalo y me dejo caer como una lagrima salada robada a traición. Con la piel de gallina y la mirada apagada de un perro abandonado, salto de oca a oca para terminar como gato encerrado lamiéndome las heridas. Solo te veo cuando cierro los ojos, así que los aprieto muy fuerte y me prometo no volver nunca más a abrirlos. Se que, que si lo hago, dejarán de tener sentido cada una de mis siete vidas.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011

DESTRUYENDO PUENTES

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Reculo, pis, culo, teta y hoy no voy a dejarle mis pinturas de cera a nadie.  Me meteré toda la plastilina de colores que quiera por los oídos, me colgaré de la lámpara, gritaré con todas mis fuerzas, romperé mis juguetes, mearé por el pasillo, le regalaré miles de carcajadas al eco de mi patio interior. Quemaré todos los barquitos de papel, volaré con petardos todos los puentes a la realidad. Lloraré histérico, aullaré como el lobo de la fulana de caperucita, agonizando con mi vientre rasgado. Arrojaré todas mis pertenencias importantes por la ventana, me dejaré abducir por todos los ovnis que visiten mi cabeza, saltaré sobre la cama hasta derrumbarla, correré desnudo por toda la casa, pintaré con mis excrementos prehistóricos las paredes de mi cuarto. Simularé por horas ser un retardado agresivo tomando el control absoluto de este manicomio de alta seguridad. Teta, culo, pis y reculo. Reculo y de nuevo soy un adulto ejemplar y civilizado.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011

EN MI CUERPO EXTRANJERO

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Los besos suaves son grietas de mármol, la realidad se ha quedado a vivir y duerme a tu lado de la cama. Los pelos son espinas clavadas, la piel de las palabras que nos unieron cuero curtido. Me levanto y llego tarde a la vida ahí afuera. El espejo me presenta un alma extranjera encerrada en un cuerpo fascista. Quito los barrotes de las ventanas y aunque cada una de las veces le doy al mundo los “buenos días" con una sonrisa, el sol me devuelve un “buenas noches” moribundo justo antes de volver a dejarme en la estacada.

Las canciones que antes nos sabíamos de memoria ahora parecen haber mutado en las horas rotas de un desfile militar. Tanques, botas contra el cemento, fusiles, y bajo la amnesia de nuestros reinos podridos, todos los resultados importantes son en diferido. Soy sensible a todas las soluciones que llegan tarde y a las tardes confusas que llegan demasiado pronto, así que bailo solo, a mi manera, como un trastornado sobre la pista vacía de todas las despedidas.

Si la luz me ciega en este día interminable de lluvia y derrota, viviré mi guión a oscuras, pero las fuerzas no me abandonarán nunca. Volaré contra el pavimento una y otra vez hasta que me salgan alas, golpearé como un animal malherido hasta derribar todo lo que se interponga en mi camino. La ira arrasará con todo y no existirán prisiones de alta seguridad, armas inteligentes, infiernos ni venenos suficientes. La vida parece haberme declarado la guerra sin motivos, los amigos trabajan a destajo para pagar los alquileres de sus propios escondites de lujo, pero he aprendido a gritar con mis noes, a besar con mis sies. He aprendido a recuperar la razón, a lamerme las heridas, a lidiar con mi locura y ya puedo escuchar el rugido incesante que marcará mi destino y dará sentido a cada una de mis palabras.  

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011

28/03/2011 17:26. Ivan Enlazarme. EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO No hay comentarios. Comentar.

VIDA

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Como dos gotas en la gravedad cero flotaremos en busca de un hábitat de esperanza. Desearé cumplir todos los años luz a tu lado para no ser engullido por los agujeros de gusano. Y bajo esta tierra de universo aún por labrar, germinaremos como rizoma infinito para inventarnos la vida.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011

UN BESO EN LA FRONTERA

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Se inventaron juntos una noche infinita. Con las manos estrechadas ya nada importaba, ser dos, ser uno, ser ninguno. Sus pies parecían levitar a varios centimetros del suelo. Si no es para saltar juntos... ¿Para que cogemos carrerilla? Y aquel hilo que los unía se transformó en una puerta imaginaria.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011

EN LA AVIONETA SOBRÓ UN SITIO

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Yo, a solas, me buscaba a mí mismo a tu lado, bebía torbellinos, comía rayos y cenaba centellas, sin tener los planos, construía una avioneta para huir con ella los dos juntos.

Sembramos juntos en nuestra huerta, sin saber aún que los frutos que llegarían iban a ser condenas bajo el árbol de nuestra relación.

El buzón permanecía vacio de respuestas, la lluvia implacable mermando nuestros muros de barro. Al menos parecíamos estar bien juntos, compartiendo momentos, cerrando las fugas, tarareando la vida sin atender a las palabras.

Yo, solitario, te buscaba en los pasadizos, mientras, tú me esperabas junto a nuestro árbol con el hacha en la mano. Cavamos trincheras, alargamos pactos agónicos emplazando los compromisos de nuestro cariño.  

Tú, a solas, te buscabas a ti misma a mi lado, bebías torbellinos, comías rayos y cenabas centellas y me escondías tu miedo a volar, tu miedo a compartir mi rumbo renunciando a tantas cosas.

En la avioneta sobró un sitio.

Iván Sáinz-Pardo
"En la avioneta sobró un sitio" ©2011





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