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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2010.

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Hace unos cuatro años, junté a mis amigos Dirk y a Jim-Box para, con la disculpa de vernos e intercambiar ratos de cine por lecciones de surf, grabar un cortometraje sin presupuesto ninguno. Así, tan solo con lo que teníamos en las manos. Una cámara de video, una furgoneta y una historia mínima que escribí en una servilleta sobre dos surferos alemanes que llegan a una playa desierta en el norte de España.

“La marea” fue seleccionada en numerosos festivales, se estrenó ganando el festival de Gijón “Dia de Asturias”, compitió por el Melié de oro europeo en su selección oficial en Sitges y acaparó más de una docena de premios.

Cada uno de nosotros hemos continuando trabajando, aprendiendo, viviendo nuestras vidas.  No ha sido fácil, pero hemos ajustado los calendarios, nos hemos vuelto a juntar y esta vez ha sido bajo una propuesta mucho más ambiciosa que la de hace 4 años.

Durante la frenética producción de “La mirada circular” hemos rozado el desastre en varias ocasiones, hemos alcanzado el límite, hemos bordeado la frontera de nuestras capacidades en este empeño de compartir retos cinematográficos imposibles y momentos de amistad en situaciones límite. Hemos querido subir de nivel profesional, pero mantener el alma y el reto de enfrentarnos los tres solos contra todo. Un guión exigente, muchas más localizaciones, hemos querido repetir con la playa de “La Ñora” en Gijón para continuar el ritual de “La Marea” (¿Habrá trilogía?) Con la utilización esta vez del color, más diálogos, y con tan solo 1650 € de presupuesto salido de nuestros bolsillos, esta ha sido la producción suicida con la que nos hemos lanzado de nuevo a demostrar que, para contar con dignidad una historia mediante el cine, lo más importante es la voluntad, el trabajo y la ilusión.

Los brutos pintan muy bien, pero aún es muy pronto para saber en que acabará todo esto. Desde aquí agradecer a Jimmi, a Dirk, de corazón el esfuerzo por acompañarme en esta bendita locura. Muchas gracias a Refo y a Miri, también a David, que vinieron a ayudarnos un poquito al final.  Muchísimas gracias a Carmen, a los Jorges, a Ines, a Felix, Win, Borja, Laury, Elisa,  y a todos los que nos han ayudado y han participado de cualquiera de las formas.

Y no me quiero olvidar de la pareja que, estando con el equipo cenando en una pizzería en Gijón, me llamó la atención sujetando desde fuera contra el escaparate del restaurante un papel en el que decían ser fans de este blog. Chicos, al estar en Gijón, pensé que a quien conocíais era a Jimmi, que no iba conmigo, así que os fuisteis antes de poder reaccionar. Me hubiera gustado invitaros a una birra y charlar un poquito. Muchas gracias por vuestra espontaneidad. Hacéis sentirme orgulloso de escribir aquí para vosotros y me demostráis que tengo que continuar en la lucha de mantener la calidad en los contenidos a la altura de vuestra calidad humana. Un abrazo.

Tampoco os perdáis el precioso artículo que Refo ha escrito en su blog sobre el rodaje de "La mirada circular" y en el que encontrareis algunas otras fotos. :  

http://refoworld.blogspot.com/2010/06/viviendo-de-cerca-la-pasion-de-un.html

 

 

 

 

 

12/06/2010 15:04. Ivan Enlazarme. PROYECTOS Hay 12 comentarios.

VATICINIO NAZI (Rescatado)

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"Los diarios de Nuremberg" recogieron una curiosa conversación entre Hermann Göring, destacado político y militar alemán, miembro y figura prominente del Partido Nazi, lugarteniente de Hitler y comandante supremo de la Luftwaffe, y el psicólogo G.M.Gilbert durante el proceso de los Juicios de Núremberg tras la II Guerra Mundial, en el que este fue juzgado por una infinidad de crímenes, entre ellos, "Crímenes contra la humanidad" y "conspiración de una guerra ofensiva".

Las palabras de Göring, escuchadas 61 años más tarde y con nuestra realidad social y política mundial actual, consiguen poner los pelos de punta. Juzguen ustedes mismos:

Göring:
-"Por supuesto, la gente no quiere guerra. ¿Por qué querría un pobre diablo en una granja arriesgar su vida en una guerra cuando lo mejor que puede conseguir es volver a su granja de una pieza? Naturalmente, la gente de a pie no quiere guerra; ni en Rusia ni en Inglaterra ni en América, ni por supuesto en Alemania. Eso se entiende. Pero, después de todo, son los líderes del país los que determinan la política y es siempre algo muy simple arrastrar al pueblo, tanto si es una democracia, o un régimen fascista, o un parlamento o una dictadura comunista."

Gilbert:
-"Hay una diferencia. En una democracia, la gente tiene algo que decir al respecto mediante sus representantes electos, y en los Estados Unidos sólo el Congreso puede declarar guerras."

Göring:
-"Oh, eso está todo muy bien, pero, con voz o no, el pueblo siempre puede ser arrastrados a los deseos de los líderes. Es fácil. Todo lo que tienes que decirles es que están siendo atacados, denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo y poner al país en peligro. Funciona igual para todos los países."

Fuentes: Meneame.net, Wikipedia.

28/06/2010 03:43. Ivan Enlazarme. POST RESCATADO Hay 2 comentarios.

UN VIAJE DE CAMPEONATO

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Llevo unos calzones blancos demasiado estrechos y una camiseta blanca demasiado ancha con el logo de Iberia.

Autobús desde Salamanca, dos horas y media de tren y una vez en Madrid, huelga en el Metro sin servicios mínimos. La estación de Chamartín es un caos. Tampoco hay autobuses a Barajas.

“Podrías arriesgarte a ir hasta el centro y esperar a alguno de los autobuses que llevan al aeropuerto” me dicen en información.

Llevo por suerte algo de tiempo antes de mi vuelo, pero primero me acerco a investigar a la parada de taxis.

“El centro sigue bastante mal, acabo de recoger a un tipo que llevaba hora y cuarto esperando y viendo pasar de largo a los autobuses abarrotados al aeropuerto”
Pues creo que, con los atascos, la opción de ir en taxi tampoco me la voy a poder permitir, añado.
“Pues mucho peor estaba esta mañana temprano” me contesta. “Ahora podrías llegar al aeropuerto relativamente rápido y ya tan solo por unos 30 euros”.
Ah, ¿sí?, pues espéreme un segundo entonces que ahora vuelvo.
Con ciento veinte segundos de retraso regreso acompañado de tres chicas canarias que quieren volar a Barcelona, están igual de tiradas que yo y les encanta la idea de repartirnos los gastos. Tras una repentina partida al Tetris para conseguir colocar todas las maletas dentro del taxi, arrancamos dirección a la terminal 4.

Llego un par de horas antes después de todo. Fantástico, puedo tomarme un café y continuar con el libro que venía leyendo. Mi avión sale a las 4:30 y a las 19:00 podré estar en el aeropuerto de Múnich. El partido de España contra Portugal es a las 20:30. He quedado con unos amigos españoles para ir a un Biergarten a verlo con toda una tropa de españoles más en una pantalla gigante.

“Sobrepeso” ¿Cómo dice? “Su maleta pesa 5 kg más de lo permitido.”

No hay problema, saco alguna cosa y lo llevo como equipaje de mano en mi bolsa. Sospechaba que las dos mancuernas pequeñas podrían disparar el peso de mi maleta, pero quiero llevarlas y dejarlas en Munich. Delante de la azafata saco una de las mancuernas y la meto en mi bolsa. Perfecto. Ella sonríe y yo marcho a pasar el control de seguridad. Lo he hecho miles de veces, pero nunca antes había visto una cola semejante.
Casi cuarenta minutos más tarde y con cara de puré de patata, me voy quitando el cinturón, los zapatos esta vez no será necesario, llevo pantalón corto y sandalias. Sobre una bandeja dejo el móvil, el portátil, el disco duro, el USB stick, las monedas, el reloj, cuidado con los chicles que a veces pitan, también hay que beberse el agüita toda de un trago y… “¿Puede abrir por favor la bolsa?”

Delante mío un guardia civil de dos metros, gordito y con cara de bonachón que me informa amablemente de que la pequeña mancuerna no puede pasar. Le pido explicaciones. “Es un objeto contundente”

¿Y el portátil no lo es? ¿Y un paraguas? Le pido que me enseñe las normas donde venga estipulado que una mancuerna de 5 kg es un objeto prohibido. Me trae un prospecto: Bates de beisbol, nunchacos, cuchillos… y por supuesto nada de mancuernas. Le digo que no tiene ningun derecho a no dejarme pasar. Incluso le ofrezco la posibilidad de que dejen la mancuernita en la parte delantera del avión para evitar el riesgo de que secuestre el avión con ella o me ponga a entrenar los bíceps en mitad del pasillo.

“Lo siento mucho son las reglas, pero puede poner una reclamación si quiere o puede volver a salir, reclamar su maleta de nuevo y volver a pasar el control."

Miro el reloj y comienzo a ponerme nervioso.

“Lo mejor es que le tiremos la mancuerna si no quiere perder su avión”

Vamos a ver, escúcheme un momento. ¿Me quiere tratar de convencer, así, como si yo fuese retardado mental, de que ustedes me pueden tirar a la basura esta mancuerna que no es suya porque supuestamente se trata de un objeto contundente y en cambio, una vez ya dentro de la zona de embarque, ustedes si nos pueden vender sin ningún problema, con una sonrisa y a un precio insultante una botella de cristal de dos litros de whisky? ¿Y si le abro contundentemente la cabeza al piloto con ella?

“¿Quiere poner una reclamación?”

Salgo del control y vuelvo a hablar con la azafata. La cosa pinta mal. Con cara de circunstancias me hace saber que recuperar mi maleta, sacar algo de ropa para compensar, meter la puta mancuerna dentro, volver a facturar, esperar la cola,  pasar el maldito control de nuevo y llegar a la puerta de embarque me puede llevar casi hora y media.

Salgo corriendo y, milagrosamente y sudando como un pollo en un horno, me presento 50 minutos más tarde de nuevo delante de su mostrador. Facturo la maleta, me cuelo para no esperar en el control, corro de nuevo a la puerta de embarque con el tiempo justo y…  por megafonía informan desde Iberia que mi vuelo tiene media hora de retraso.

Me entra la risa floja, pero claro, tratándose de Iberia, lo raro hubiera sido perder el avión porque este salga puntualmente.

Concentración. Ahora el tema es llegar a tiempo para ver el partido. Comienzo a echar cálculos mientras vuelven a comunicar por megafonía que el retraso será finalmente de una hora. Tanta prisa para… ¿Y el partido?

Ya en el avión se disculpan por el retraso y, aunque el viaje se alargará a tres horas y media con el retraso, no nos ofrecen ni agua. ¿Quiere comprar colonia? ¿Algo de nuestro menú a precio de atraco a mano armada?

Yo saco el libro, leo, dormito, leo, dormito y miro el reloj. Si mi maleta sale de las primeras, aún puedo estar a las ocho y diez fuera. Julia me vendrá a buscar en coche y si le damos al gas y encontramos un sitio donde aparcar, podemos estar en el Biergarten habiéndonos perdido solo diez o quince minutos del partido de octavos.

Veo llegar por la cinta una maleta gris, es la mía, es la mía, es la mía… No, no lo es. Mientras, ya suena el himno español en las teles de plasma de la sala de recogidas. Miro el reloj, comienza el partido y veo como la cinta se para. Solo quedo yo. No me lo puedo creer. Voy a ventanilla, relleno un formulario, me dan un neceser con un kit práctico.

“Discúlpenos, pero hemos extraviado su maleta”

Para cuando por fin entramos por la puerta del Biergarten ya comenzaba la segunda parte.

Hoy llevo unos calzones blancos demasiado estrechos y una camiseta blanca demasiado ancha con el logo de Iberia. Todas mis cosas están en mi maleta que aún no ha llegado. No me importa, aún retumba en mi cabeza la alegría del gol de Villa ayer, los gritos entusiastas, los abrazos eufóricos de cientos de personas venerando el rojo y amarillo en la fugaz y absurda ilusión de que, a pesar de todas las cosas, nuestro bendito mundo marcha bien.

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