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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.

REGALO DE NAVIDAD (Rescatado)

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Las estrellas disfrazadas en su propio carnaval celeste, con la luna como testigo accidental, ignorada por todos, llorando su plata invisible por las mejillas de la ciudad. Calles maquilladas, luces de neón, compras impulsivas como bálsamo prefabricado, portales repletos de limosnas por llegar.

Observo cada nueva Navidad desde el mismo escaparate. Ante mí, circulan manadas de sonrisas de plástico, orientadas por rutinas consumistas de desilusión.
Los capullos motorizados dando su mejor do de pecho, especialmente alterados, esclavizados y ebrios por insulsas comidas de empresa.

Esta prohibido ser adulto en Navidad. Los villancicos se venden como politonos y desde Oriente ya no premian la buena voluntad de los niños de Occidente. Hay guerra Santa declarada y los tres reyes pertenecen a Al-Qaeda.
El papa Noel, fumando un Camel, se detiene un momento ante mi pobre escaparate y se ríe de mí. Es un informático desempleado, un tipo paseándose con desgana, ofreciendo caramelos caducados bajo una barba falsa. Un memo que únicamente sirve para bajarse fotos pedófilas de Internet y promocionar subliminalmente la Coca-Cola.

Entonces pasas tú. Me ves y me sonríes, y yo, desde el otro lado del cristal, te grito:

-!La Navidad no existe! Cómprame ahora, regálame, aunque cueste mucho más. No podré aguantar hasta las rebajas.

Iván Sáinz-Pardo
"La ira dormida" ©2005

01/01/2007 13:16. Ivan Enlazarme. POST RESCATADO Hay 8 comentarios.

ERAMOS POCOS (Borja Cobeaga, España, 2005)

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Se ha hablado ya mucho, y más aún que se va a hablar, de este fantástico corto que, junto a “Binta y la gran idea” de Javier Fesser, (este otro aún no he tenido la oportunidad de verlo) lucharán por entrar entre los finalistas en la carrera por representar a España en los Oscars de este 2007.
“Eramos pocos” ha conseguido la unanimidad del público y de los jurados de prácticamente todos los festivales de este país, y de forma muy merecida. El cortometraje reune unas actuaciones cuidadas y medidas, con una Marivi Bilbao contenida y en estado de gracia. Un guión del mismo Cobeaga y Sergio Barrejón, simpático, nada pretencioso, con trasfondo, llevado con sensibilidad y de forma muy inteligente. El corto rebosa de buen gusto, oficio y de una calidad técnica a la altura del mejor cine nacional. Les deseo a Borja Cobeaga y a Javier Fesser, desde aquí, toda la suerte del mundo para esta gran aventura "Hollywoodiense".

VER CORTO

UNA MAÑANA ENCERRADO EN EL UTERO DE LAS PALABRAS

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Prefiero mentirme a mi mismo en grata compañía que solo poder fiarme de mi mismo a costa de desconfiar en los demás.
Prefiero poder fiarme de mi mismo a costa de desconfiar de los demás, que mentirme a mi mismo en grata compañía.
Prefiero la grata compañía de no mentirme más a mi mismo para desconfiar a costa de los demás.
Prefiero mentir a costa de mi mismo para no desconfiar en la compañía de los demás.
Prefiero como compañía el mentir a los demás que vivir a costa de la desconfianza en mi mismo.
Prefiero no mentir nunca que confiar siempre a costa de vivir a solas en la compañía de mis propias palabras.
Prefiero...

CORTOMETRAJISTA...

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El cine es tan solo un estado de animo y el cortometrajísta un despistado peón alicatando los baños del Limbo. La cruz de un cortometrajísta es convivir con semejante posibilidad, la de quizás nunca llegar a hacer un largometraje. Y sobretodo convivir con la realidad de tener que responder, una y otra vez y como si aún fuéramos cineastas solo a medias, a la eterna pregunta: ¿Y para cuando el largo?
Al igual que el tamaño del lienzo no hace mejor o peor al pintor, sino que tan solo permite más o menos espacio para la narración pictórica de su obra, el cortometrajísta ya es, independientemente del formato, también un cineasta.
El corto es un ejercicio de aprendizaje, una carta de presentación, un anuncio, un paso previo antes de rodar un largometraje, pero también es mucho más. Es en si mismo una pequeña película, una obra real, completa, una historia que únicamente se denomina como tal por precisar de menos metraje y menos tiempo para ser narrada.

Yo me siento como un corredor más acostumbrado a la velocidad y menos al fondo. Reconozco sentirme más cómodo ante los retos a corta distancia, ante las metas próximas, con el formato de los post, de la prosa corta, del relato corto, el de los cuentos o el de los cortometrajes. Es un formato que sencillamente me otorga confianza y que se me da bien para expresarme con precisión.

Otro asunto es que el corto, huérfano de distribución y reconocimiento, únicamente permite ampliar nuestra experiencia personal con una salida comercial y una llegada al gran público muy limitada.

En mi caso, la posibilidad de no llegar a firmar nunca un largo no es algo que consiga aterrarme más que la idea de tener que defender el resto de mi vida un largometraje con la industria cinematográfica nacional en semejantes condiciones actuales. Y que posiblemente la mayoría de espectadores ignoren y desconozcan mi obra tan solo porque únicamente se consiga proyectar en las salas durante algo más de una semana y con suerte. O perder el control durante el largo y duro proceso y encontrarme con un resultado tan evidentemente fallido y lamentable, que resulte absolutamente patético de defender. Me refiero a que tan solo busco y siento la necesidad de encontrar una historia en la que realmente crea, que me ilusione de verdad y que además cumpla el requisito de respetar el formato de los 90 minutos y, a su vez, el gusto y el favor de posibles productoras y de una distribuidora eficaz. Casi nada, por otro lado.

Mis proyectos de largometraje han sido ya varios, algunos de ellos se encuentran en estos momentos en el feo cajón de los proyectos definitivamente fustrados, otros aún permanecen en el tan solo un poco menos feo cajón de la espera incierta. En mi escueto historial como aspirante a largometrajista existen, desde algunos guiones recibidos que no consiguieron engancharme, hasta dos adaptaciones de novela que, por muy poco y por muy distintos motivos, no terminaron de caer finalmente en mis manos.

Luego esta el doloroso desarrollo de mis propios guiones, el de "Ainhoa" y el de "La Frontera Silenciosa":

“Ainhoa” esta de nuevo en coma. El largometraje aplazó las fechas establecidas de forma indefinida y vegeta en una primera versión de guión congelada y aún en propiedad de mis productores alemanes, Max y Quirin, quienes han hecho un reciente alto en su camino tras su inesperado éxito con su primer largo "La vida de los otros", de mi compañero en la Escuela de Cine de Munich, Florian Henckel von Donnersmark, quien con su primera peli, además de ya haber arrasado en Alemania y en el festival de Cine Europeo de Sevilla, ahora van lanzados a Hollywood con los Globos de Oro y los Oscar. Su representación a Alemania en los premios Oscars 2007 y el enorme éxito que esto conlleva, han obligado a la joven productora a replantearse un poco su carrera donde, lamentablemente, Ainhoa continúa ahí pero ha dejado de ser un proyecto prioritario.
Por mi parte, continúo dedicándole alguna que otra tarde. Hablo con Ainhoa al oído, la susurro nuevas ideas por si me escuchara. Sigo puliendo una historia que llega acompañándome en la cabeza, para bien o para mal, ya demasiados años.

La Frontera Silenciosa se encuentra en fase de tratamiento de guión. Ya con algunos diálogos escritos pero con demasiadas lagunas, aún le falta trabajo y una espina dorsal más sólida y concreta. De cualquier forma es una historia demasiado ambiciosa y compleja para una primera película y de aún quizás demasiado pocas garantías comerciales. La frontera sigue abierta y cuajará cuando le toque.

Hay otras ideas, otros tratamientos, pero son tan solo eso y nada más que eso y no merece la pena ni hablar de ellos aún. Este trabajo maltrata nuestro animo como una montaña rusa el estomago y hay que acostumbrarse a ver caer muchos castillos de naipes.

Hasta el momento todo lo que he rodado ha sido siempre desde la ilusión, de una forma muy natural y sin forzar nada. Solo deseo que cuando me embarque definitivamente en un proyecto de largometraje pueda ser de igual forma y, mientras, prefiero a cambio realizar algunos proyectos menores para pagar la hipoteca.

Y así, terminó aquí un 2006 que fue bastante productivo. Participé con un proyecto audiovisual en la exposición "El Madrid de Alatriste y el Siglo de Oro", que fue recibida con mucho éxito y miles de visitantes en la Casa de Panadería de la Plaza Mayor de Madrid.
También por encargo y en conmemoración con el 500 aniversario de la muerte de Cristobal Colon en Valladolid, he rodado el cortometraje histórico "El Último viaje del Almirante".
Ya por amor al arte y sin presupuesto alguno, pero con muchas ganas y mucho buen rollo, realicé el cortometraje "La Marea", junto a mis amigos Dirk Soldner y Jim-Box.
También termino este 2006 con la presentación de un documental para la Escuela de Cine "Sorin Dragoi, Porträt eines Kameramannes" sobre la obra del Director de Fotografía Sorin Dragoi, con quien tuve la oportunidad de rodar "El Sueño del Caracol" y “El último viaje del Almirante”. Aquí comparto la autoría y la dirección con mi compañero Philip Escobar Jung.

Sí, sí, majete, ya veo, todo esto esta muy bien: Cortometrajes, exposiciones, un documental… ¿Y para cuando el largo?

Pues esto es así, no depende tan solo de uno. Quizás en la puta vida, pero tranquilos, el día que yo sepa algo, este escondite y ustedes lo sabrán también. Mi felicidad, mientras, se proyectará guiando mis pasos, como siempre, por direcciones tan inesperadas y sorprendentes como hasta el momento.

10/01/2007 17:43. Ivan Enlazarme. PROYECTOS Hay 20 comentarios.

EL CAMBIO

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Anochece en azul. Y pienso en que las noches nos enseñan que no son infinitas y que las tardes, en realidad, no terminan nunca, tan solo cambian. Un ciclo construido bajo las miradas atentas y curiosas de millones de almas en cuerpos que caducan.

Iván Sáinz-Pardo
"La ira dormida" ©2007

11/01/2007 23:49. Ivan Enlazarme. LA IRA DORMIDA Hay 6 comentarios.

SORIN DRAGOI (BvK) "Poträt eines Kameramannes" (Philip Escobar Jung / Iván Sáinz-Pardo, Alemania, 2007)

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Como ya os anunciaba hace poco, comienzo este año con este documental que recoge una entrevista personal con el director de fotografía y camarógrafo rumano Sorin Dragoi, quien además, hace un repaso a algunos de sus proyectos más importantes incluyendo “El Sueño del Caracol” y mi último trabajo, “El último viaje del Almirante”. Con imágenes de “Bei der Grosseltern” , “El último veneciano” y Paraíso”.
Veintiséis íntimos minutos que nos muestran el amor por el cine, la fotografía y la luz, en el ímpetu de contar historias capaces de transmitir sabiduría y honestidad. El testimonio espontáneo y veraz de un reconocido camarógrafo profesional sobre su forma de entender su papel y su trabajo dentro del mundo del cine.
Un documental dirigido, realizado, editado y producido por Philip Escobar Jung e Iván Sáinz-Pardo y que ha servido como trabajo final para el departamento de técnica de la escuela de Cine y Televisión de Munich.

Por otro lado, me han comunicado que hoy viernes 12, de 20:00 a 21:00, hablarán un poco en la radio sobre algunos de los trabajos y la trayectoria personal de servidor. Esto será online y por Internet en el programa "La cena de los viernes" en “Radio Trinitat Vella”, para los que puedan y quieran escucharlo. Gracias desde aquí a Javi Alba de Alba por la iniciativa y por avisarnos.

ESCUCHAR RADIO

12/01/2007 16:23. Ivan Enlazarme. PROYECTOS Hay 4 comentarios.

SE ME ACABARON LOS SUSURROS

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La mejor defensa es un buen ataque, te lo diré en ocho susurros.
Los tópicos funcionan y por eso perduran. Los días son azules, o quizá lo parezcan, pero nada es gratis. La letra pequeña nos habla de la verdad, los titulares solo mienten a medias. Hay una línea invisible que solo vislumbran los cansados de vivir. Hazme un truco y no me quites la venda. Tu juego puede ser el mío, podemos ponerle nuevos nombres a las cosas. Nombres más amables para un nuevo mundo. Hazlo lento, pon tu mejor técnica, el corazón, que para eso ya se desliza demasiado veloz la vida. Y así soñar jugando, viviendo, en la esperanza de poder volver a creer en la magia de amar la vida que construimos para nosotros y entre todos. ¿Sabes?, se me acabaron los susurros.

Iván Sáinz-Pardo
"La ira dormida" ©2007

EL SUEÑO DE LOS HERMANOS JONES

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Ayer soñé que, mientras mi amigo Jim-Box surfeaba, como de costumbre, por las costas Asturianas, un tiburón enorme y muy, muy despistado, decidía incluirlo así, sin más, en el menú del día. Y que Jimmi, de la noche a la mañana, pasaba a la historia por ser el primer cortometrajísta engullido por un animal. Entonces, todos sus cortitos también pasaban junto a él a los anales de la historia del cine y de la fauna salvaje, así, en plan doblete. Después, toda una manada de resabioncillos y gafapasterosos comenzaba de inmediato a escupir una montaña de soplapolleces absurdas sobre la trayectoria mítica de un verdadero martir cinematográfico. Y Garci le dedicaba una película y Medem un documental, mientras algunos cortometrajistas como yo, fuera de control, dejábamos el cine para siempre para embarcarnos en un barco ballenero, en busca de ser idílicamente digeridos por nuestro propio Mobydick.
La foto, como indica, es del fotógrafo Kurt Jones, el surfer de la foto es su hermano Queco.

MAGIC EXPRESS

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Tú me dijiste:

-Ummm… te comería si estuvieras aquí conmigo.

Yo llamé a aquel servicio nuevo de mensajería. Vinieron a casa, me rociaron con un spray y me metieron en una cajita.
Cuando llegaste a casa, alguien había abierto ya el paquete y yo esperaba, sonriente, en tu mesa.

17/01/2007 12:29. Ivan Enlazarme. UNAS FOTOS Hay 10 comentarios.

EL ABETO

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Volviendo esta tarde de dar un paseo con Lola, Lucy se fijó en un abeto que algún vecino había tirado tras el adiós navideño y que, ahora, posaba tristemente junto a los contendores de basura. Una estampa muy común en estas fechas.
El abeto no estaba seco, presentaba una pinta bastante saludable y nos ha dado mucha pena.

-¿Lo adoptamos?

Lo hemos subido hasta nuestro ático, lo hemos trasplantado a un tiesto nuevo y más grande, le hemos cambiado la tierra seca por otra tierra nueva y fértil y, para finalizar, mientras Lucy bajaba a buscar su cámara de fotos, yo le he dado una buena ducha con la manguera.
Mientras le hacíamos esta foto parecía incluso devolvernos la sonrisa. Ahora sigue posando, pero con mucha más alegría y decisión y con mejores vistas, en nuestra terraza.

VALENCIA MADE IN U.S.A

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Si hace algo más de 20 años, en un capítulo de "El Equipo A", los americanos mostraban el aeropuerto de Valencia como un descampado inmundo y repleto de terroristas islámicos escondidos en sus turbantes, en la actualidad, las calles de Valencia tampoco parecen haber cambiado demasiado. En la serie americana que estrenará próximamente la Sexta “The Unit”, una unidad especial americana se desplaza a las calles de una ciudad de Valencia sorprendentemente represiva y policial, repleta de vespas, ventas ambulantes y controlada por guardias civiles con bigote y tricornios espectaculares. Al ritmo de Los Manolos y con unos españoles agitanados y con aspecto de mariachis, trascurre la acción y la fabulosa y realista ambientación de esta serie tan maja. Y nosotros que nos quejábamos de la Sevilla de “Mision Imposible 2”.
¡Ole!, ¡Ole… y reole!

-ACTUALIZACIÓN: Nuestro amigo Juan, nos informa de otra secuencia sin desperdicio alguno. El célebre Mc Guiver, rescata a una prisionera americana en un campamento de guerrilleros vascos. No os perdais a los vascos, quienes segun Maguiver, son montañeros vascos que desde tiempos inmemoriables, han estado luchando contra franceses y españoles y acostumbran a secuestrar rehenes americanos. Mítico. Muchas Gracias, Juan.


-Ver extracto de "El Equipo A"

-Ver extracto de la serie "The Unit"

-Ver extracto de "Mc Guiver"

ROCKY (La saga)

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Antes de nada, me disculpo por lo extenso de esta crítica y recomiendo a quien aún no haya visto alguna de las películas, incluidas la última, que no continue leyendo, porque desvelo la trama de gran parte de la saga.
Esta es una de las sagas más exitosas y más famosas de la historia del cine, con todos mis respetos a Bond, James Bond, quien si el destino no lo remedia pronto, algún día me regalará un record Guinnes por conseguir ser el único occidental que aún no ha visto ninguno de sus numerosos títulos. Todos mis respetos desde aquí a sus seguidores, también a Sean Connery y al resto, pero lo mío ya es algo así como una paradoja del azar, una avalancha extraña de circunstancias y, últimamente, reconozco que también existe algo de orgullo personal ante un indudable sabor a arroz quemado. He llegado muy tarde y las increíbles piruetas del afamado gentleman ingles no consiguen captar realmente mi interés.
La saga de Rocky abarca tres décadas desde la primera película hasta la última y más reciente entrega. Permítanme que comience por el principio:

En 1976, un desconocido actor, Sylvester Stallone, escribió un guión llamado Paradise Alley (La calle del paraíso), inspirado en un combate entre Muhammad Ali y Chuck Wepner. El guión cayó en las manos de los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff quienes, en un principio, se mostraron contrarios al empeño y la voluntad de Stallone de encarnar al boxeador protagonista. Pero este fue realmente el primer combate ganado por Stallone, quien consiguió el papel y la producción de su sueño cinematográfico. Y aunque en la película pierde a los puntos contra el poderoso Apollo Creed, este ganó, sin embargo, por K.O y en el primer asalto, contra Scorsese, quien vio como Rocky se llevaba ese año el Oscar a la mejor película por encima de su magnífica “Taxi Driver”. Stallone se guardó el título de su guión y lo reservó para otra película que el mismo rodó e interpretó dos años más tarde y que, en nuestro país, se dio a conocer como “La cocina del infierno”. El guión y la película sobre el boxeador de Philadelphia pasaron a llamarse “Rocky”.
La película de Stallone fue rodada en menos de un mes y con un presupuesto modesto de poco más de 1 millón de dólares y recaudó más de 115 millones tan solo en los Estados Unidos. Público y crítica, aturdidos por el júbilo, se aunaron a su favor y la cinta se hizo, además, con otros dos Oscars, el de mejor montaje y el de mejor director, de un total de 10 nominaciones y tras haber recibido otras 6 nominaciones y el Golden Globe también a la mejor película.
Si me preguntan a mí, les diría que “Rocky” es un estupendo drama, muy bien construido, lleno de corazón y de épica y que narra, a la perfección, una historia sobre la superación personal y la búsqueda de uno mismo. Es la historia de un boxeador italo-americano de talento, pero sin fe ni oportunidades, Rocky Balboa, quien vive y se gana la vida en un barrio bajo y deprimido de Philadelphia. Trabaja como pluriempleado, boxeando por cuatro perras y amenazando a morosos como ayudante de un matón de poca monta. Está enamorado de Adrian, hermana de su amigo Poli. Adrian es una mujer muy tímida que trabaja en una pequeña tienda de animales con quien, Rocky, intentará establecer una relación amorosa. Gracias al destino, a la suerte y en parte a su llamativo apodo, “El potro italiano” se le brinda, de la noche a la mañana, la oportunidad de su vida. Podrá enfrentarse al actual campeón de los pesos pesados y soñar con el título.
“Rocky” narra una historia honesta, universal, de esas que los americanos, en su nacional egocentrismo y adueñándose descaradamente del término, denominan como “El sueño americano”.
Lo cierto es que Rocky es una buena película, pero también es una película bastante sobrevalorada, y lo demuestra el mismo Stallone con la secuela Rocky II, donde consigue romper el mito de “La segundas partes nunca fueron buenas” calcando la estructura y la formula mágica de la primera parte con admirable respeto e inteligencia. Mimando el desarrollo de los personajes y su mundo y llegando, incluso, algo más allá en cada una de las virtudes de su predecesora. Esta segunda parte supera o, como mínimo, consigue alcanzar la calidad cinematográfica de la primera pero, sin embargo, esta vez no consiguió todo el favor de la crítica. El público, sin embargo, la recibió con bastante entusiasmo y recaudó 85 millones de dólares en los Estados Unidos. Yo opino que, ni la primera era tan buena, ni la segunda era tan mala. Pienso que ambas alcanzan un nivel muy notable y que, realmente, además de repetir en las labores de guionista, sorprende muy positivamente el trabajo del propio Stallone en la dirección, ya que lo cierto es que, durante los 119 minutos que dura esta secuela, nunca llegamos a echar de menos al director de la primera parte, John G. Avildsen.
Avildsen es un director irregular, para muchos mediocre, que en la actualidad está prácticamente retirado, pero que, sin embargo, ha conseguido reunir dos títulos que han cambiado la vida de millones de espectadores de distintas generaciones: “Rocky” y “Karate Kid”. Con ambas, no solo ha conseguido llenar las salas de cine, sino que ha conseguido motivar y volver a llenar de vida los gimnasios deportivos de medio mundo. Debo de reconocer que hasta yo mismo llegué a cinturón verde de karate (¿o era azul? Buff, ni lo recuerdo ya) gracias a ese hombre.
Volviendo a Rocky, no podemos obviar a uno de los pilares fuertes y a uno de los culpables del éxito de la cinta y de que esta, treinta años más tarde, sea considerada como un clásico o como película de culto, la magistral banda sonora de Bill Conti. El tema principal, la canción “Gonna Fly Now” es un icono cultural unido de por vida a la figura del mito “Rocky”. Conti realizó las bandas sonoras de toda la saga exceptuando la de la cuarta entrega, que por otro lado, y bajo mi opinión, era una de las mejores, influenciada sin duda por los gustos musicales y los ritmos de la década de los 80, y que exaltaban y complementaban la épica y toda la trepidante acción de aquella secuela.

En Rocky II, película que llegó tres años más tarde, ya en el 79 y con un Stallone, al igual que su personaje, encumbrado en el éxito y la fama, se justifica eficazmente los conflictos de la trama. La cinta comienza donde acaba la primera parte y podemos ver a un Apollo Creed insatisfecho con su revalidación del título mundial (por los puntos y por los pelos) ante, el hasta entonces, completo desconocido “Potro Italiano”. Interiormente, Apollo sabe que es muy posible que haya alguien mejor, un verdadero campeón, y la sombra y la creciente fama de Rocky lo torturan interiormente.
El personaje de Apollo es encarnado de nuevo por el actor Carl Weathers quien, merecidamente, se hace un destacado hueco en esta saga pugilística y siempre será recordado como tal.
En esta segunda entrega se desarrolla gran parte de la sincera y bonita relación de amor entre Adrian y Rocky, quien tras el combate le pide matrimonio y terminan casándose felizmente y por la iglesia, como un buen creyente italiano.
Uno de los aciertos de la saga, es la de otorgar un trasfondo dramático ferreo a los guiones y ofrecer conflictos personales a cada uno de los personajes. Stallone, como guionista, entiende que el antagonista de Rocky, en cada uno de sus retos, es prácticamente un personaje tan importante como el del boxeador mismo. Entendemos las motivaciones y los conflictos de Apollo, también las de Rocky y, además, se dibujan con esmero los personajes de Adrian, quien en esta segunda entrega se opone al combate tratando de salvaguardar la salud de su marido. El personaje de Poli, ese pobre diablo que además es su cuñado, o el de Mickey, el siempre entrañable y cascarrabias entrenador de Rocky.
La mujer de Rocky se queda embarazada y Rocky está dispuesto a dejar el boxeo y trabajar en lo que pueda para mantener a su familia. Pero Rocky, aunque es una persona muy noble, también es una persona muy básica e inculta, y esto se transforma en un problema a la hora de administrar el dinero ganado o de intentar trabajar de cualquier otra cosa. Desde el entorno de Apollo se le presiona para volver a combatir, pero ni su mujer, ni su entrenador parecen apoyar la idea.
Uno de los mejores momentos de la saga es la escena en el rellano de la casa de Mickey. Rocky le pide que por favor le vuelva a entrenar y su entrenador le demuestra, dándole una bofetada por sorpresa, que físicamente ya no esta apto para combatir

-¿Lo ves?, Ni siquiera lo has visto venir, ¿verdad? Y eso que te lo ha dado un viejo anciano, ¿Qué pasaría si Apollo te cazara varias veces?

-Supongo que me noquearía.

-No, te lesionaría, para siempre.

Uno de los ojos de Rocky ha perdido visión. La escena es simplemente antológica, junto a otras con algunas frases como:

“Adrian, yo… nunca te he pedido que dejes de ser una mujer, por favor… por favor te lo pido, no me pidas a mi que deje de ser un hombre”

Mientras Apollo lo ridiculiza sin piedad en los medios de comunicación, Rocky se humilla ante los ojos de su entrenador trabajando de cualquier cosa en el gimnasio de este. La situación es dolorosa y las provocaciones excesivas, lo que provoca que Mickey cambie de opinión y decida apoyarlo y volver a entrenarlo. Somos testigos entonces de cómo Rocky le dice “Lo siento” a su esposa y de como comienza el duro entrenamiento. Sin embargo, Adrian llegará a sufrir graves problemas de salud que harán peligrar su vida y la del hijo de ambos. La tensión y la emoción se incrementan, con una narración que transcurre equilibrada y firme y que llega y se transmite perfectamente al espectador. Apollo quiere venganza, saldrá para machacarlo, humillarlo y vencer así a sus propios demonios. Mientras Apollo se entrena muy duro, vemos a un Rocky desmotivado y sin ánimos para poder entrenar dignamente, muy afectado por la situación crítica de su mujer. Podemos sentir con angustia como pasan las horas, los días y como se acaba el tiempo. Sufrimos junto a Rocky, porque no esta preparado y sus oportunidades en el ring se van mermando en la silla del hospital. Pero esta entrega tiene además uno de los momentos más emocionantes, arrebatadores y potentes que yo he podido encontrar en una película. Adrian vuelve en sí, ha nacido el hijo y, ambos, parecen estar finalmente fuera de peligro. Rocky esta cansado, pero feliz, es padre por primera vez y esta dispuesto a no volver a contrariar a su mujer. Propone retirase, dar el combate por perdido, como parece ser el deseo de su mujer, pero ella, entendiendo que su marido tiene el corazón de un verdadero boxeador y que necesita cumplir su sueño, le pide que haga algo por ella:

-Quiero que hagas algo por mí. Acércate.

-Qué.

-Que ganes. ¡Véncele!

Entonces comienza la música y el entrenamiento contra reloj, y los pelos se le ponen a uno como escarpias. Llega el gran momento y Stallone ha mentalizado a sus espectadores con una precisión milimétrica.
El combate está fotografiado con una agilidad y una puesta en escena asombrosa y resulta vibrante y lleno de épica y emoción. Ëpica es una palabra que no puede dejarse de mencionar cuando uno hace referencia a esta saga. Rocky II gana por K.O, y para quien escribe esta crítica es, sin ninguna duda, la mejor película de toda ella.

Llegan los años ochenta y Stallone, en su plenitud física y profesional, está a punto de vivir su década de oro. En 1982 volverá a ponerse los guantes y de nuevo, escribe y dirige una tercera entrega de la saga. En el mismo año, nace otro icono del cine de acción, John Rambo en “Acorralado”, basada en el best seller de David Morrel “First Blood” y que dará pie a otra saga millonaria.
Rocky III es, de las seis partes, sin duda la más divertida y una de las más entretenidas. El mayor acierto, una vez más, es la elección de su contrincante, en este caso, un asombroso Mr. T (Aquí más conocido como M.A en la serie “El Equipo A”), quien se toma muy en serio su papel y consigue crear la figura de Clubber Lang, un despiadado, temible y brutal púgil lleno de odio.
Stallone parece ser consciente de que la crítica, tratandose de una tercera parte, no va a estar de ninguna de las formas a su favor, pero continúa moviendo las fichas con mucha destreza. No esta dispuesto a abandonar la formula secreta y decide volver a mezclar los géneros de acción y drama. Para compensarlos, sabe que necesita sacrificar alguna de sus fichas. Y si en la segunda parte la salud de Adrian y la de su hijo servían para manipular los corazones, en esta, utiliza la muerte del viejo entrenador como revulsivo.
La película comienza con una simpática y casi disparatada dosis de humor en la que se muestra como la vida del campeón se ha vuelto un circo mediático. Se incluye un combate de exhibición con el, entonces, aún no tan conocido luchador de lucha libre Hulk Hogan que por momentos resulta no menos que surrealista. Este principio, a veces, casi jocoso, esta calculado y medido, para contrastar con la parte dramática aún con mucho más impacto. En los momentos antes del combate y durante una discusión acalorada con Clubber Lang, Mickey sufre un ataque al corazón, y aunque Rocky quiere suspender el combate, su entrenador se niega y le pide que combata. En semejante situación, Rocky es brutalmente noqueado y terminado el combate, en los vestuarios Mickey muere en sus brazos creyendo que este ha vencido la contienda.
El boxeo es un deporte respetuoso, noble y de hombres y en Rocky III, será Apollo, gracias a la sana admiración por quien supo ganarlo con el corazón y de forma honesta y justa, quien, junto a Adrian y Poli, se aliará a Rocky en los momentos difíciles.
Las escenas de entrenamiento y los dos combates contra Clubber Lang, vuelven a estar a una gran altura, y esta tercera entrega vuelve a satisfacer al gran público. Rocky III se convierte en la película más taquillera de las tres, superando los 125 millones de dólares en los Estados Unidos.
Esta tercera entrega, y contrariamente a lo que muchos piensan, es para mí una admirable secuela, emocionante, vibrante, entretenida, con escenas realmente inolvidables y con nuevos temas musicales como “Eye of the tiger”, que quedarán para siempre en la historia del cine y que participan importantemente en la grandeza de la leyenda del púgil de Philadelphia.

Llegamos a 1985. Stallone acaba de estrenar la segunda película más taquillera del año en Estados Unidos (tras “Regreso al futuro” de Robert Zemeckis), “Rambo, Acorralado II” que, por otro lado y gracias a sus dosis de violencia gratuita, consigue arrasar en los premios Razzie a las peores películas en casi todos sus apartados, incluyendo peor película, peor actor y peor guión. Algo, bajo mi humilde opinión, ciertamente injusto si tenemos en cuenta que es una bastante más que correcta cinta de acción bélica.
Los tiempos cambian y el prototipo de héroes y villanos también. Son los años ochenta y la testosterona y la violencia fascistoide vende y funciona. Stallone no puede evitar cierta mutación entre sus dos personajes más famosos. Al igual que hace en Rambo II, en Rocky IV decide obviar en gran medida la parte social y dramática en el hilo argumental a favor de la acción pura y dura. Y de nuevo como guionista y en las labores de dirección, consigue superarse de nuevo batiendo el record de taquilla de la tercera parte. Rocky IV se alza con el título de “La película deportiva más taquillera de la historia”.
De nuevo consigue afinar las notas correctas y esto es gracias en gran parte a que encuentra un antagonista atractivo y a la altura de sus predecesores. Iván Drago, protagonizado por Dolph Lundgren, es un boxeador de la antigua Unión Soviética entrenado en instalaciones futuristas de última generación y con la ayuda de sustancias anabólicas prohibidas, que le otorgan cualidades casi sobrehumanas. Un deportista perfecto y programado con la única intención de humillar al campeón americano en mitad de la denominada Guerra Fría.
Esta vez, Stallone sacrifica una nueva pieza, Drago fulmina y provoca la muerte en el ring a un desprevenido Apollo quien, por nostalgia, decide volver al ring.
Con un estilo algo más videoclipero que las anteriores, siguiendo en parte la moda de los 80, (mítica la escena con Apollo Creed vestido de “Tio Sam” y bailando con el “Living in America” de James Brown) y prescindiendo de los acostumbrados diálogos y de los momentos moralizantes de las anteriores, Rocky IV es sin duda una de las películas deportivas de acción más efectivas y adrenalíticas de la historia del cine, y me consta que ha sido utilizada, más de una vez, para motivar a deportistas de muchas partes antes de sus enfrenamientos deportivos.
Rocky IV, aunque se aleje del estilo y de las pretensiones mucho más artísticas y sobrias de la original, es una joya del entretenimiento y de la acción y un autentico clásico de los años 80. Le pese a quien le pese.

A Stallone, sin embargo, le entraron las dudas con la década de los noventa. Parecía ser consciente, junto a otros actores como Arnold Schwarchenegger, de que los espectadores poco a poco comenzaban a reclamar un cambio y nuevas formulas. Heroes más sofisticados y algo menos planos. La saga de Rocky ya había dado todo de sí y Stallone sentía que lo mejor era dar un giro en su carrera. Poco antes de fracasar en una nueva faceta como actor cómico con dos despropósitos como “Oscar” y “ Alto o mi madre dispara”, Stallone decide culminar la saga de Rocky en el 90 con una última entrega en la que, incluso, estuvo seriamente tentado de dejar morir al héroe. Para ello, devuelve el mando en la dirección a Avildsen, el director de la original, e intenta rescatar los derroteros dramáticos de las primeras entregas. Pero esta vez, por una total falta de claridad en sus propósitos y por intentar modernizar la formula, esta falla completamente. Rocky V no solo es la peor película de la saga, a años luz de todas las anteriores, sino que no aporta absolutamente nada nuevo y únicamente consigue denigrar de un plumazo el fantástico personaje que le encumbró en la fama. Con una dirección inexistente, un guión lamentable, aburrido, absurdo y hasta en más de un momento grotesco y con unos diálogos ridículos, Stallone, sacrifica a Rocky apuntillándolo además con la peor y más desafortunada interpretación de toda su carrera. Esta vez, la figura de Rocky resulta insoportable. Deambula sin sentido como un memo tarado de verborrea incontenible, que consigue caer mal por primera vez y sacar de quicio a cualquiera.
Y de esta manera, una saga que había resistido con dignidad los gustos y preferencias de prácticamente dos décadas enteras, se estrellaba estrepitosamente en los 90, cosechando las peores criticas posibles, defraudando por completo a sus seguidores y dándose un más que sonoro batacazo en taquilla.
Este desproposito, por la falta de fe y de decisión, y sin pretenderlo, parecía ser el peor final que el mito de Rocky se merecía.

Pero en este 2007 se ha estrenado Rocky Balboa, esta vez sí el capitulo final de la saga. Han tenido que pasar 17 años, 30 años desde el primer Rocky, para que un Stallone con 60 años cumplidos, vuelva a intentar rescatar del pozo la saga y tratar de culminarla como esta se merece.
Stallone ha salido muy tocado de la década de los noventa, años que únicamente han evidenciado su creciente decadencia profesional, fracaso tras fracaso, con películas como “Driven”, “D-Tox”, “Avengin Angelo”, "Taxi 3", "Spy-Kids 3D" y un largo número de títulos mediocres que lo han apartado del éxito.
Rocky Balboa vuelve a beber directamente de la misma fuente que las primeras entregas, y si en aquellas teníamos a un solitario treintañero que soñaba con salir del anonimato y triunfar a contra reloj como boxeador, en esta tenemos a un Rocky ya retirado, un viejo veterano que se enfrenta al último cuarto de su vida como famoso ex boxeador y como viudo. Adrian ha muerto de un cáncer y Rocky dirige un restaurante con su nombre en donde entretiene a la clientela con sus viejas batallitas.
Es muy comentado el extraño y lamentable aspecto que ofrece Stallone en esta última entrega, debido a las numerosas operaciones de cirugía estética y al abuso de esteroides y anabolizantes en su afán de conservar la musculatura para poder continuar, a su edad, impresionando a sus seguidores.
Lo cierto es que no podemos dejar de comparar su vida personal con la del propio personaje y, en este caso, su aspecto físico y su situación profesional actual, juegan a favor y apoyan en parte la credibilidad de lo que se expone en esta última película. Digo en parte, porque también tenemos que creernos que un hombre de sesenta años recibe la oportunidad de volver a luchar contra el campeón de los pesos pesados. Aunque bien es cierto que esto ya era prácticamente igual de improbable en aquella primera película en los años 70.
Stallone es consciente de que, a pesar de todos sus esfuerzos, su poderío físico ha dejado de ser un arma eficaz y creíble como lo era antaño para conseguir ofrecer generosas dosis de espectáculo. Por ello, decide mejor concentrarse seriamente en la parte dramática y emocional a la que otorga la mayor parte del metraje. Esta vez, utiliza a la perfección una nueva y contundente arma, la nostalgia.
Stallone vuelve a escribir un guión con oficio, mimo y honestidad y nos muestra a un Rocky en su etapa decadente, solitario, envejecido y melancólico. Rocky sobrevive agarrado al recuerdo de su mujer y al recuerdo de los tiempos pasados, que como bien se sabe, siempre fueron mejores.
Stallone, muy consciente del caracter tan personal de este proyecto y de lo arriesgado que resultaba la idea de volver a encarnar a Rocky por última vez y tras 17 largos años de ausencia, decide controlar de nuevo el producto muy de cerca y, una vez más, es él mismo quien vuelve a realizar las labores de dirección. Esto resulta un verdadero acierto. Además, también decide volver a trabajar como antaño, con un presupuesto bastante modesto, esta vez de 24 millones de dólares.
Las subtramas y los conflictos de los personajes que rodean a Rocky en esta entrega son excesivamente esquemáticos y están sujetas un poco con alfileres, pero cumplen con su función y no llegan a entorpecer la historia.
Yo, ante todo, destacaría la escena de Rocky y Poli en la fábrica de carne, donde Rocky abre de forma “descarnada” su corazón, con lágrimas en los ojos, en un monólogo auténtico y realmente emocionante.
No tan afortunada es la parte final, con un entrenamiento rodado con el oficio de la experiencia, pero extremadamente fugaz. Se echa en falta el poder observar como un hombre de su edad, lucha por volver a coger la forma. Las agujetas, los mareos, esa mencionada calcificación de las articulaciones. Sentir la cuenta atrás, el miedo a hacer el ridículo, a no estar a la altura, el miedo al bochorno de ofrecer un show lamentable o de resultar gravemente lesionado. Hay una inexistente tensión dramática y, de un plumazo, nos encontramos a Rocky ya en el ring. Además, Mason Dixon es el antagonista peor dibujado y más flojo de toda la saga. Parece no fomentarse el poderío de este, en parte para ayudar a la credibilidad de todo el asunto o quizás, porque ya no es necesaria ninguna continuidad o profundidad excesiva del personaje al tratarse del último capítulo.
Por todas estas razones, no llegamos al combate tan motivados como nos tenían acostumbrados en los enfrentamientos anteriores, y esto resulta un lastre demasiado pesado.
El combate, por otro lado, tampoco consigue llegar a la espectacularidad deseada y es, con diferencia, y sin contar la grotesca escaramuza callejera con Tommi Gunn en la olvidable quinta entrega, el peor realizado de todos. Se intuyen algunas buenas intenciones, pero la puesta en escena es bastante mediocre y tanto el montaje, como la realización, son bastante desafortunadas. Los guiños modernos y el pretendido estilo más cool de los tiempos que corren, con una edición videoclipera y confusa, empobrecen considerablemente el espectáculo. Y si no, revisen cualquiera de los brutales enfrentamientos de cualquiera de las películas anteriores. Supongo que los planos abiertos y el montaje más clásico de las décadas anteriores, evidenciaban en demasía las carencias físicas de la puesta en escena del Sylvester Stallone de hoy en día. Una verdadera lástima y una gran oportunidad perdida, la última, para, tras una fantástica primera parte de película, haber podido ofrecernos la mejor entrega de toda la saga.
Sin embargo, y en líneas generales, Stallone recrea un honesto, justo y emocionante capitulo final, con un carácter inequívocamente circular, para reforzar la sensación de redondez de una saga que ha significado todo en su vida. Y si la fortuna y una rotura de mano (la del aspirante al título que iba a enfrentarse hace 30 años a Apollo) le otorgaron entonces la oportunidad de su vida y el principio de todo un sueño, el final esperado se lo brinda ahora otra rotura de mano. En Rocky Balboa, durante el combate, a las primera de cambio, Dixon se parte la mano con un desafortunado golpe a la cadera de Rocky, con lo que se ven de esta forma mermadas sus habituales habilidades en el ring, y lo que brinda, por otro lado, la oportunidad a un valiente veterano como Rocky, de igualar la desventaja y ofrecer el espectáculo de volver a aguantar estoicamente y con honor todos los asaltos al joven campeón. Rocky perderá a los puntos, como ya lo hiciera aquella primera vez contra Apollo, pero moralmente, volverá a ganar como ya lo hiciera entonces. Todo termina como empezó y generaciones enteras de espectadores hemos podido crecer y madurar siendo testigos directos de la vida de un hombre bueno, un verdadero héroe hecho así mismo. Rocky Balboa es una película de notable calidad que cierra con gran dignidad la saga y es también un acertado y merecido homenaje a la figura de Rocky y a su creador. Stallone ha conseguido, treinta años más tarde, volver a reencontrarse de nuevo con gran parte de la crítica. Mientras, el público está respondiendo como casi siempre, de forma fiel y apasionada y Rocky Balboa esta siendo un verdadero éxito de taquilla.
Gracias Stallone y gracias Rocky, gracias a ambos, por regalarnos, nada más y nada menos, que toda una vida plasmada en celuloide. Una vida llena de buenos valores, de penas y de alegrías, de momentos verdaderos y, sobretodo, de tantas, tantísimas emociones. Yo, a cambio, no puedo menos que escribir mí, hasta el momento, más extensa y detallada crítica, escrita desde el respeto, la admiración y desde el corazón de quien, como otros tantos millones de espectadores de todo el mundo, ha reído, llorado y gritado durante tantos años a vuestro lado.

Iván Sáinz-Pardo

21/01/2007 20:49. Ivan Enlazarme. CRITICAS CINE Hay 25 comentarios.

EN PENUMBRAS

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Si ustedes están leyendo estas líneas es que la batería de mi ordenador ha resistido hasta la publicación de este espontáneo e improvisado post.
Parece mentira, se va la luz, en nuestro caso, los cabrones de Endesa nos la quitan, y el mundo cambia. Es la segunda vez que nos ocurre, la última, estuvimos allí personalmente y aclaramos el mal entendido. Al parecer, por un error, le pasan las facturas al penúltimo inquilino o algo parecido, vamos, un error meramente burocrático y que pensábamos que desde aquella vez ya estaba totalmente aclarado. Hemos vuelto a pagar esta mañana y a arreglar, supuestamente, el problema, pero estos desgraciados nos dejan sin luz hasta mañana.
No hay luz, ni televisión, ni agua caliente, ni vitro cerámica, ni microondas, ni Internet.
La nevera suda y nuestra casita esta noche parece un santuario, silencioso y a la luz tenue de las velas.
Al mal tiempo, buena cara, charlaremos, retomaremos esos libros medio abandonados y aprovecharemos, con mucha imaginación y alegría, la intimidad y el romanticismo de la situación. Ya se me empiezan a ocurrir un par de cosas más.

NUESTRA SEGURIDAD

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El chico de la foto es de un madrileño de 26 años llamado Daniel Guilló.
Imaginaros que una mañana, leyendo la prensa, con el café, descubrís una foto de aquel vuestro primer amor, del coprotagonista de aquella vuestra primera relación seria, quizá aún en vuestra adolescencia.

Imaginaros que esta foto acompaña otras peores y forman parte de una noticia como ESTA

Esto mismo le ha pasado a mi amiga Rosa, a quien desde aquí mando un fuerte abrazo. Lo terrible es que cosas así ocurran, nos sean más cercanas o no. Le deseo a Daniel y a su familia justicia y mucha suerte.

LA GRAN HORMIGA Y LA PEQUEÑA CITA

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"La verdadera libertad se encuentra en la mirada"

Iván Sáinz-Pardo

LOLIN (Rescatado)

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Voy a apretar de nuevo los dientes sin la intención de seguir espabilando esta historia muerta. El cascarón es demasiado estrecho y los bordes punzantes se me clavan en el costado. Todo el mundo está triste a mí alrededor, y yo, mientras tanto, trato de desaparecer cada día transformándome en cosas en las que antes nunca creí. El polen en flor vuela por los aires, lo inunda todo, y mis ojos y mi nariz se irritan sin remedio.

Lolín era una amiga mía del colegio. Íbamos siempre juntos a todos los sitios y recuerdo que también ella tenía una alergia terrible al polen. Lolín era una chica, pero jugaba al fútbol mejor que yo. Lolín era una chica, pero cazaba enormes lagartos verdes y encestaba triples.
Las chicas, en el colegio, acostumbran a jugar a la goma y a corretear histéricas por el patio. Piensan siempre en el día de los enamorados y en hacer a tiempo los deberes. Lolín parecía un chico. Lolín jugaba a las chapas, a hacer rabiar a las otras chicas, a la guerra de piedras, a subir a los árboles, al fútbol, y era cinturón naranja de kárate.
Yo, al principio, me apunté al equipo de futbito sin demasiado interés, y acabé siendo el portero. Lo cierto es que siempre pensaba en todo menos en lo que hacía en cada momento. Nada me interesaba lo más mínimo. Me dejaba llevar, siempre ausente, inmerso en mi propio mundo.
De niños deambulamos como marionetas sin función, nos movemos por ahí, cargando con todas nuestras preguntas y temores a cuestas, preguntándonos si estarán o no suficientemente limpias las manos que, desde abajo, nos mueven y nos dirigen.

-La función va a empezar:

El colegio, moscas en la ventana, bocadillos de tulipán y chorizo, Lorenzo, pepinillos y cebolletas, el equipo A, las Navidades en Puente Viesgo, sed, polvo, ortigas, el Capitán Trueno, aquellos niños perdidos en un laberinto, charcos, los deberes, el miedo a los médicos, alubias y pescado, Informe Semanal, la fiebre, divisiones, cumpleaños, cubatas de ginebra para mi madre, La historia interminable, papel cuadriculado, los helados de Petri, dolor de anginas, películas de vaqueros, raíces cuadradas, pipas saladas, mi tía Eva, peonzas, filetes de hígado, por la tele niños como de mentira en Etiopía, Asun, el dolor de rodillas por el crecimiento, David, las largas horas de recreo, El coche fantástico, la loción antipiojos, las heridas en las rodillas, Hugo y su Spectrum con teclas de goma, los domingos de kiosco, los abuelos, el accidente de los abuelos, mi padre sin sus padres, el comedor del colegio, El planeta imaginario, la lluvia, Juli la profesora, el miedo a la muerte, Canción triste de Hill Street, Togi, las canicas de colores, los intoxicados por la colza, la casa vieja, V, las aburridas clases de natación, los pepitos de chocolate que compraba papá para después de las aburridas clases de natación, los veranos en Puente Viesgo, más cumpleaños, Josefina y Bea, baños en el río, el anti piojos, La bola de cristal, el Cattos y el Artesa, el mal sabor de las lentejas, El increíble Hulk, Jorge García, el miedo a la oscuridad, El Comando G, golosinas, frío, Soco, E.T, petardos, vasos de leche, tía Tere, escritos en el diario, el señor don Ángel, Momo, soldados de plástico, caligrafía, Jorge Redondo, el cinematógrafo, los domingos en el campo, agua estancada, el carnaval, las mellizas, lagartos verdes, el Un, dos, tres, la playa, contar con el abuelo los carros de hierba de camino a la playa, el olor del Visvaporú, Henry, el miedo a que las cosas cambien, Alberto y sus inyecciones de insulina, aquel chandal siete días a la semana, recoger la cocina, el miedo a quedarme solo, el miedo a crecer, el peso de todos los miedos, Lolín, Lolín y su alergia al polen.

Antes de Lolín yo jugaba en el equipo de mi colegio al futbito. Nadie quería ser el portero, yo sí. En la portería, no tenía que estar todo el tiempo corriendo detrás de aquella estúpida pelota y disponía de más tiempo para mis divagaciones. Era mejor esperar allí y tratar de desbaratar las jugadas del contrario.
Yo tenía un traje azul y negro como el de Arconada y unos guantes de portero cuando no me los dejaba antes olvidados en algún sitio.
Creo que, a pesar de mi falta de interés, tenía un don especial para la portería. Lo paraba prácticamente todo, y los padres que nos iban a ver me aplaudían a rabiar.
El único problema eran mis gafas, bueno, mejor dicho, mi único problema eran mis cuatro dioptrías en cada ojo. Era el portero y el único del equipo con gafas.
Tenía la tediosa manía de destrozar unas gafas por partido, y no rompía más porque no solía tener de repuesto. Cuando las gafas se me rompían de un balonazo ya en la segunda parte, no era tanto problema, pero, cuando me las reventaban nada más comenzar, después no me quedaba otro remedio que parar a ciegas todo el resto del partido.
Pero no todas las veces paraba los balones con la cara, a veces también me daban balonazos en los huevos. Todos me aplaudían muchísimo, y yo, mientras, en el suelo, me retorcía de dolor.
Como sólo veía el balón cuando éste ya estaba demasiado cerca de mí, había desarrollado unos grandes reflejos. Pero siempre llegaba algo tarde, y era por eso que nunca acertaba a parar los balones con las manos.
A veces reservaba mis gafas para la segunda parte, que era cuando se resolvían los partidos. En la primera me freían a balonazos, pero de esta forma, al menos, podía ver algo de lo que ocurría en la segunda.
Los dos primeros años fueron los mejores, aun a pesar del dineral en gafas y el dolor de huevos, pero, al tercero, todos éramos ya más mayores y los balonazos comenzaron a ser mucho peores. Finalmente debí de cogerle miedo al balón y ya todo fue un desastre.

De pequeño observaba el cielo y las plantas y también a las hormigas y a todos los demás insectos. Me gustaba recrear grandes batallas entre los bichos, y con los hormigueros, me lo pasaba especialmente bien. Yo era un gigante, un humano monstruoso que aterrorizaba a toda una ciudad. Aplastaba con el pie a varias de ellas, y el resto, se volvían como locas entrando y saliendo de su hormiguero. Me gustaba simular sus voces:

-¡Nos atacan! ¡Corred, poneos todas a cubierto…!

-¡Hormiga Dios, sálvanos... Nos van a matar a todas! …

-¡Yo no quiero morir, tengo mujer hormiga y tres hormiguitas! …

-¡Estoy herida, he perdido una antena, que alguien me ayudeee!...

Después, al irme, me imaginaba como el protagonista del informativo de las hormigas:

-Buenas noches, hoy comenzamos nuestro espacio informativo con la triste noticia de la nueva matanza ocurrida en una de las poblaciones de Hormigafrágima del Norte donde más de una veintena de ciudadanas han perdido su vida, y cerca de una docena han sido heridas por el ataque de un humano asesino con gafas.
Nuestra hormiga reportera se ha desplazado hasta el lugar donde…

Algunos años más tarde llegó Lolín a nuestro colegio. Lolín tenía una hermana más pequeña y una madre con muchos problemas, del padre nunca supe nada. Creo que ella tampoco. Desde el principio nos caímos bien y empezamos a ir juntos. De Lolín recuerdo sobretodo eso: el Kárate y su alergia al polen.
Animado por ella, me apunté, unos años más tarde, también a Karate, y después de un tiempo, llegué a ser cinturón azul.
Recuerdo que el primer día, no sé por qué razón, me pusieron con los pequeños. Yo estaba nervioso y me sentía ridículo y extraño con ese karategui blanco. Hicimos media hora de calentamiento, y después, el profesor nos mandó colocarnos en filas. Lo cierto es que, además de nervioso, me sentía realmente fuera de lugar entre tanto kimono y tanta palabreja en japonés. En aquel gimnasio olía insoportablemente a pies y a sudor, pero nadie más que yo parecía apreciarlo, o al menos a nadie parecía importarle. Yo, mientras, no dejaba de pensar en la peli de “Kárate Kid”.
Hicimos el primer ejercicio de patada, y después el siguiente y otro, mientras yo, perdido como un cura en un burdel, trataba de imitar los movimientos de esos niños que me rodeaban por todos los lados con sus cinturones de colores. Entonces fue cuando ocurrió. El siguiente ejercicio era una patada giratoria hacia delante. Primero la hizo despacio el profesor, y detrás nos tocaba repetirla deprisa a nosotros. Dio la orden, y yo, sin ni siquiera darme cuenta, mandé de un patadón a casi tres metros de mí a la niña que tenía enfrente. Yo nunca había levantado tan alto las piernas y no era consciente de hasta dónde podía alcanzar. La niña, por supuesto, comenzó a llorar como una histérica, y todos se me quedaron mirando con caras extrañas. Recuerdo que enrojecí como una piruleta y deseé que me tragara la tierra.
El profesor necesitó varios minutos para calmar a la niña, e inmediatamente después, se volvió hacia mí.

-Muchacho, tú eres el que debe controlar tus piernas y no al contrario. Continúa trabajando.

Al siguiente día ya estaba con los mayores.
La verdad es que yo nunca he sido el mejor en ningún deporte, y pienso que quizás fuese porque siempre me cansé demasiado pronto de todos ellos.
Estuve apuntado a casi todo: un año en atletismo, tres en natación, otro en baloncesto. Hice un par de cursillos de tenis y jugué al béisbol, balonmano y boleyball. Pero lo del kárate fue gracias a Lolín, que me animó siempre desde el primer día en que la conocí.
En el comedor, teníamos casi tres horas libres para jugar en el patio, y muchas veces, jugabamos Lolín, Jorge García y yo juntos.
Un día en el que estábamos cogiendo fruta de los árboles y Lolín estaba subida a un peral, ésta nos sorprendió a Jorge y a mí asomados a la abertura que, desde abajo, se podía ver en su camiseta. Con cierta dificultad, se podía apreciar la forma de sus dos adolescentes pechos. Recuerdo que Jorge y yo nos reímos mucho y que ella, sin bajarse del árbol, nos llamó capullos y no le dio demasiada importancia.
Lolín y yo pasábamos horas y horas juntos cuando las horas eran largas como semanas, según esa percepción infantil del tiempo, y supongo que fue mi mejor amigo durante varios años; después, de alguna forma, no recuerdo tampoco cómo, desapareció de mi vida.

Una tarde, ya muchos años después, volviendo de la Universidad, me la encontré por la calle Santiago. Lolín tenía el pelo teñido medio de verde, desaliñado y de punta, y su aspecto era sucio y bastante lamentable. Llevaba cadenas y pendientes por todos los lados, unos pantalones manchados de lejía y una visible cojera. Quise alegrarme de verla, pero no sentí más que un conato de intranquilidad.
Nos saludamos y me contó que, un par de años atrás, había tenido un accidente por el cual había perdido la movilidad de una de sus piernas. También, cómo finalmente la tuvieron que colocar quirúrgicamente media rodilla de metal.
Lolín me acompañó hasta la parada relatándome todos y cada uno de los detalles de su operación, y una vez allí, sacó un pañuelo. Se sonó delante de mí, y sonriendo, me dijo:

-La alergia, ¿recuerdas?

Al encontrármela, yo sólo tenía un viaje en el bonobús y cuatrocientas pesetas, al regresar a casa en el autobús, únicamente me quedaba una especie de amarga melancolía.
Yo sabía perfectamente que mi dinero, a pesar de todo lo que ella decía, no la iba a ayudar en absoluto, y recuerdo también que, apoyado en la ventanilla, de camino a casa, me pregunté si la vida, realmente, trataba por igual a todos los niños y niñas.

Iván Sáinz-Pardo
"Al final del arco iris"
©-N333042/00





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