LOCURA A LA AMERICANA
Bueno, amigos, pues por fin ha llegado la hora de poder enseñaros los 11 primeros minutos del capítulo piloto de la serie alemana "Die Schöne und der Mörder" (La bella y el asesino) que dirigí este pasado año para la productora alemana Hoffman & Voges y el canal de televisión PRO7.
Ya os fui adelantando anteriormente alguna información y algunas fotos de este proyecto:
Si finalmente se llegará o no a producir la serie es aún un misterio, pero el teaser quedó bastante resultón. Espero que os guste.
La versión es online, en alemán con subtítulos en español.
Ten cuidado, pero no tengas miedo. Escribe, dibuja, susurra hasta los gemidos más minúsculos sin mirar al reloj. Habla, pero también escucha. Mira a través de la ventanilla, disfruta de la soledad, de la piel de gallina, del escalofrió inadvertido, de la resaca de los recuerdos que se escapan. Mójate los pies con la espuma del mar, sécate las lágrimas, acaríciate el cuello, pacta, charla más contigo mismo. Mira más a tu alrededor, fíjate en el baile de los árboles, apréndete el silbido del viento, no huyas de las tormentas, sonríe en silencio, llora como un niño, pero detente, respira hondo por un instante y saborea bien despacio antes de tragarte un nuevo día.
Iván Sáinz-Pardo
"La ira dormida" ©2008
Bild Zeitung, en su edición online anoche al terminar la final de la Eurocopa.
Y esto lo digo yo: La mejor selección española de todos los tiempos ha demostrado que se puede jugar de ensueño y ganarlo todo, aplastando, entre otras, a las selecciones de Italia y Alemania, representantes del racanismo y la efectividad feista del futbol. España ha pasado a la historia devolviendo la creatividad y el buen futbol a la alta competición. Y tras esta alegría tan grande, ahora solo falta que baje el Euribor, la gasolina, la inflación y el paro y saldré a la calle a celebrarlo.
Jenny Levkoff es un norteamericano que dejó su profesión de profesor de ingles y su país para engancharse a la primera ola hippie de los 70. Se afincó en Ibiza, pero viajó prácticamente por todo el mundo. Es un bohemio, un artista, un escultor que trabaja con gran talento la madera y que continúa viviendo bajo los principios más básicos de la filosofía hippie. Desde hace años vive alejado del mundo, en una casa medio abandonada en una deshabitada zona en medio de un bosque en San Miguel, en la isla balear. Jenny vive sin coche, sin ordenador, sin televisión, sin agua corriente y sin luz, se alimenta de frutas, de germinados y plantas que el cultiva en un huerto salvaje lleno de flores.
A Yanny lo conocimos Lucy y yo hace algo más de un año, en un viaje en el que estuve investigando y conociendo a gente como Yanny para un proyecto cinematográfico que aún no ha terminado de cuajar. Lo cierto es que se han hecho varios reportajes ya sobre Yanny y un documental del 2005 que recomiendo fervientemente de Luis Alaejos y Raúl Díez Alaejos que lleva su mismo nombre:
Yanny no es nadie que conozcamos.
Tampoco su trayectoria personal es gloriosa.
Es espectador de un mundo al que ha renunciado.
En Nueva York, su ciudad natal, Yanny se reencuentra
con aquello que abandonó hace 40 años.
Este documental cuenta cosas sobre el miedo al paso del tiempo,
lo desconocido, la energía que empleamos en hacer las cosas
y sobre la higiene dental.
Su hijo Anatoli que se crió a su lado, se fue de Ibiza hace un par de años y ahora vive en Barcelona. Yanny vino hace unos días a verlo a él y a arreglar de paso unos asuntos de su pasaporte. Yanny nos llamó por teléfono. Quedamos en Barcelona y le invitamos a pasar un par de días con nosotros en nuestra casa en San Cugat. Juntos hemos paseado por el pueblo, hemos charlado durante horas en la terraza, le he mostrado en la televisión algunos documentales interesantes que le apetecía ver, hemos ido a comprar cosas sanas y naturales al mercado viejo y le he ayudado a escribir y a mandarle un email a una vieja amiga suya. Yanny es un trotamundos, un vagabundo, un hippie, un tipo fascinante, una ventana hacia otro tipo de vida más allá del sistema, un sueño utópico convertido en realidad andante, una buena persona.
La foto que veís se la hizo Lucy cuando visitamos su casa en el bosque.
Buen viaje, amigo mio, hasta pronto y buena suerte.
Durante mi estancia por trabajo en Berlin nos hicimos, de forma inesperada y casual, con unas entradas para la premiere alemana de Hancock. Un despliegue espectacular, por todo lo alto, con la presencia del director, Peter Berg, el productor y los actores: Will Smith, Charlize Theron y Jason Bateman. Con paseo por la alfombra roja, coches de policía volcados, la presencia de todos los medios informativos posibles y retransmisión en directo del canal Pro7. Un espectaculo muy hollywoodiense que culminó con la presentación de la película en la sala por los propios protagonistas.
Pero vayamos a la película: Comienza de forma trepidante, con unos efectos especiales logrados y con la premisa atractiva y divertida que ya nos mostraba el magnífico trailer. Un superhéroe irreverente, mal educado y con problemas de alcohol, eficazmente interpretado por Will Smith, que a duras penas mantiene a los malos de la ciudad de Los Ángeles a raya generando, por su dejadez y sus ebrias formas, más caos y destrucción del que trata de evitar.
La película se vende y se presenta así misma como rebelde, subversiva y cool, pero según van pasando los minutos, descubrimos que la Universal nos ha vuelto a vender gato por liebre ofreciéndonos otro Blockbuster familiar, convencional, inofensivo y comercial.
El mayor problema de Hancock es la poca credibilidad de todo lo que ocurre en una historia de superhéroe donde además, no existe antagonista o antihéroe. El personaje que se supone que ocupa esta función se malgasta como supuesta sorpresa o giro argumental, que lamentablemente ya se han encargado los guionistas de arruinar bastantes minutos antes con guiños poco sutiles y más bien explícitos. Siendo los creadores conscientes de esta carencia fundamental, se sacan como apoyo a otros antagonistas de la manga que, no solo no están a la altura esperada, sino que ya terminan de asesinar cualquier esperanza de coherencia en la historia. La película promete pero se derrumba como un castillo de arena en la segunda parte y ya no consigue remontar el vuelo. Es por esto que el sabor de boca al finalizar es más amargo que otra cosa. El sabor de un producto totalmente olvidable que, sin embargo, entretiene y divierte durante el corto ratito que la premisa inicial se desarrolla.
Gustará más a niños, a adolescentes despistados y a familias de domingos de centro comercial. Los que busquen una historia detrás o momentos de buen cine, mejor que se revisen la estupenda El Protegido (Unbreakable, 2000) del, desde entonces, tan venido a menos M.Night Shyamalan.
Iván Sáinz-Pardo
Yo me abrazé con Lucy, con nuestros amigos David y Emma y con sus padres, Juan y Margarita en su casa. Inolvidable.
¿Con quien os abrazasteis vosotros?
Con el descanso interrumpido abro los ojos a la presencia que me visita y titubea, al duende de los sueños paralelos, a mi ninfa deseada, la de sedosas alas multicolores de papel cebolla.
Ella va y viene por las horas nocturnas, me visita siempre con la intención de regalarme complicidad, murmullos íntimos y pequeños secretos.
Sus pies son alargados y retorcidos, juguetean siempre en mil posturas, en mil posiciones imposibles y extrañas. Su rostro juega siempre a despistar con continuas gesticulaciones, dislocadas y grotescas, escondiendo siempre la bendición y el aleluya de una pequeña diosa. Ella abre mucho sus ojos y la boca. Mueve en un tic sus orejas puntiagudas, para de pronto, cambiar a una expresión fría y seria. Continúa con un guiño, me lanza un beso y, cruzando los ojos, termina por burlarse de mí del todo sacándome la lengua. Después, en su boca se desborda una sonrisa exagerada.
Ella pronuncia mi nombre con su voz inaudible. No puede hablar, quizá tampoco sepa, pero su cuerpo no deja de expresarse sin parar. Me cuenta viejas historias, sagradas leyendas, fábulas increíbles, trabalenguas para sordos y refranes olvidados.
Muchas veces se expresa nerviosa y sin sentido, entre mímica, gestos y bailes. De pié cruza las piernas, con su cara apuntando al cielo. Se estira, aprieta los puños y llora con todas sus fuerzas, parece invocarse al poder de la noche y las estrellas.
Yo también le hablo en bajito y le cuento mis cosas. Otras veces, únicamente nos observamos en silencio y ella permanece conmigo, sonriente, suspendida a metro y medio del suelo.
Yo a veces intento convencerla de que haga una vida normal, pretendo que entre en razón, hacerla entender que la vida no es solo jugar y volar inquieta de un sitio para otro. Mi elfa inclina su cabeza, agita lentamente sus alas, se aproxima a mí y me acaricia la cara como a un niño; abre bien sus ojos verdes como prestándome mucha atención, y por unos momentos, permanece tumbada en mi cama, a mi lado, tranquila.
Es entonces cuando suele relajarse un poco, cuando puedo aprovechar para observarla mejor. Ella acerca su carita y me mira muy de cerca, derrochando dulzura, con esos ojos verdes infinitos que me mantienen sedado y dócil en cada una de sus tiernas intenciones. Su rostro es de una belleza distinta, sus facciones son de una perfección diferente; sus formas son finas y alargadas, sus extremidades puntas de estrella
La comisura de sus finos labios, la suavidad de su piel aceitunada, su tez pecosa y su nariz chata y respingona. Toda su belleza, toda su perfección, se encuentra más allá, lejos de lo que conocemos, como si ciertamente no fuese fruto de una creación humana.
Muchas veces, ella advierte en mi esa pasión incierta, entonces me sonríe con ojos pícaros, como prometiéndome. Pero vuelve a escaparse de mí y sus labios vuelven a dar forma a un beso que ella manda desde lejos al aire y yo recojo; después se sonroja y se da la vuelta, juguetea con sus alas y se esconde tras ellas. Al plegarlas y recogerse, puedo observar su vestidito, transparencias de colores pálidos, formas de mujer semiocultas en seda suave.
Yo la incito a volver a mí y ella se protege entre sus alas, recelosa y sugerente, inadvertida de que con su ingenua postura, ha hecho subir un poco su faldita descubriendo parcialmente el dibujo y la tierna desnudez de sus nalguitas redondeadas.
Al percatarse, me sonríe abiertamente y se escapa volando entre círculos y piruetas, atraviesa la ventana abierta de mi cuarto y huye, como un meteorito a la deriva, como estrella fugaz para el rabillo de mis ojos.
Sin embargo, otras veces, cuando la miro en silencio, en ardiente deseo, cuando ruego, excitado, ella toma las formas que yo más deseo y sus senos crean nuevas formas solo con la intención de mi mirada, toman tamaño al tacto de mis pensamientos. Cierra sus ojos y yo la transformo, la creo y la destruyo, la enriquezco con mis fantasías, la amo de verdad, en silencio. Su cabello es una llama de vivos colores, ardiendo a mi gusto. Voy dando forma a sus caderas y a su cuello. Con cada una de mis intenciones alargo sus muslos, la atraigo hacia mí y beso la humedad de su vientre templado. Mi elfa sonríe, suda con su cuerpo cambiante, disfruta y se estremece en un éxtasis compartido.
Pero hay otras veces en que la noche se abre y nos invita a pasear bajo su herida. Entonces nos escapamos por la ventana y ella me lleva a los bosques. Yo allí la hablo de esa soledad que no escogemos y que nos hace más fuertes, de la naturaleza contradictoria de los sentimientos humanos; hablo sin parar, sabiendo que, a pesar de sus visitas, a pesar de sus ausencias, de sus juegos, disimulos y piruetas, ella siempre escucha y disfruta con mi presencia.
Paseamos en la noche, mientras se transforma en hoja otoñal o en gato de pelo negro y erizado que salta por los tejados; ahora es una niña que recoge flores de colores y poco después, se transforma en una anciana de paso aletargado para contar estrellas. Mi elfa es un lobo solitario, aullándole a la luna o es rana verde para croar en saltitos estúpidos y divertidos. Es brisa inesperada, meciendo mi cabello y al instante, gota de lluvia para caer a mi paso desde la rama de un árbol y recorrer mi frente.
Sus transformaciones y mis palabras se funden como almas gemelas, como polos distintos atrayéndose sin remedio. Como palabras escapadas de un libro, en busca de las imágenes que describen su alma de tinta y papel.
Pero cada mañana, sin embargo, vuelve la pesadumbre de un nuevo día sin ella, el retorno a una vida real. Cada amanecer, mi elfa desaparece como si fuera para siempre, y yo, no la espero. No la espero porque solo estoy convencido de que volverá, cuando en mitad de la noche, un suave susurro me despierta.
Iván Sáinz-Pardo
"El sendero de la oveja negra"
N 33042/1997
R.P.I: VA-1329
"Josy, de 12 años de edad, hija del conocido psiquiatra Viktor Larenz, desaparece en circunstancias misteriosas. Su destino sigue siendo una incógnita cuatro años más tarde. Viktor, desolado y tras la separación con su mujer, se retira a una remota casa de campo en una pequeña isla en el mar del norte. Pero una hermosa y misteriosa joven, escritora de cuentos infantiles, le visita pidiéndole ayuda. Vive atormentada por delirios esquizofrénicos y visiones que parecen reales. Viktor no tardará en descubrir que la joven, extrañamente, parece saber u ocultar algo sobre la desaparición de su hija. Una tormenta deja la isla incomunicada. Comienza la terapia. Ya nada es lo que parece."
Llevo varios días en Berlín trabajando. Esta novela necesita un guión y un director. Deséenme mucha suerte.
Salgo al exterior. Las luces de la calle degollan mis retinas. Acelero el paso. La orina recorre, cálida, mis pantorrillas. Me rebusco en los bolsillos. Encuentro una llave oxidada. Se que llego tarde. No se a donde. Nadie lo sabe. Cuento hasta diez. Pienso en ti. Fuiste el único seis en mi dado repleto de unos. Fuiste el hermoso preámbulo de todas mis derrotas. No me pregunto. Preguntarme es lo mismo que quitarme el torniquete. Tampoco me detengo. Detenerme es lo mismo que reconocer llevar toda la vida huyendo.
Iván Sáinz-Pardo
"La ira dormida" ©2008
Me han preguntado bastantes veces el porqué de las polillas en mis cortometrajes, nunca supe responder con certeza porque ocurrió espontáneamente. Un día descubrí que la motivación era una imagen en mi memoria. Todas mis historias nacen de una imagen, dos, tres, y el puzzle terminado completa una imagen global. Aquella imagen es muy antigua, de cuando era un niño muy pequeño, ingresado en aquel hospital. Una enfermera venía a cada rato a ponerme una vía en la muñeca, con una palomita de plástico verde que se asemejaba a una mariposa, a una polilla. Ella sonreía al verme temblar y decía: No le tengas miedo, mira como vuela, solo es una mariposa Y la mariposa verde se clavaba de nuevo en mi muñeca con un agudo aguijonazo.
Me gustan las historias de miedo, de suspense, de terror, de ciencia ficción. Creo que las entiendo, las domino, porque soy un cobardón. La cobardía unida a una mente creativa e imaginativa es una putada de dimensiones inabarcables. Aunque se puede canalizar con inteligencia y rebotarlo hacia los demás. El miedo se puede estudiar, experimentar, recrear, inventar. Estoy completamente seguro de que el indio de El sexto sentido, el rey midas Spielberg o Amenabar eran tres cobardicas de cuidado. Por supuesto que me gustaría poderme comparar a ellos en mucho más que esto. Adoro a Spielberg. No me gustó la cuarta entrega de Indiana Jones. Spielberg ha perdido el miedo, pero sigue siendo un genio.
La única vez que no he apartado la vista en una escena de aguja en brazo ha sido en Torrente dos. Que bueno es Gabino Diego. Yo soy defensor de las dos primeras de Torrente. En ambas, Segura se rodeó de un puñado de gags desternillantes y un secundario de calidad. Que bueno es Javier Cámara. Yo no soy defensor de la tercera parte de Torrente. Esta carecía de todo lo que funcionaba en las dos primeras.
Tengo los triglicéridos un poco altos, eso me dicen unos análisis que me he hecho. Hacía como 16 años que no me hacía unos. La razón es que las agujas me producen muchísima dentera. Le tengo fobia a los hospitales, a como huele, a esas paredes verdes y a las batas blancas. Me dan miedo las inyecciones. Mido metro ochenta y peso 86 kg. Mi peso ideal estaría en 78 kg más o menos. Los análisis no me han contado nada que no sospechara. Mediada la treintena, tripita cervecera, vida sedentaria, pasión por las salsas, el pan y las comidas copiosas y falta de ejercicio. Tengo 230 de Triglicéridos. Por lo demás estoy como un roble. Al parecer, un nivel alto es de 200 a 500 de triglicéridos. Después viene un nivel muy alto, a partir de 500.
Me sacó sangre una mujer enanita. Yo miré para otro lado. La mujer pequeña fue bastante brusca y yo di un respingo. Ella se molestó y me dijo que seria mejor para todos que dejara el brazo muerto. Cuando llevaba succionando un minuto comencé a sentir calor en la sien y me mareé un poco. Su comentario también fue brusco. Me la imaginé muerta como mi brazo y me relajó bastante. Cuando terminé me quedé unos minutos sentado con las piernas estiradas. Después salí del ambulatorio agarrándome el brazo y acompañado de Lucy. A los dos días me salió un moratón enorme que me ocupaba prácticamente todo el ante brazo. Me temo que la experiencia no me ha ayudado demasiado a luchar contra mi manía a las agujas.
Que desastre. No fumo, no bebo y ahora me toca comer menos y más insulsamente. Peter Jackson seguro que era otro cobardica de cojones y seguro que también tenía altos los triglicéridos. Ahora él ha adelgazado mucho. Supongo que la valentía nos vuelve enjutos y testigos involuntarios de la muerte del niño que llevamos dentro. Como bien me decía el otro día el señor Vigalondo:
Ahora hazte un favor y mata también todas las películas que le gustaron a ese niño
La vida es como un fascinante libro al estilo elige tu propia aventura en un mundo mayoritariamente analfabeto.
Iván Sáinz-Pardo
Atrás queda este fin de semana de Eurovisión, donde muchos se alzan las manos porque España ha sido representada por un actor disfrazado de Elvis argentino parodiando un friki-reggeton. A estos que hablan de que con el Chikichiki estamos desprestigiando a este país y al concurso musical, deseo tranquilizarles desde aquí y decirles que el toreo y la corrupción urbanística ya se encargan por si solos de explicarle al mundo que tipo de raza somos, y en cuanto a Eurovisión, Chiquilicuatre fue sin duda de lo menos friki en una selección de participantes europeos digno de un concurso carcelario de travestidos en pleno años ochenta.
España, además, ha logrado este año mejores resultados que las cuatro últimas ediciones y dudo que Las Ketchup, o aquella gitana descalza de Ay quien maneja mi barca, quien, por poner un ejemplo, sean una opción mucho más digna.
Y es que, además, este concurso esta totalmente amañado. Con descaro, sin pudor y con letras grandes. No hay ningún sentido en tomarse en serio un certamen en el cada país vota, sistemáticamente, año tras año, a los mismos países vecinos sin poner atención ni a los cantantes ni a sus canciones. Si la elección del ganador ya no depende de la calidad musical e interpretativa, ¿para que sirve entonces este certamen? Supongo que sobrevive con más pena que gloria porque debe de ser muy rentable para los que recaudan los mensajes de móvil y los ingresos por sponsors y anuncios. En Eurovisión no se premia la canción, allí, cada cual hace su negocio por debajo y como mejor puede y punto. Y sabéis, tan bien como yo, que aunque se presentara Julio Iglesias o el Rey en persona, España no ganaría. Tan solo recibiría los mismos votos de siempre, Portugal, Andorra, Francia, etc.
A parte, deberían de ser mucho más rigurosos con las bases y analizar los posibles plagios en las canciones participantes, todos los años ocurre igual, se termina por denunciar que la mayoría son meros plagios de otras canciones originales. La canción ganadora por Rusia es igualita que una canción de Cat Stevens, y claro, nuestro chikichiki no es menos, como nació como simple broma televisiva para la que ni se pensó entonces en los derechos de autor, se utilizó la base instrumental calcada de la canción La gasolina, el más famoso reggeton de los últimos tiempos. Después fue engordando la cosa y han tenido que disimularlo, cambiar la letra y lo peor de todo, estirar el burdo gag durante más de dos meses a base de una campaña mediática machacona y pesadísima desde el canal de La sexta mayormente. Y de inmediato, en cuanto TVE vio el filón, se apuntó al carro. No hay más que ver como cambió de postura el Urribarri ese. Si no puedes con tu enemigo, únete a él.
Los certámenes y la televisión están en decadencia, se mantiene viva como negocio gracias tan solo a los descerebrados que, absurdamente, envían todos esos mensajes de movil. Y gracias a los frikis que quieren fama televisiva a toda costa, ya sea bailando, cantando, o haciendo el pino puente con mallas de leopardo y que seguirán presentándose como borregos a Operación Triunfo, Tu si que vales "El juego de tu vida" o a Eurovisión con tal de aparecer por la caja tonta, aunque sea de refilón o chupándosela a un pony.
Una señal sintomática de esta indudable decadencia es que ahora sean los jurados de los concursos televisivos las verdaderas estrellas en sacrificio de los participantes y del espíritu del programa en sí. Una fórmula desesperada, quizás como última solución para lograr algo de audiencia en agonizantes vómitos de tele realidad sin frescura y sin el sentido original. Ediciones y ediciones cada año de más de lo mismo, programas clónicos en todos los canales, tonos, politonos, dinero y apartamentos a tiro y con un solo mensaje sms para una fábrica de muñecos rotos, de amputaciones artísticas, de famosillos caducos y sonrisas plastificadas. Ya nadie tiene alguna esperanza puesta en que alguno de los concursantes aprenda una mierda dentro de la academia de Operación Triunfo, el programa ya no va de unos chavales aprendiendo a ser cantantes, ahora, por un poco de dinero al mes en la cuenta del banco y un coche esperándoles para cuando les expulsen del programa, firman un contrato leonino por el que, entre otros muchos abusos, dan su permiso para que los humillen, los insulten y los menosprecien en público y por la tele. La audiencia, mientras, seguimos el juego y por eso deseamos que se sacrifique la música y que, en cada Gala, los niñatos canten como el culo para que, después, los verdaderos héroes del cotarro, los descuarticen verbalmente mientras cenamos.
¿Cariño, queda más tortilla?
No, mi amor, a esa ya la expulsaron hace tres galas.
Que Rajoi ha sido siempre una marioneta de retórica acartonada y guionizada desde detrás de las cortinas por una derecha extrema, resentida y trasnochada, se está confirmando en la actualidad. El lider del partido popular, cuando al fin comienza a mover los bracitos por voluntad propia, tiene que ocupar su valioso tiempo en arrancarse de la espalda los cuchillos que vuelan en su dirección. Los cuchillos voladores de la parte más extremista y conservadora de su misma facción que, ahora, sintiéndose de nuevo lejos y apartados del poder por algunos años más, le dan la espalda y vuelcan todos sus esfuerzos en controlar, bajo su propio interés, el futuro fundamentalista de un partido herido, dividido e incapaz, una vez más, de demostrar un mínimo de rigor y de autoexigencia en las labores como partido lider de la oposición. Insistir reiteradamente en negarse a gobernar desde la oposición, es tan absurdo y contraproducente como negarse a entrenar antes de los partidos de fútbol. Los resultados extrañamente acompañan. Un partido político determinante y eficaz ha de ser, primero, aparentemente bueno para gobernar y segundo, muy bueno para ser capaz de hacer honesta y correctamente la oposición.
Por otro lado, Zapatero y su equipo de gobierno, con las elecciones en el bolsillo, deberían aprovechar la evidente coyuntura de una, hasta ahora, perennemente crispada y enrocada oposición, como una especie de tregua a su favor para abordar, con algo más de espacio y tranquilidad y con la urgencia necesaria, los problemas tan importantes que asolan la actualidad de nuestro país.
Iván Sáinz-Pardo
No hubo ni muerte ni alumbramiento, dejamos simplemente de ser testigos no más comenzar a serlo. No hubo ruido, ni siquiera un destello. Las ciudades enmudecieron sin aviso y el silencio, transformado en algo hasta ahora desconocido, comenzó a simbolizar, eficazmente, la verdadera naturaleza de la amenaza. Había comenzado a escribir.
Iván Sáinz-Pardo
"La ira dormida" ©2008
Cuando la mano extendida se vuelve puño contra el tablero. Cuando llega el final, pero nosotros seguimos deambulando como fantasmas sobre el tablero. Cuando el seísmo mueve tus cimientos, cuando agita absolutamente todo lo que crees, el tsunami arrasa más allá de lo que tiene sentido, el huracán azota detrás y delante de nuestro grito. Cuando no sabemos que gritar, conscientes de que con las pesadillas es inútil negociar. Cuando la soga alrededor de nuestro cuello está sujeta por la ira. Cuando la ira es la mirada de un niño ebrio de drogas adultas, dispuesto a imitar las conductas de un infierno de juguete. Apago la televisión, me relamo las lágrimas y me rasco, en silencio, como un mono enfermo en busca de un interruptor en mi propio cuerpo.
Iván Sáinz-Pardo
"La ira dormida" ©2008
Hace que nos conocimos por el azar caprichoso del destino en Munich. Y hace tres años, justo en un día como hoy, que nos casamos en Torroella de Montgri. Feliz aniversario, mi amor. No se si brindaremos a la noche mejor con cerveza alemana o con cava catalán pero, igualmente, te quiero más y más cada día que pasa.
La magia de cada una de tus mejores intenciones, la lucidez de tus palabras cuando fueron sabias. El valor de tu mano cuando dirigió firme y segura.
La ternura de tu regazo en aquellos momentos en los que, en la tarea de ser madre, luchaste por ser mejor que ninguna.
La esencia de tu carcajada inolvidable, de tu sonrisa generosa y sentida. La virtud de todo tu amor, cuando quiso ser inagotable, romántico en desmesura.
Todo esto madre, seguirá por siempre en nosotros, porque el resto, se lo llevo tu repentina muerte y la mar revuelta de una tarde de diciembre. Tarde embravecida en tormenta de agua, sal, viento e ira; en el silencio anclado de reunir nuestras fuerzas para asumir con templanza y dignidad tu despedida. Y con la tarde quejándose, resacosa, bajo un cielo gris plomizo, nuestro padre se enfrenta al mar y a la hosquedad, cruel y amenazante, de este enorme vacío que dejas. Tratando de sobreponerse, de guardar la compostura, entra con decisión en las aguas. Solitario y erguido en un febril desamparo, que es a la vez también el nuestro, es consciente de estar perdiendo mil batallas con cada ola que va siendo teñida con el gris de tus cenizas.
Los segundos se atropellan, los unos con los otros, y su corazón, desbocado, le agita la respiración. Trata de preservar consigo y para siempre esos instantes, a la vez que las aguas del Cantábrico congelan de frío sus piernas.
Y poco después, vuelve a nosotros, simulando un halo de esforzada entereza, arrastrando espuma con sus pasos descompasados, con el semblante marcado y la mirada perdida. Y nos encuentra sujetos a un abrazo, asomados a la orfandaz infinita de una ensoñación brutalmente extraña y surrealista, juntos y unidos en un llanto silencioso, esperándole allí quietos, en la orilla.
En silencio nos alejamos de una playa cómplice de nuestro secreto, nos alejamos del mar, de la arena, los susurros, los quejidos y el viento; nos alejamos despacio, para dejar morir así la tarde. Tarde en la que de nuevo y por última vez, nos hablaron de ti los elementos; tarde toda poderosa en la que estabas, madre, más presente que nunca. Para no olvidar tu gran coraje, tu amor generoso, tu magia, y el significado final de tu eterno mensaje. La dulzura, la dulzura, la dulzura.
Iván Sáinz-Pardo
"El sendero de la oveja negra"
N 33042/1997
R.P.I: VA-1329